El miedo al estallido social se hizo carne en Davos

El miedo al estallido social se hizo carne en Davos
En la última semana las principales multinacionales anunciaron cerca de 150 mil despidos. En Islandia cayó el gobierno y también hubo protestas en Letonia, Bulgaria, España, Francia y Rusia. Los líderes mundiales buscan alternativas para descomprimir.
Lo más granado del establishment mundial manifestó ayer en el cierre del Foro Económico de Davos su preocupación por posibles estallidos sociales derivados de la crisis actual. Sólo en la última semana las principales multinacionales anunciaron cerca de 150 mil despidos y la Organización Mundial del Trabajo estimó que la cantidad de desempleados en todo el mundo podría incrementarse en 50 millones de personas. Esa es tierra fértil para reacciones violentas y también una oportunidad para quienes buscan construir una alternativa al capitalismo financiero que predominó en los últimos 30 años, ya sea desde movimientos socialistas o nacionalistas. Sin embargo, ni siquiera el miedo y el pesimismo sobre el futuro forzó una autocrítica en los alpes suizos.

Empresarios, políticos y gurúes celebraron los paquetes de rescate que vienen anunciando los distintos gobiernos, pero al mismo tiempo respaldaron el libre comercio y se manifestaron abiertamente en contra de una vuelta al “exceso de regulación” de los años ’70. Su propuesta es tratar de introducir algunas reformas cosméticas para aquietar las aguas y mantenerse a flote. “Lanzaremos una iniciativa de rediseño global que tiene el apoyo de casi todos los líderes políticos que estuvieron aquí”, aseguró ayer el fundador del foro, Klaus Schwab, durante la clausura del evento. Ahora la expectativa está puesta en la próxima reunión que el G-20 mantendrá en Londres a comienzos de abril.

El Foro de Davos no fue en esta ocasión el atril desde donde los defensores del neoliberalismo difunden los logros del capitalismo financiero mundial. En esta ocasión predominó el escepticismo, pues desde el 15 de septiembre del año pasado, cuando el Lehman Brothers quebró, la crisis parece arrasar con todo. Primero fue el sistema financiero jaqueado por el estallido de la burbuja inmobiliaria, luego la industria automotriz y a continuación el resto de los sectores que integran la economía de los países centrales, los cuales fueron cayendo uno tras otro en recesión.

El viernes la oficina europea de estadísticas Eurostat informó que el desempleo en la eurozona promedia el 8 por ciento y España lidera el grupo con un 14,4 por ciento de personas sin trabajo, dejando en claro que el “milagro” español ha dado lugar a la pesadilla. Japón, por su parte, comunicó ese mismo día que su industria cayó 9,6 por ciento en diciembre y el desempleo alcanzó el 4,4 por ciento. Mientras que en Estados Unidos la caída del producto fue del 3,8 por ciento en el cuarto trimestre de 2008 y el desempleo llega al 7,2 por ciento. Además, la mayoría de los analistas coincide en que los indicadores seguirán empeorando porque el trimestre actual está siendo peor que el anterior.

En este contexto, la posibilidad de que se produzcan estallidos sociales es cada vez más alta. El lunes pasado cayó el primer ministro de Islandia en medio de protestas callejeras en el centro de Reykiavik, con cacerolas incluidas. También hubo manifestaciones en Letonia, Bulgaria, España, Francia y Rusia. Los líderes mundiales tomaron nota de esta situación y en el blindado centro de esquí de Davos hicieron catarsis colectiva. Allí estuvieron la canciller alemana Angela Merkel; el primer ministro británico Gordon Brown; el ruso Vladimir Putin; el japonés, Taro Aso; el primer ministro chino, Wen Jiabao; y el presidente de México, Felipe Calderón.

“Es la primera vez que enfrentamos algo así, y no tenemos experiencia; no tenemos un mapa claro. En los años ’30, no había un sistema financiero global, como hoy, en el cual todo afecta a todos”, afirmó el primer ministro británico, Gordon Brown. Sin embargo, defendió los pilares del sistema económico actual. “El abandonar la globalización no es la solución. La globalización ha sacado a mucha gente de la pobreza, pero no la suficiente. El proteccionismo, en cambio, no protege al final a nadie, y a los pobres menos que a cualquier otro”, remarcó.

La ministra de Economía de Francia, Christine Lagarde, también presente, consideró que muchos contribuyentes presionan a sus gobiernos para asegurar que los impuestos que pagan beneficien a sus propios países. Lagarde hizo hincapié en que los líderes políticos deberán esforzarse en comunicar a los contribuyentes que hay que rescatar “el mercado global, el comercio libre y a empresas internacionales con sus impuestos”.

La canciller alemana Angela Merkel aseguró, por su parte, que “el Estado es el garante del orden social” y propuso la creación de un Consejo Económico de Naciones Unidas, similar al Consejo de Seguridad, para supervisar los mercados. Pero advirtió sobre el riesgo de “desfigurar las fuerzas del mercado” ante la situación actual y se mostró escéptica respecto de las subvenciones a la industria automotriz que analiza otorgar el gobierno de Estados Unidos.

Merkel presentará el próximo jueves en Berlín un plan para reorganizar el sistema económico mundial que incluye la propuesta de creación de un Consejo Económico de Naciones Unidas ante los líderes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Según los asesores de Merkel, la propuesta alemana de garantizar una mayor transparencia y una mejor coordinación de la economía es similar a una iniciativa que la mandataria ya esbozó durante la presidencia alemana del G-8 en 2007. “Pasó lo mismo con la declaración universal de los derechos humanos o la creación del Consejo de Seguridad, cuya concreción también se dilató más de lo esperado, pero llegó”, sostuvo uno de los miembros del equipo de Merkel que preparan los documentos.

También generó expectativas la declaración del fundador del Foro Económico Mundial de Davos, Klaus Schwab, quien ayer aseguró que “lanzaremos una iniciativa de rediseño global, que tiene el apoyo de casi todos los líderes políticos que estuvieron aquí”. Schwab mencionó especialmente entre quienes respaldan la propuesta al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y al primer ministro chino, Wen Jiabao, pero no dejaron trascender ningún detalle más.

No obstante, más allá de lo que pueda surgir esta semana la expectativa está puesta en la próxima reunión del G-20 que tendrá lugar el 2 de abril en Londres, donde las principales potencias del mundo tienen previsto avanzar en la coordinación de una nueva arquitectura internacional. La última reunión fue a mediados de noviembre en Washington, pero el director del FMI, Dominique Strauss Kahn denunció la semana pasada que desde entonces “se ha hecho muy poco”. “No digo que no se haya hecho nada, pero las cosas marchan, muy lentamente”, afirmó. Tal vez, el temor a los estallidos sociales ahora acelere los plazos.

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