Millones de personas fueron intoxicadas con arsénico

Entre 10 y 20 millones están afectados en Bangladesh por haber consumido agua de pozos construidos entre el Gobierno y ONGs mundiales.
El arsénico es una sustancia química que se encuentra naturalmente en el subsuelo en diversas regiones del mundo. En Asia se ha localizado en algunas regiones, y Bangladesh es hasta ahora el país más afectado en todo el mundo: este tóxico ocuparía hasta el 60% de su territorio, según estudios del Hospital Comunitario de Dhaca y la Universidad de Jadavpur, en Calcuta.

Según el Banco Mundial, antes de la década del ‘70, 250 mil niños morían por diarrea cada año por consumir agua superficial, de ríos y estanques. Para evitar ese problema, el Gobierno de Bangladesh y Unicef pusieron en marcha un programa para que se acostumbraran a consumir agua de los pozos que comenzaron a perforar en todo el país. El 95% de la población de Bangladesh empezó a utilizar el nuevo sistema sin saber que les iban a dar a beber arsénico: al agua de estos pozos no le revisaron los niveles cancerígenos.

El envenenamiento masivo se descubrió a principios de los noventa, cuando la población ya había bebido agua contaminada durante al menos 20 años. La de Bangladesh es una catástrofe tan devastadora que "hace parecer a Chernobil como un pic-nic de escuela de domingo", asegura Richard Wilson, especialista de Harvard que también estudió los efectos radioactivos en la ciudad de Ucrania. Las cifras de personas expuestas a la contaminación son disímiles: los recuentos más conservadores -hechos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacion (FAO) y Banco Mundial - estiman al menos unos 10 millones de ciudadanos. Los menos optimistas hablan del doble.

La tragedia es traicionera: la gran mayoría enferma sin darse cuenta. El agua no tiene ningún olor o sabor extraño. Pero con el tiempo empiezan a aparecer manchas en la piel, sensación de ardor, cansancio crónico, pérdida de la sensibilidad en las extremidades, gangrena o daños en los órganos internos que pueden evolucionar en cáncer, principalmente de la piel, vejiga y pulmón. Algunos también mueren fulminados por infartos de miocardio.

¿Estaba Unicef implicado en la construcción de estos pozos? "Implicadísimo", responde el representante de esa organización en Bangladesh, Carel de Rooy. "Por eso salvamos a millones de niños de morir por diarrea", se justifica. "En aquel tiempo no se acostumbraba a hacer pruebas de arsénico", asegura con autoridad este hidrogeólogo, que incluso trabajó en la instalación de ese tipo de pozos en Nigeria. En tanto, para los denunciantes, Unicef y otras organizaciones internacionales son responsables, porque cayeron en un error por omisión. "En esa época ya se conocían casos de contaminación por arsénico en Antofagasta (Chile) o en Tseng (Taiwán)", dice el doctor Mahmuder Rahman, del Hospital Comunitario de Dhaca.

Rahman asegura que al mundo no le importa este problema porque Bangladesh es un país pobre. Y porque son los más pobres quienes más lo sufren. "Los que están mal nutridos tienen más riesgo de sufrir el envenenamiento", asegura. "El único tratamiento es dejar de beber el agua contaminada, comer bien y tomar vitaminas". Pero para muchos no consumir ese agua es difícil, porque todavía no saben que es tóxica; o porque en más de 8.000 aldeas el 80% de los pozos están contaminados. Una cifra aterradora que podría crecer.

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