Por el miedo a la Gripe A, la Ciudad se quedó sin chicos

Sitios públicos casi vacíos en el comienzo del receso
Algunas obras infantiles se cancelaron hasta nuevo aviso. Otras ofrecieron al público devolverles el dinero o canjear las entradas para otra función. Los circos tuvieron que salir a improvisar shows al aire libre cuando notaron que las carpas estaban casi vacías. No hubo sitio más deshabitado que los locales de comidas rápidas, los cines y los cíber. Ayer, el primer día de receso forzado, la misma ciudad que en vacaciones de invierno está tomada por los chicos, estaba semi desierta."¿Ves este Mc. Donalds? Bueno, un sábado cualquiera o en vacaciones de invierno estaría copado por las familias que después llevan a los chicos al teatro. Miralo, hay cuatro mesas ocupadas", señala Ricardo Escobar. A sus pies esperaba una manta con fotos de los galancitos de "Casi Angeles". "Hace 30 años que trabajo en la esquina del teatro y hoy vendí un 80% menos de lo usual. Los chicos paran a ver las fotos y los padres les dicen que no las toquen por miedo a la Gripe A". En el local, Susana Mailhos, una uruguaya que llegó ayer, daba cuenta de la pobre afluencia turística: "En Uruguay estamos en plenas vacaciones y el buque venía con la mitad de su capacidad".

Ayer, en las calles que rodean al Gran Rex, los vendedores estaban sentados en el cordón, con la cara de aburrimiento apoyada en las palmas. En la puerta del teatro, a las payasas se les secaba el pincel: no sabían a quién pintarle la cara. Llegó una maestra de San Nicolás con sus hijas, dos amiguitas y la tristeza infantil de una cuarta a la que su mamá no la dejó venir. "Recién hoy me enteré que me devolvían la plata o que podía usar la entrada en otra fecha. Por las dudas las traje con barbijo, compré Lysoform y alcohol en gel", jura. "Vinimos igual: una cosa es cuidarse y otra cosa es la psicosis", dice Nancy, de La Plata. Le revolotean cuatro nenas de 9 años. Nadie las tiene de la mano, será que no hay público ni para perderse. Usaban alas, usaban antenitas, usaban corazones en los cachetes y aunque eran sanas, usaban barbijo.

El Abasto ayer ¿habrá extrañado a sus floggers? En el Parque de juegos Neverland y en el Museo de los Niños el diagnóstico era uno: semi vacíos. En el patio de comidas, una embarazada se sentía juzgada: "Es la primera vez que salgo. No estoy yendo ni a trabajar. Tampoco tengo arresto domiciliario". Y no piensa dar su nombre claro, qué va a pensar su jefe. En el cine Hoyts anunciaban siete películas infantiles y en la cola desierta le explicaban a una mamá que iba a tener que dejar un asiento vacío entre ella y su hijo. Pero sí hubo un lugar sin escolares fue el Unicenter: el viernes cerró el cine, el gimnasio, los juegos y prohibió la entrada a menores de 18 años.

En el camino, el temor al contagio protagonizó la obra. En la línea 53 del colectivo un estornudo tomó a un hombre por sorpresa. Tres pasajeros lo miraron con desprecio. Una chica se estiró los puños del abrigo y escondió las manos: ni loca se agarraba del pasamanos. "No la va a matar la gripe pero se va a matar de un golpe", decía bajito el chofer.

Es que tampoco sobraron las propuestas. La Feria del Libro infantil y juvenil que el año pasado tuvo 60.000 espectadores por semana, se suspendió. Lo mismo ocurrió con Disney on ice, Ben 10 y la mayoría de las obras infantiles. Muchos aprovecharon los 17 grados de la tarde y fueron al Festival Internacional de Circo donde apostaron a los shows al aire libre.

En un cíber en Córdoba al 3500, Cristina Saudé se muerde el labio, revolea los ojos y dice lo que por estos días deben pensar todos: "Un mes con los chicos en casa, no se de qué me voy a disfrazar".

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