SAN MIGUEL: El Día del Niño, todos los días.

Por la mañana del jueves 13 de agosto, el señor Intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, junto al Secretario de Obras y Servicios Públicos, Carlos Ortelli, se acercaron al Jardín Municipal Nº1, ubicado en la calle Defensa 1713, del Barrio Sarmiento. El fin fue compartir un momento con los niños del jardín y obsequiarles juguetes.
El aula elegida para dicho acontecimiento estaba llena de chicos en sus pequeñas sillas y mesitas. A sus alrededores, los padres de los mismos acompañaban el encuentro. Aproximadamente a las 8 horas fue el momento que el Intendente llegó al jardín. Los chicos lo recibieron y reconocieron de inmediato. La directora Marcela Pérez tomó la palabra. Contó que hace un tiempo le habían pedido a la municipalidad la donación de una computadora y una impresora, ya que no contaban ni siquiera con una, pedido por el cual el jardín fue satisfecho. "Hace 22 años que estoy acá y nunca habíamos tenido una computadora, así que estamos felices", decía la directora a todos los presentes. También contaba que la semana pasada fue a la municipalidad con una nota en la que pedía "juguetes para festejar el Día del Niño dignamente", pedido que sería respondido con creces este jueves 13 de agosto con la mismísima presencia del Intendente.

Luego de la presentación, Joaquín de la Torre y las maestras repartieron facturas y leche chocolatada para el desayuno, para luego compartir el mismo. A continuación, se repartieron los juguetes y el Intendente dirigió la palabra a los niños y adultos. "Nada de lo que les damos hoy es un regalo del Intendente, sino que es lo que los chicos se merecen, no hay nada que agradecer", afirmaba de la Torre, "para mí es parte de los deberes que tenemos", agregaba. Agradeció a las docentes por el trabajo diario que realizan en beneficio del crecimiento de los niños y se despidió.

En ese momento, miembros de la Dirección de Deportes trajeron al establecimiento un inflable para que los chicos jueguen. Efectivamente, así fue. Saltando y riendo dentro del inflable, los niños jugaron por horas.

Más allá de las grandes obras y de los eventos estruendosos, los pequeños gestos son los que realmente valen. La sonrisa de un niño, sea o no el día que los conmemora, es el mejor premio que cualquier ser humano puede recibir.

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