Midiendo un muñeco Boudou en Capital

Para encabezar la lista de diputados nacionales, el PJ porteño evalúa el nombre de Amado Boudou. Las primeras encuestas le dieron baja intención de voto, pero buena imagen. Las dudas de Kirchner ante la dificultad de encontrar un reemplazante para la Anses.
El kirchnerismo sigue buscando candidato para la ciudad de Buenos Aires, mientras a la vez trata de definir el sistema de alianzas en un distrito con mayoría opositora. Ahora surgió un nombre que al parecer entusiasmó al presidente del Partido Justicialista, Néstor Kirchner: el de Amado Boudou, director de la Anses y con creciente protagonismo en los últimos tiempos, sobre todo a partir de que ese organismo pasó a ser el administrador de los fondos previsionales que estaban en las AFJP y el mayor inversor en la estrategia oficial de mantener los niveles de actividad económica para frenar la arremetida de la crisis mundial.

El primer paso fue medir a Boudou en distintas encuestas. Una de ellas, la de intención de voto, aún le da muy bajo, alrededor del 5 por ciento. Pero en otra, la que mide el nivel de conocimiento del candidato entre los votantes, indica que lo conoce muy poca gente, lo que los teóricos señalan como una virtud, ya que tiene un largo terreno para hipotéticamente sumar adhesiones a medida que lo conozcan. Algo así como el eslogan inicial de Daniel Filmus cuando era candidato: “Si lo conoce, lo vota”. El punto a favor es que entre quienes lo conocen son bastantes más los que tienen una imagen positiva que quienes lo ven negativamente.

Hasta ahí los datos que se suman en la columna a favor. Pero también hay elementos en contra o que hacen dudar no sólo a Kirchner, sino al propio Boudou. Una de las dudas de Kirchner es decidir quién puede reemplazar a Boudou si se va como candidato. La Anses, que ya era el organismo que manejaba la caja más importante del Estado antes de tomar los fondos de las AFJP, ahora no sólo acrecentó esa característica, sino que se convirtió en la principal herramienta del Gobierno en su decidida acción inversora para que los niveles de producción, consumo, empleo y salarios no decaigan al ritmo de la crisis global.

Nunca fue fácil elegir el administrador de la Anses. Apenas asumió Kirchner en 2003 buscó reemplazantes para Sergio Massa, que ya ocupaba el cargo bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, y finalmente decidió darle una oportunidad al joven ex diputado provincial, quien terminó ganándose su confianza. Cuando Massa integró la lista de candidatos a diputados nacionales por Buenos Aires en 2005, no pudo asumir. Kirchner lo seguía necesitando en la Anses. Y mucho le costó a Ma-ssa convencer a Kirchner para que lo habilitara a ser candidato a intendente de Tigre en 2007 y ocupar ese cargo si ganaba. Lo consiguió y, en su reemplazo, el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, impuso a un dirigente de su estrecha confianza –y no tanto de Kirchner–, Claudio Moroni. Con el efecto dominó generado por la salida de Martín Lousteau de Economía, Boudou, con un perfil muy parecido al de su mentor, Massa, asumió al frente de la Anses. Por ahora no hay un reemplazante claro en la hipótesis de que Boudou sea candidato, y el propio jefe de la Anses duda por las acusaciones que pueden lloverle por manejar semejante caja y estar de campaña. Además, no sería extraño que Boudou tenga reticencias, aunque jamás vaya a decirlo: salvo que pase algo muy extraño, el candidato K en la ciudad de Buenos Aires, sea quien sea, deberá conformarse con aspirar a una derrota honrosa.

La situación hoy en la Capital es similar a la que enfrentaba el kirchnerismo en Santa Fe en las legislativas de 2005. Los dos candidatos naturales, el entonces ministro de Justicia Horacio Rosatti y la vicegobernadora María Eugenia Bielsa dijeron “paso” ante la derrota segura. La antorcha la tomó un concejal rosarino, Agustín Ro-ssi, que por su digna derrota se ganó la presidencia del bloque oficialista en Diputados. Pero Boudou sabe que el escalafón político del que partiría hoy está bastante por encima del que tenía Rossi en aquel entonces y es natural que no quiera que la perinola de las elecciones lo tire varios casilleros para atrás. Bien lo sabe Rafael Bielsa, que dejó su cargo de canciller para ir a perder en la Capital. En política rara vez hay lugar para los gustos personales. Todo dependerá de la combinación entre lo que digan las encuestas y el instinto del presidente del PJ.

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