Los ministros de Seguridad condenan la "droga libre"

Los ministros de Seguridad condenan la "droga libre"
Los jefes de la Policía porteña y de la Bonaerense se juntan por primera vez y se diferencian de la política de liberalización de sustancias del Gobierno nacional.
"Ahí llegó el gordo", susurra Stornelli mientras termina de servir la gaseosa de pomelo y preparar los papeles que quiere difundir en la entrevista. Guillermo Montenegro, su amigo desde hace más de 30 años, entra por el garage de la casa con su habitual andar cansino después de pasar toda la tarde en los médanos de Pinamar improvisando piruetas en cuatriciclo con sus hijos.

Durante el año, hablan todos los días, se confían estrategias y hasta se chicanean mutuamente por los compartidos rumores de renuncia. En ojotas, recibieron a PERFIL en la casa de Zona Norte que alquiló Stornelli para pasar unos días con su familia y "recuperar el organismo" del estrés: duerme mucho, camina varias horas por día, atiende a sus hijos y cuando puede, se agasaja con un pulpo a la gallega, su plato preferido.

Mientras el sol cae en el horizonte, los ministros de Seguridad porteño y bonaerense se reúnen para dar la primera nota juntos desde que tienen un cargo ejecutivo.

—¿Cuánto creció realmente la inseguridad y cuánto hay de "sensación térmica"?

STORNELLI: La paciencia de la gente está al límite y las posibilidades lógicas de una gestión siempre están por detrás de sus expectativas, siempre quieren niveles mejores de seguridad. Sabemos que lo que sucede es mucho y que debería ser mejor, pero es muy difícil comunicar seguridad cuando siempre tenés noticias negativas; hay una decisión de los medios de tener en la tapa de todos los días la inseguridad. También una política irresponsable que ha decidido pararse en hechos violentos para construir política desde ahí, eso es despreciable porque muchas veces se juega con el temor de la gente y se lo aumenta. Lo mejor es hablar con la verdad.

—¿Por qué crecieron los homicidios desde 2006?

S: Este es el año de menos homicidios dolosos desde 2006, pero si se tiene en cuenta los totales, los pasionales, los accidentes de tránsito, pueden haber crecido.

—¿La gente les cree?

S: La gente está cansada de que se le mienta y de no ver que las cosas mejoran.

—En la Ciudad, también subió el delito.

MONTENEGRO: Lo que creció fue la violencia de los delitos, eso tiene que ver mucho con la incidencia del paco y de las drogas al alcance de chicos jóvenes de 12 o 15 años. Los números y las edades son preocupantes.

—¿Cuánto cuesta el paco?

M: Tenemos datos de que estaba a un peso y ahora a cinco, el que tiene la necesidad, consigue plata de cualquier manera.

S: En algunos lugares, se lo dan gratis a los chicos para que salgan a robar...

—¿Esos chicos tienen salvación?

M: No. Pero no hay que abandonarlos. Si siguen aumentando los bolsones de pobreza, no tenés mucho éxito en las políticas de seguridad.

—¿Cuánto creció el consumo?

M: No tengo las cifras, pero lo ves todos los días. Cuando yo era juez, hace cuatro años, el paco recién empezaba y vos tenías cuatro casos en un turno, ahora tenés cantidades infernales, es como vaciar el mar con un vaso.

—¿Cómo se convive con el crecimiento del consumo de marihuana?

S: El otro día, incineramos cuatro toneladas, que no son de particulares sino del combate al narcotráfico, que es lo importante. El consumo nunca estuvo penado, lo que se pena es la tenencia.

—¿Están de acuerdo con la legalización del consumo?

M: Como está planteado no estoy de acuerdo, porque lo que no puede pasar es que haya una ausencia estatal.

S: Te digo dos argumentos. Por qué una sustancia prohibida en grandes cantidades pasa a legalizarse sólo por su fraccionamiento. Y además, si invertís el razonamiento, al legalizar el fraccionamiento favorecés al narcotraficante. No se debe legalizar la tenencia de pequeñas cantidades.

—¿Fumaron marihuana?

M y C: No...

—¿Entonces no están de acuerdo con la legalización?

M: No, mientras sea una sustancia ilegal, no.

