Mientras la sequía hace estragos, sólo se riega el 5% del área cultivable del país

Mientras la sequía hace estragos, sólo se riega el 5% del área cultivable del país
El suministro artificial de agua es más común en cultivos intensivos, que se llevan el 50% del área regada, que en granos. No se puede implementar donde el agua falta o es salina
Bien querrían los productores agropecuarios poder golpear las piedras y lograr que fluya un maná salvador. Más cerca en tiempo y espacio, los sistemas de riego podrían haber servido para paliar, en parte, los estragos ocasionados por la falta de agua. Sin embargo, sólo el 5% de los más de 30 millones de hectáreas cultivables en el país están bajo irrigación.

Según Adrián Zappi, especialista de Recursos Hídricos del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (Prosap), “hay dos razones por las que el riego no está más difundido: el costo, y la disponibilidad de agua de calidad” en los acuíferos.

“El año pasado fue casi récord en venta de equipos de riego”, indicó Nicolás Viramonte, de la firma Irri Management, que controla el mercado de equipos de riego por pivot. Esto, explica, se debió a que los productores venían de buenas cosechas y a que hubo algo más de financiamiento que el que existe actualmente. Sin embargo, en el período comercial de este año (entre febrero y septiembre), estima que se revertirá la tendencia de demanda, “porque no hay crédito y la rentabilidad de los productores será menor”.

La inversión inicial para instalar un sistema de riego por pivot ronda entre u$s 1.000 y u$s 1.500 por hectárea, y el costo operativo oscila entre u$s 0,30 por milímetro de agua con sistemas eléctricos, y u$s 0,45 con motor diesel. Esto implica que, para regar un cultivo con 150 milímetros (el agua que requiere en total el cultivo de trigo en la Pampa Húmeda), el costo varía entre u$s 45 y u$s 67,5 por hectárea.

Por el alto costo en infraestructura, prácticamente la totalidad del riego se aplica a cultivos de alto valor por hectárea, con un uso intensivo de mano de obra y de capital. Según datos recientes, la vid, los frutales, las hortalizas y los cultivos industriales (como caña de azúcar y tabaco) representan más del 50% de la superficie cultivada bajo riego. En paralelo, las estadísticas indican que sólo el 15% del total de la superficie bajo riego corresponde a pasturas y cereales‘, como maíz y trigo, los dos grandes perdedores de esta campaña, con mermas productivas de 35% y 45% respecto de la campaña pasada.

La mayor parte del riego en el país aprovecha agua que está disponible en la superficie, y se canaliza a través de surcos. Esta es la forma más antigua de irrigación, inaugurada en América por los indígenas antes de la llegada de los españoles. Se generalizó con el auge del ferrocarril y del comercio, desde mitad del siglo XIX por inversiones privadas, y luego por los entes públicos, desde 1940 aproximadamente. Hoy este sistema está en manos públicas y privadas.

La falta de fuentes de agua cercanas, como ríos o lagunas, frena la propagación del sistema y obliga a acudir a fuentes subterráneas, que se usan en el país también desde hace más de 150 años, con la aparición de las primeras bombas de fabricación nacional. Aún cuando se disponga de fondos, surge otro problema, que es el de la calidad y el caudal de agua disponible bajo tierra. En las zonas en las que el agua está salinizada o el caudal no alcanza, es imposible implementar el sistema. Algunas regiones de la zona núcleo, del sur y del norte del país, sin embargo, no cumplen uno o ambos requisitos, lo que hace depender a los productores exclusivamente de la lluvia.

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