Miedo K: un recurso para retener votos que puede jugar en contra

Por: Eduardo Aulicino

El recurso de apostar al miedo para conservar posiciones de poder no es nuevo, ni siquiera en el discurso kirchnerista. No se trata de un gesto imprevisto frente a un panorama electoral complicado, según se encargan de aclarar desde el oficialismo, pero sin dudas la decisión de retomar ese discurso y hacerlo más descarnado y dramático respondió a la necesidad de afirmar el voto propio y, si es posible, dar pelea en alguna franja de los indecisos.

La ofensiva electoral del kirchnerismo fue suavizada ayer, en simultáneo, por el jefe de Gabinete Sergio Massa y por su par bonaerense, Alberto Pérez.

Había estado nuevamente a cargo de Néstor Kirchner, reforzando un costado repetido y dañoso para la imagen de la Presidenta, que apareció otra vez ratificando una estrategia ya expuesta. El ex presidente insistió con la idea según la cual sólo caos puede sobrevenir si el oficialismo no gana la elección de junio.

Cristina Fernández de Kirchner mantuvo la línea y buscó darle esta vez mayor volumen: dijo que está en juego la estabilidad democrática.

Hubo, con todo, un cambio tal vez no buscado en el discurso del ex presidente. En una estrategia que intenta concentrar en la provincia de Buenos Aires la mirada global sobre los resultados de las próximas elecciones, por aprimera vez Kirchner se refirió a la posibilidad de que el Gobierno pierda la mayoría en el Congreso. Esa lectura nacional de los comicios fue solo el pie para decir que todo explotaría si eso sucediera en junio.

La cuestión de las candidaturas "testimoniales" -eufemismo para referir a candidatos que no asumirán los cargos que disputen- había corrido el eje de la campaña electoral y Kirchner decidió entonces un golpe de efecto. Volvió al "nosotros o el caos", pero fue más allá de las iniciales ironías sobre lo que podría esperarle al país si triunfara la "Alianza residual", por la oposición en general, o "las políticas de los 90", historia con la cual niega cualquier contacto y que le adjudica casi exclusivamente a la alianza del peronismo disidente y el macrismo.

¿Suma o resta decir que el país puede explotar si no gana el oficialismo? El recurso no es nuevo, aunque ahora haya sido extremado. Y en general se coincide en que aparece como una táctica de campaña frente a una elección de pronóstico difícil, para tratar de polarizar o al menos retener el voto considerado propio. En otras palabras: evitar la fuga hacia alternativas diferentes.

Dos consultores coinciden en que, como ocurrió con el impulso a los candidatos testimoniales, el impacto de este tipo de campaña en la sociedad es negativo, por la sensación de que fuerza la política. Y el analista Enrique Zuleta Puceiro considera que en este punto se mezcla la posición previa de sectores críticos hacia el Gobierno y la reacción frente a lo que se considera "cosas de los políticos" para sostener sus posiciones de poder o privilegio.

Pero en este caso hay coincidencias también en que la situación económica, aún con los problemas que ya se notan como efecto real de la crisis, no puede ser asimilada al cuadro que detonó la debacle de 2001. Eso hace menos creíble el discurso, además de ponerlo en contradicción con las declaraciones repetidas de funcionarios para destacar como exclusivamente propios los avances de la economía en los años siguientes al desastre.

En medios económicos se señala que a pesar de complicaciones en el terreno fiscal y en otros frentes, la economía nacional no registra síntomas del colapso invocado por Kirchner para advertir sobre los riesgos de una derrota o una mala elección en junio. Pero a nadie escapa que un discurso sostenido en el temor puede afirmar los reflejos conservadores de la gente, con efecto aún más negativo en el consumo. Ese sería un problema general, además de una mala señal para los planes de campaña K. De allí lo sugestivo de la repentina aparición de dos funcionarios -Massa y Pérez- para ponerle paños fríos al discurso electoral.

Quedan por delante más de cincuenta días de campaña y está claro que el mensaje nacional del Gobierno dependerá de lo que vaya imponiendo el ex presidente como libreto central en la Provincia. ¿Mantendrá el mismo discurso? Si lo hace, el desafío será evitar la fatiga de campaña y, también, que el temor termine jugando de manera negativa en la economía real.

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