El ministro K que impuso el estilo japonés en Tigre

Sergio Massa tiene la memoria de quien vivió cada paso con intensidad: se acuerda las reuniones fundacionales en aquel 2004 en el que Tigre era los retazos de un club a la deriva; los nombres de los primeros refuerzos; las decisiones inaugurales; los sponsors que se jugaron en los días bravos. Sergio Massa es, además del Jefe de Gabinete de Ministros, vocal de la Comisión Directiva y la cara visible de una resurrección: la de un Tigre que pasó de lidiar con el promedio en la Primera B a coquetear con la posibilidad de su primera consagración en 100 años.

"En Tigre somos todos japoneses. Llegamos a esta instancia con mucho esfuerzo, de a poco, priorizando el orden, cumpliendo con los jugadores, con cada cuerpo técnico, siendo respetuosos de la gente", le dice Massa a Clarín desde su despacho. Y lo dice con la pasión y la intensidad que le genera este presente de una criatura a la que le dio vida y está viendo crecer. Cuenta: "Lo primero que hicimos fue ordenar todo el desorden que había en el club. Parecía que todos manejaban todo y nadie manejaba nada. Había más de 30 juicios, deudas municipales, con obras sociales. No había agua. Tuvimos que manejar de entrada el presupuesto que se podía: eran 29.000 pesos. Me acuerdo que la primera figura que trajimos fue Gonzalo González, de Brown de Adrogué. Y poco después llegaron Arriola y el arquero Campestrini".

En 2004, Tigre debía cumplir un objetivo que hoy parece mentira: evitar el descenso a la C. "Se armó un plantel a conciencia para eso. Y con ese plantel, pagando lo que se podía pagar, a la campaña siguiente conseguimos el ascenso a la B Nacional, con Caruso". Ya desde ese tiempo, la conducción de Tigre impuso una máxima: "Cumplir antes que prometer".

"La llegada de Cagna creo que fue otro hito en este recorrido. Con él, más la recuperación de la inferiores y algunas opciones de compra que pudimos afrontar llegamos a Primera. Recuerdo una cena que tuvimos con él, en el peor momento del ciclo, al principio. Al finalizar, brindamos. Sabíamos que algo buena estaba por suceder".

Massa tiene otros motivos de orgullo: "En 2007, por primera vez, pudimos llegar a tener un balance superavitario. Y en paralelo fuimos achicando deuda, estabilizando al club. Y ahora se está generando un movimiento muy importante en la zona alrededor de Tigre". Se acuerda de alguna discusión con un árbitro en la cancha de Cambaceres, en Ensenada. Aquella escena es también el perfecto contraste de un deseo sin disimulo: "Ojalá el lunes podamos estar hablando del campeón..."

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