El ministro habló con el corazón sobre el "nuevo Indec", ¿le responderán con el bolsillo?

Por Martín Kanenguiser

Parafraseando una conocida frase de la historia económica argentina mencionada hace 20 años, el ministro Amado Boudou habló ayer con el "corazón" sobre las reformas que planea para recuperar la credibilidad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

De otra manera no se explica que haya defendido con tanto énfasis que al frente del "nuevo Indec" esté Norberto Itzcovich, un director técnico sospechado de vínculos demasiado estrechos con el manipulador de las cifras oficiales, Guillermo Moreno. Entre sus "asesores" habrá una comisión con empresarios que ya se sienten agobiados por tener que repartir su tiempo entre los variados ámbitos de discusión lanzados en simultáneo con el gobierno sin un objetivo claro y otra con miembros de universidades cuya involucramiento real está por verse. De hecho, LA NACION reveló ayer que la UBA pedía transparencia e independencia para dar su opinión y el Gobierno trinó por considerarlo un pedido descabellado.

En estas circunstancias, Moreno quedará desde hoy un poco más agazapado y Boudou más expuesto en relación con el futuro del desgastado Indec, pero cualquiera de los economistas heterodoxos que el ministro convocará en los próximos días le dirá seguramente que si no se revisa la falsificación registrada desde 2007, no hay posibilidades serias de reconstruir índices confiables. El ministro no lo hará, porque sabe que una señal en ese sentido dispararía cientos de miles de juicios por parte de los inversores con bonos ajustables por CER.

Pero el ministro también entendió que si saca de circulación de una forma más o menos amistosa esos bonos que pagan un rendimiento menor que el real, los pragmáticos mercados dejarán de criticar al Gobierno al menos por esta cuestión, sin importar si sigue subestimando el desempleo, la producción y la pobreza.

En los últimos días, Boudou reiteró varias veces, sobre todo entre los medios afines al Gobierno, esta idea de canjear los bonos con CER que los bancos de inversión venían predicando desde el inicio de esta polémica en 2007, pero sus palabras aún no alcanzaron para conmover a los escépticos inversores como para que hicieran subir los precios de estos títulos con CER en forma explosiva.

Es que tal vez el último signo de credibilidad en el Ministerio de Economía se haya consumido con la partida de Miguel Peirano a fines del 2007; ayer Peirano decidió irse del Gobierno, donde permanecía como presidente del BICE, porque entiende, aunque no lo haya dicho en voz alta, que no se encararon las reformas para que los problemas actuales no se transformen en una futura crisis.

Habrá que ver entonces en las próximas jornadas si, pese a los denodados esfuerzos oficiales por demostrar una imagen de apertura y de apego a la agenda de reformas que se le reclamaban, el mercado le responde o no al ministro con el bolsillo.

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