El milagro que tiene dos nombres

Javier fue concebido para garantizar el tratamiento de su hermano gravemente enfermo. Su cordón umbilical fue trasplantado a Andrés, de siete años. El tratamiento fue exitoso. Y los médicos anunciaron que está “curado de por vida”.
Ya está “curado de por vida” el chico español que –padeciendo una grave anemia congénita– había recibido un trasplante del cordón umbilical de su hermanito, quien, a su vez, había sido concebido por fertilización asistida para garantizar el tratamiento. Así lo anunciaron los médicos del hospital de Sevilla donde el paciente, de siete años, ya fue dado de alta. El embrión del hermanito había sido seleccionado de modo que, primero, no sufriera él mismo la enfermedad y, segundo, fuese ciento por ciento compatible con el mayor. El grado de compatibilidad obtenido por este procedimiento es superior al que puede lograrse con donantes no relacionados. En la Argentina, hace un par de meses, un fallo judicial ordenó a una obra social hacerse cargo de un procedimiento similar.

El hermano mayor, llamado Andrés, que acaba de cumplir siete años, padecía beta talasemia mayor, grave anemia que sólo puede sobrevivir mediante transfusiones sanguíneas reiteradas pero, además, los glóbulos rojos defectuosos, al romperse, liberan hierro cuyo exceso termina dañando órganos vitales como el hígado y el corazón.

En octubre del año pasado había nacido Javier, concebido por fertilización asistida. El embrión implantado en el útero de su madre había sido resultado de una doble selección: por de pronto, se había verificado que no tuviera a su vez la enfermedad hereditaria que afectaba a Andrés; y se lo había elegido de modo que sus tejidos fuesen ciento por ciento compatibles con los del hermano mayor. En el parto de Javier, se preservó la sangre placentaria contenida en el cordón umbilical.

La utilidad de este trasplante proviene de que “las células progenitoras de los glóbulos rojos, durante la etapa intrauterina, se forman en distintos órganos, y están muy presentes en la sangre del recién nacido, que es la misma del cordón umbilical”, explicó a este diario Gustavo Kusminsky, jefe de Hematología del Hospital Universitario Austral.

En enero pasado, Andrés fue sometido a quimioterapia, durante una semana para destruir, en la médula ósea, sus propias células enfermas. El 23 de enero, mediante una simple inyección endovenosa, le fueron trasplantadas las células del cordón umbilical de Javier. Durante tres semanas, el paciente permaneció internado, en un ambiente protegido de contagios –la quimioterapia debilita el sistema inmunitario–, y el 18 de febrero fue dado de alta.

Existe “la certeza razonable” de que “está curado de por vida”, anunció el Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla, donde se efectuó el procedimiento. De todos modos, todavía durante un año, Andrés deberá llevar mascarilla en presencia de otras personas; a diferencia de otros trasplantados, no deberá recibir medicación de por vida pero sí durante el próximo año.

Los padres de los chicos son Soledad Puerta –de 31 años– y Andrés Mariscal –de 38 años, camionero–. “Yo quería tener otro hijo y, si encima podía ayudar a su hermano... No lo dudé ni un momento”, afirmó ayer Soledad.

El trasplante de sangre de cordón umbilical, con donantes no relacionados, se efectúa desde hace unos 15 años para este tipo de enfermedad. Además, existe un sistema mundial de bancos de donantes de médula ósea, que en la Argentina es administrado desde el Incucai: “La identidad se establece dentro del ‘complejo mayor de compatibilidad’, pero hay otros aspectos llamados menores que, tratándose de un hermano, es mucho más probable que sean idénticos”, señaló Kusminsky.

En enero pasado se conoció un fallo por el que la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata ordenó a las obras sociales de los padres de un chico –que padece otra enfermedad congénita de la sangre– financiar un procedimiento similar al que tuvo éxito en España. Por lo demás, en cuanto a la sangre del cordón umbilical, en el Hospital Garrahan existe un banco que recibe donaciones destinadas a terceros. Respecto de los bancos privados que guardan sangre del cordón para supuesto uso personal, Kusminsky advirtió que “no tienen ningún aval de la comunidad científica”

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