S: Ahora, si el Congreso decide legalizar la sustancia, es diferente.

—¿Qué hacen si se enteran de que sus hijos fuman marihuana?

M: Nuestros hijos saben nuestra posición, la llevé a mi hija al juzgado para mostrarle lo que era y cuáles son las consecuencias, pero si me entero me parecería preocupante porque significaría que ella no me entendió el mensaje.

—¿Hoy está socialmente aceptado el consumo de marihuana?

S: A mí no me toca razonar sobre la conveniencia de legalizar o no, yo tengo que combatirla desde el Estado. La legalización de la marihuana es el mascarón para la legalización de todas las drogas, es la prueba de ensayo, no hay ninguna duda. Esto empezó con el ablandamiento de los controles hace unos años por el crecimiento exponencial del consumo. Está bien que la marihuana sea una sustancia prohibida y quiero que lo siga siendo por mucho tiempo.

M: De todos modos, si vos tenés tu aparato dedicado a secuestrar porros en la calle quiere decir que tu política de seguridad es un desastre. Lo que hay que hacer es desarticular bandas que se dedican al narcotráfico…

—¿Qué balance hace Stornelli de la Policía bonaerense?

S: Es difícil porque no puedo juzgar a todos por algunos, creo que hacen un esfuerzo enorme. Hay cuestiones negativas que hay que resolver y corregir. Sin temor a equivocarme, dentro de la Policía bonaerense están los policías más valientes de la Argentina.

—Usted designó a cargo de la fuerza a un jefe policial en vez de a uno civil como había hecho Arslanian, ¿se arrepiente?

S: Eso es un error, la conducción civil de la Policía se mantiene, soy yo. Paggi es un superintendente coordinador, operativo, sometido a la coordinación civil tal como la dejó la gestión anterior. Legalmente, el jefe de la Policía soy yo.

M: Las políticas de seguridad no las puede manejar un policía.

—¿Ratifica las denuncias de que existe una red de menores trabajando para la Policía?

S: Yo no dije eso, yo promoví una denuncia hace unos meses cuando un juez de La Plata, el doctor Arias, dijo que había policías que contrataban menores para cometer delitos. Si vamos a la denuncia que hice días pasados, tiene que ver con que yo pedí una investigación para saber si detrás de cuatro hechos delictivos había una instigación detrás.

—¿Por qué está tan desprestigiada la Policía bonaerense?

S: Hay varios motivos, pero principalmente porque reconoció niveles de corrupción mucho más altos de los tolerables. Pero eso sirvió para que la Policía se use como patio trasero de los males de la provincia. De todos modos, la de hoy no es la de aquellos años.

—¿Qué porcentaje queda de la "maldita Policía"?

S: La cantidad de sancionados totales no supera el 1,5% de la fuerza, es injusto proyectar al resto que trabaja valientemente por muy poca plata.

—¿Por qué la Metropolitana comenzó en Saavedra y Urquiza?

M: Queríamos arrancar en barrios periféricos, ir de adentro hacia afuera. Penamos en un lugar con terreno para hacer un destacamento policial importante, hay organizaciones vecinales que son fuertes, la zona tiene un nivel de conflictividad medio, está cerca de la provincia, lo que nos ayuda a planificar tareas en conjunto...

—¿Por qué se atrasó tanto su llegada?

M: ¿Vos los calculás con los 188 años que no tuvimos Policía?

—¿Van a trabajar en conjunto las fuerzas?

M: Ya lo hacen, para ellos es más fácil que para nosotros. El cabo López de la Metropolitana y el cabo Alvarez de la Provincia son lo mismo, la sensación por la cual entraron a la fuerza es la misma. Cuando haya problemas, se van a ayudar entre ellos.

—¿Por qué es tan difícil combatir los desarmaderos?

S: Es un delito que ha mutado de los grandes desarmaderos en el pasado, a pequeños talleres de dos, diez o quince coches. La actividad del corte de autos está más atomizada. Por eso, lo que hay que analizar es la actividad de las plantas verificadoras y de los controles en las fronteras, que son aspectos que hacen al lavado del robo de un auto. Además, el problema es que es un delito excarcelable y el que lo hace está siempre en libertad y es lo que sabe hacer, entonces reincide.

