San Miguel Larcade: Más de lo mismo

Es un tema cíclico, denso, oscuro, que se repite a lo largo de los años, con distintos actores pero siempre la misma víctima: los vecinos de San Miguel que no tienen recursos para costearse los servicios de la salud privada.
Que la lucha por mejores salarios, que la lucha por la incorporación de trabajadores y/o profesionales al plantel de "planta", por mejoras edilicias; promesas de los gobiernos de turno para mejorarlo o reformarlo que terminaron en simples toques de maquillaje habida cuenta la demanda que el nosocomio debe enfrentar diariamente; que si provincializarlo o municipalizarlo; que es mío, tuyo o de no se quién…

En más de 25 años registramos las crónicas más tristes del hospital de San Miguel. Y mire que también se han salvado vidas, porque hay cosas que reconocer.

Pero aquí el andarivel corre por la decepción que nos embarga, como a usted, cada vez que pasamos por Perón e Irigoin, alejándonos de allí con la misma conclusión: este hospital no cambia más.

Hoy llegamos a una realidad dura y penosa, con promesas incumplidas, con reformas que el Municipio realiza en cuenta gotas, con profesionales que pelean para no ser trasladados a los centros asistenciales. Esta es su actualidad, que no dista demasiado de lo que fue su historia en este último cuarto de siglo. Historia que fue marcada por el conflicto permanente, con momentos de mayor o menor tensión, pero siempre presente, entre la Asociación de Profesionales Universitarios del Hospital Larcade (APUHL) –quienes llevan adelante el hospital- y las autoridades Municipales –quienes deben administrar el mismo- y los vecinos atentos a los improvisados carteles que determinaban si ese día recibirían, o no, atención médica…

A todas las administraciones –desde 1983 hasta la actual- esta editorial le preguntó sobre qué soluciones implementaría para el hospital. Las respuestas, con distintos matices, utilizaban la palabra "complejo", en su redacción. Algunas más osadas, otras más realistas, todas coincidían en la necesidad de un cambio de una mejora, pero desconocemos qué sucedió después, o sí: no pudieron o no quisieron mantener la decisión política para un cambio necesario perjudicando así a los que menos tienen, en su mayoría ciudadanos que hacen, elección tras elección, que San Miguel mantenga su tradición Peronista en la administración. Paradójicamente el sector político que debe propender, con mayor ímpetu, a la búsqueda de la "Justicia Social".

Lo cierto es que el resultado –lamentable- está a la vista.

El distrito logró que el sistema privado sea ampliamente más importante que el Estatal, algo que demográficamente no tiene relación y mucho menos lógica alguna, aunque alguna administración se vanagloriara con ello.

¿De qué sirve una clínica privada en el centro si hay miles de vecinos que no tienen recursos siquiera para salir de los barrios?. Solamente para el negocio de unos pocos que piensan en ello a costa de quienes pueden pagar, acentuándose así la ausencia del Estado en una materia que es un derecho para la ciudadanía, por lo menos en el sistema que decimos elegir para vivir en comunidad.

En este conflicto, de dialéctica eterna, hay partes que se deben un sinceramiento en beneficio de los vecinos. Tanto profesionales y trabajadores de la salud del Estado como los responsables de las administraciones Municipal y/o Provincial se deben al vecino, al contribuyente. Se deben un diálogo y allí deben ceder, algo tienen que dejar para otro momento para que, el sistema en sí mismo, tome el camino de la solución.

El hospital se lo debe. Los vecinos se lo merecen. Y es responsabilidad de estas dos partes resolverlo y cambiar 25 años de más de lo mismo. ©ALN

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