Un millón de chicos haitianos están a la deriva

Muchos perdieron a sus padres, casas y escuelas; vagan en las calles
CROIX-DES-BOUQUETS, Haití.? Poco después de que Daphne Joseph, de 14 años, escapó de su casa derrumbada el día del terremoto, abordó un atestado minibus con su tío y avanzó a paso de hombre en medio del tránsito que se dirigía a la capital, donde su madre soltera solía vender productos de belleza en el mercado de Tête Boeuf. "Mamá", dijo que repetía para sus adentros. "Mamá, ya voy."

Como Daphne, los niños de Haití ?el 45% de la población? son los más desorientados y vulnerables sobrevivientes del terremoto. Decenas de miles perdieron a sus padres, sus hogares y sus escuelas. Según la ONU, alrededor de un millón de chicos y adolescentes perdieron, por lo menos, a uno de sus padres en el terremoto que devastó a Haití el 12 del actual. "Son extremadamente vulnerables", dijo Kate Conradt, vocero de la ONG Save the Children. Miles de niños sufrieron heridas en la cabeza y fueron sometidos a amputaciones de miembros, se vieron obligados a dormir en las calle y a hurgar en la basura para buscar comida.

Al abandonar el lentísimo vehículo, Daphne, pequeña y delicada, quedó separada de su tío y se subió a una motocicleta de alquiler. Llegó sola a un mercado en ruinas y corrió, con sus polvorientas sandalias violeta, hacia una pila de escombros en los que se entremezclaba "gente rota", según dijo. Al acercarse, vio a su madre, que yacía sin vida. Se paralizó, dijo, y finalmente vio que el cuerpo era cargado en una carretilla. Su madre desaparecía en medio del caos. "Quería matarme", dijo Daphne en un susurro.

Dos semanas después del sismo, con el fétido olor de la muerte todavía flotando en el aire, se puede ver niños como Daphne en cada esquina arrasada, intentando sobrevivir. Patean pelotas de fútbol, remontan barriletes caseros, entonan canciones pop y desentierran libros de texto de las ruinas de sus escuelas. Pero ahora que los grupos haitianos e internacionales han empezado a atender a los más necesitados entre ellos, resulta evidente que muchos niños están traumatizados y en situación de riesgo.

"Hay problemas de salud, de desnutrición, problemas psicosociales y, por supuesto, también nos preocupa que los niños sin ningún familiar sean explotados por personas inescrupulosas que quieran venderlos para adopción, para propósitos sexuales o servidumbre doméstica", dijo Kent Page, vocero de Unicef.

Muchos niños, como Daphne, fueron testigos directos del horror o sobrevivieron a la devastación que mató a sus familiares, sus compañeros de escuela y sus maestros. Pero incluso aquellos que no presenciaron nada de eso padecen vértigo. Cuando la tierra se sacudió bajo sus pies, el paisaje de su universo cambió para siempre, y no sólo en su casa: el 90 por ciento de las escuelas de la capital están averiadas o destruidas, según Unicef.

"Si no reciben ayuda, los niños de Haití perderán su niñez, su inocencia", dijo Elisabeth Delatour Préval, la primera dama haitiana, que prometió que las escuelas estarán en funcionamiento lo antes posible, un reto de enormes proporciones.

Las organizaciones de protección de la infancia han concentrado sus esfuerzos iniciales en los niños huérfanos y en aquellos que han quedado separados de sus familias.

Anteayer comenzaron a compilar un registro -enviando personal a las calles para recoger información destinada a una base de datos- en el que se asignará a cada niño un archivo numerado para poder seguir cada caso, dijo Víctor Nyland, un asesor de protección infantil y emergencias de Unicef. Un registro similar se usó en la provincia indonesia de Aceh después del tsunami de 2004 para ayudar a reunir a las familias separadas por la catástrofe.

Algunos niños, que carecen de personas dispuestas a cuidarlos, serán trasladados a uno de los tres orfanatos de Puerto Príncipe en los que Unicef está instalando centros provisorios de asistencia -el proceso se inició el lunes con 60 niños- o a lugares seguros establecidos por otras organizaciones.

En Croix des Bouquets, Daphne fue una de los 25 niños que quedaron huérfanos y al cuidado de una organización local llamada Frades. "Sé que no podemos reemplazar a sus padres [...] pero haremos todo lo posible para ayudar a estos chicos a tener un futuro", dijo Pierre Joseph, un psicólogo del grupo.

A principios de esta semana, los niños, de entre 4 y 14 años, durmieron apiñados para darse calor, bajo sábanas colgadas de las ramas, en una especie de campamento montado sobre el terreno pavimentado de una escuela semidestruida.

Aturdida

Daphne sonreía ocasionalmente mientras observaba a los niños más pequeños, pero en general parecía aturdida. Cuando contó su historia, lo hizo en un tono tan suave que apenas era audible. Explicó que después de ver cómo se llevaban el cadáver de su madre en la carretilla, había vagado por Puerto Príncipe completamente aturdida. Un pariente lejano la encontró y la puso en un taxi de regreso a Croix des Bouquets, donde, según dijo, no tiene nada.

Poco después del mediodía, los voluntarios, que habían estado reuniendo su propio dinero para alimentar a los niños, les dieron la primera comida del día: café con azúcar y pan. Más tarde, los alimentaron con arroz y porotos. Observando a una docena de adultos que se esforzaban por armar la carpa, Daphne agregó que le habían dicho que no pensara en su madre. Pero aún podía sentir su presencia. "Como un viento en mi espalda", dijo.

PADRES QUE ESPERAN EN LA ARGENTINA

* En la Argentina hay por lo menos 14 familias que habían iniciado el proceso de adopción de niños haitianos mucho antes del trágico terremoto del 12 de enero. Algunas parejas ya conocen a los niños, y por ello les solicitan a las autoridades haitianas que aceleren los trámites para poder sacar a los huérfanos del devastado país.

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