—¿Sigue habiendo un plan desestabilizador?

S: Eso lo mencioné en una denuncia y creo que es fácil para las bandas que gerencian el delito poner en crisis o desestabilizar a una gestión con tres o cuatro hechos delictivos.

—¿Tuvo miedo realmente por los cambios que están impulsando?

S: Sí... a veces. Son momentos en los cuales somos conscientes de que nos metemos con nervios sensibles del delito. Hoy en día, sigo teniendo temor porque lo mensajes mafiosos ya no llegan en forma de sobre, te hacen ver de alguna forma cuál es su verdadero poder de daño.

M: Vivís cagado. Como ministro me han pasado cosas...

—Ustedes fueron el fiscal y el juez de la causa Skanska, ¿Por qué no avanza?

M: Creo que se va a llegar a algo, los hechos graves se tienen que esclarecer, aunque el resultado no le guste a la gente, tiene que quedar claro si hubo responsabilidades penales de funcionarios públicos.

—Pero antes avanzaba rápido...

M: Tenía un buen fiscal.

S: Tenía un buen juez.

—¿Volvería a elegir a Palacios?

M: Creo que en ese momento era un policía que estaba preparado para ocupar ese cargo, pero no se midió el nivel de conflictividad que generaba su figura como jefe de Policía.

—¿Existe un municipio seguro?

S: Hay lugares más seguros que otros, donde se ha mejorado más y donde trabajamos mejor, pero la inseguridad cero no existe ni va a existir. El delito acompaña a las sociedades modernas.

—¿Cuál es el barrio más peligroso de la Ciudad y el más seguro?

M: La zona sur, donde está la villa 1.11.14, es un sector conflictivo. Palermo, donde vive el ministro Stornelli, uno de los más seguros. Yo se lo cuido y él me cuida La Horqueta.

—¿Montenegro, pensó que un cargo Ejecutivo era así?

M: No, no pensé que era así... Lo que más me sorprendió fue la política berreta, una política caníbal, que no importa si lo que hacés está bien, sino que como lo hace el de otro partido, está mal.

Stornelli sale al cruce de Arslanian.

"En la gestión anterior se mentía mucho con las estadísticas"

—¿Cuál es la verdad sobre el aumento del delito?

S: Los delitos más preocupantes disminuyeron: el homicidio en ocasión de robo, los delitos prevenibles tuvieron una buena evolución en casi todos los distritos. Esto hay que decirlo con mucho cuidado porque la víctima siempre piensa que el delito aumentó.

—¿Cuánto descendió?

S: En 2006, el homicidio en ocasión de robo sumó 168 casos, la misma cantidad en 2007, en 2008 hubo cinco homicidios menos y en 2009 hubo 157.

—Pero entonces no bajó mucho en los últimos tres años…

S: Pero ese poquito es un poco más del 10%, es un laburo fenomenal. Y los homicidios dolosos también están más bajos; es decir, se mata menos gente en situación de robo. Para nosotros, los datos estadísticos son una herramienta para saber si vamos en el camino correcto. Hay un tema que es difícil decirlo... pero en la gestión anterior, se mentía mucho con las estadísticas; por eso el paso de una gestión a la otra tiene una suba en los delitos, cuando yo llego. Antes te perseguían por inscribir los delitos, pero ahora te perseguimos por no hacerlo.

—¿Históricamente se escondieron los verdaderos datos del delito?

S: Creo que se utilizaba la estadística como fin y no como medio. Mentir no sirve de nada cuando vos usás la estadística como una herramienta de trabajo; cuando quieras podés venir al ministerio y auditar los datos. Al comisario que le subía la estadística lo echaban, eso pasaba inmediatamente antes de que lleguemos a nuestra gestión. Con asuntos internos, comprobamos que un buen porcentaje del delito se sustraía del dato estadístico; por eso cuando llegamos, tuvimos un pico en el crecimiento del delito; pero nosotros tenemos la idea de sincerar el trabajo estadístico.

M: Además, el delito sube por la crisis; la seguridad no sólo tiene que ver con la cantidad de delitos o con tener una mejor Policía…

S: El aumento de la exclusión, después de 2002, tuvo una incidencia sobre los delitos en todas sus formas.

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