“El migrante no es variable de ajuste”

En una entrevista con Página/12, el especialista en temas migratorios de la Cancillería sostiene que si un turista no cumple un requisito migratorio no comete un delito sino que se trata de una falta administrativa, por la que no se lo debe detener.
El embajador Félix Córdova Moyano, director general de Asuntos Consulares de la Cancillería, es un especialista en temas migratorios que tiene una posición inequívoca sobre los viajeros argentinos que sufren apremios cuando parten al exterior. Sus opiniones, no por sensibles a la problemática, se apartan del protocolo diplomático. Una definición sintetiza el recorrido de la entrevista que le concedió a Página/12 por espacio de casi una hora: “Los migrantes nunca pueden ser la variable de ajuste”.

–¿Cómo analiza el Ministerio de Relaciones Exteriores las dificultades crecientes que sufren los argentinos cuando viajan al exterior, pero sobre todo a la Unión Europea y Estados Unidos?

–En todas partes, cada tanto, hay hechos que afectan a las personas: cambios de normativas, desconocimiento de los requisitos. Hay errores, injusticias y, cuando ocurren, quienes los sufren se sienten agraviados legítimamente. Ahí se dispara un mecanismo que está previsto en la Convención Consular de Viena, según el cual, si esto sucede, las autoridades están obligadas a alertar al consulado del país del que son los involucrados. Esto es genérico, tiene picos que responden a diversas circunstancias. Nosotros advertimos que hay un incremento en las inadmisiones en la Unión Europea y, en particular, en España. Estamos inquietos porque nuestros compatriotas no sean discriminados y el pico de turismo en general siga el curso propio de países que tenemos una amistad fraterna.

–¿Cuáles han sido las consecuencias sobre el turismo?

–¿Qué es lo que nosotros estamos advirtiendo? En primer lugar, viaja menos gente. Puede ser por nuestra propia situación, por el encarecimiento de los pasajes para quienes pagamos en pesos; también porque ciertos requisitos estén afectando. La gente siente que tiene que superar umbrales que no le parecen justos, adecuados, correctos. Nos preocupa si hay un solo caso de inadmisión. Un argentino o una familia merecen toda nuestra consideración.

–¿Qué hace la Cancillería para que se respete a los argentinos que viajan hacia el exterior?

–Nuestros presidentes, en el marco del Mercosur, han rechazado ese tipo de políticas. Nosotros entendemos que los migrantes nunca pueden ser variables de ajuste porque, año a año, hacen aportes que son muy relevantes. La economía de la Unión Europea no hubiera crecido de no haber sido por las migraciones y estamos hablando del orden del uno por ciento. En términos de aportes provisionales, de consumo, de la actividad económica en general. Consecuentemente, hay que pensar estas cosas desde una perspectiva más global para tratar de entenderla.

–¿Cómo se entiende entonces que determinados turistas sean tratados como delincuentes, enviados a centros de internamiento para extranjeros y deportados después de recibir ese maltrato?

–Hay que diferenciar dos cosas: un turista nunca debería ir a esos centros de internación para extranjeros que la Unión Europea tiene previstos para quien es identificado como irregular dentro de su territorio y va a ser deportado. Ese no tendría que ser nunca el caso de un turista. Nada justifica que salga del aeropuerto un inadmitido. Debe estar en tránsito. Pero sabemos que eso no es siempre así y sucede que, cuando hay un período mayor a determinada cantidad de horas, tendría que arbitrarse la existencia de un lugar donde haya guardería, médico, asistente social. A nosotros nos preocupa muchísimo esto. Las personas que no han cumplimentado esos requisitos, deberían permanecer en áreas de tránsito hasta ser devueltos a nuestro país. En ningún caso estamos hablando de delincuentes. Por eso diferenciamos irregularidad de ilegalidad. Acá no estamos hablando de ilegalidad. Hay un incumplimiento de una norma administrativa.

–¿Qué opina de la directiva de retorno que aprobó el 18 de junio de este año la Unión Europea y que a partir de 2010 endurecerá las condiciones de deportación para quienes se encuentren en situación irregular?

–Las políticas restrictivas como la directiva de retorno no son efectivas, sí dañinas, afectan a seres humanos. No deben suceder estas cosas. Hay que tener una mejor comprensión del problema. En ese sentido hay una corresponsabilidad de los países desarrollados con los nuestros. Somos productores mucho más eficientes de productos primarios, a los que ellos limitan el ingreso. Consecuentemente, nos limitan la posibilidad de crecer y desarrollarnos.

–¿Es obvio que la limitación es para las personas y también para las mercaderías, pero se da cuando los países capitalistas desarrollados interrumpen su ciclo de expansión económica?

–Hay una contención selectiva de las migraciones. Cuando les va bien, las aprovechan. No puede ser que cuando están pasando por circunstancias adversas volvamos a un capitalismo egoísta y dejemos a ese capitalismo técnicamente renano que busca más el bienestar de todo el mundo. Estas son las inquietudes que debemos llevar adelante. No con el ánimo de perpetuar un conflicto y generarlo donde no lo hay.

–¿Cuál sería el modo de encausar esta problemática?

–En este caso, lo que pretendemos hacerle ver a la Unión Europea es que mejor resulta dialogar con no-sotros y entender que Doha puede ser una buena manera de generar niveles de gobernabilidad migratorios y que conversando podemos encontrar mecanismos de diverso tipo que puedan evitar impactos negativos. Y no esto de que como ahora a mí me va mal, te pongo un freno. Eso es lo que nosotros no admitimos.

–¿Como todo diplomático que se precie de tal no podía plantear otra cosa que negociar?

–Estamos convencidos de que ese diálogo va a seguir ampliándose, que esa agenda va a salir de lo limitada que ha sido históricamente. Nuestra posición es constructiva, propositiva, está alerta para tomar mecanismos que nos permitan sortear esta situación. Repito: debemos generar una gobernabilidad migratoria que refleje el progreso civilizatorio.

–¿Cuál es la política argentina respecto de las corrientes migratorias que recibe en la actualidad?

–Es importante decir que nosotros históricamente hemos sido abiertos y lo somos hoy en día. Aún cuando baje nuestra tasa de crecimiento un tanto, no alteramos la política migratoria y somos generosos en compartir lo que tenemos, aunque sea menos lo que tengamos. De hecho, no han afectado nuestras corrientes migratorias el crecimiento nacional. Todo lo contrario. Son migrantes los aportantes al quehacer económico. En el 2010 acogeremos en la Argentina el Foro Global sobre Migración y Desarrollo que, por haberlo traccionado para acá en ocasión del Bicentenario, pretende iluminar esta situación para que se comprenda mejor en el mundo. Vamos a hacer ese modestísimo aporte.

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