De minimizar a sobreactuar

Por: Ricardo Roa

Después de mucho tiempo, la Argentina y Uruguay dejaron de lado las crispaciones por Botnia. Es lo mejor que nos puede ocurrir. Ya hubo demasiada hostilidad y demasiados choques en estos largos cinco años de conflicto. Pero todo el mundo sabe que no es "una cuestión puntual muy chiquita", como dijo Cristina Kirchner, ni el "pequeño punto de discordancia" que pretendió Tabaré Vázquez

El puente de Gualeguaychú lleva más de tres años bloqueado. Los dos países pleitean nada menos que en el Tribunal de La Haya. El enfrentamiento llegó al Banco Mundial y al Mercosur. Hubo una mediación fallida del rey de España. Tabaré taponó la presidencia de Kirchner en la Unasur. Y Cristina lo desairó públicamente al asumir la presidencia. Y la cuenta sigue. Si hay algo claro es que no se trata de una cuestión muy chiquita ni de una pequeña discordancia.

Aunque en origen la controversia comenzó por los asambleístas, hace tiempo que es un conflicto entre dos países. Y no es igual la responsabilidad de un gobierno que la del otro. La Argentina puede alegar que Uruguay no la consultó sobre la instalación de la pastera. Pero el paso fronterizo está cortado en Entre Ríos. Y el kirchnerismo llegó a llamar a esto una "causa nacional" sin que haya una sola prueba de que Botnia contamine. En el mismo día que la Presidenta minimizó la disputa con Uruguay, magnificó los problemas con Brasil. No dijo nada que no se sepa: la solución a las asimetrías entre las dos naciones no pasa por lo comercial sino por la complementación y la integración en las economías. Nada que no se sepa en estos también 6 largos años de kirchnerismo. Pero esta sobreactuación terminó del peor modo: con el desaire de Lula, justo en el acto en que ella asumió la presidencia del Mercosur.

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