Los microclimas y la soberbia

Por: Ricardo Kirschbaum

La Presidenta explicó el lunes, con esa vocación docente tan marcada y extendida en sus diarias intervenciones, que los microclimas muchas veces producen serias confusiones. Fue al responder de una manera muy general a la pregunta de un cronista de televisión sobre los cables del interior.

La cuestión del microclima es preocupante en todos lados, y en el ambiente político una peligrosa deformación de enfoque sobre la realidad y la ponderación de los actos propios y ajenos.

El titular del COMFER, Gabriel Mariotto, que acompañaba la ironía presidencial, pareció ayer afectado por el microclima de la Casa Rosada, en el que la soberbia parece ser uno de los ingredientes centrales del menú que se sirve allí. Al explicar las razones de la eliminación del artículo que autorizaba a las telefónicas ingresar a la industria de los medios de comunicación, algo que está vedado por ley, Mariotto dijo: "Entendimos que la sociedad no estaba madura para ese debate".

Como siempre, cuando el Gobierno retrocede, la decisión es presentada como una concesión. Pero en este caso, cruzó la raya. Es notable como Mariotto se arroga el papel de juez para determinar el grado de desarrollo cultural de la sociedad.

La soberbia academicista, asegura Gramsci, clásica de los intelectuales que se dicen intérpretes exclusivos de los intereses de la sociedad, sólo sirve para embaucar desde la altura de una cátedra que no se asoma a la verdad de la realidad.

Esta conducta permite escrudriñar a través de los pliegues que pretenden adornar el discurso del poder y descubrir esa raíz autoritaria como fuente de la soberbia política.

No se trata de explicarle a la sociedad lo que ocurre, sino de escuchar su mensaje, como el de las urnas que el kirchnerismo sigue ignorando.

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