Michelle, de la desconfianza a la admiración y el glamour

Michelle, de la desconfianza a la admiración y el glamour
Antes era acusada de "rígida"; hoy es incluso más popular que su marido
WASHINGTON.- No fue sólo la línea política del gobierno estadounidense. Lo otro que se dio vuelta como un guante en estos 100 días es la imagen de Michelle Obama, a quien muchos comparan ya con Jackie Kennedy y que hoy es más popular que su marido, el presidente.

Michelle obtuvo entre el 76% y el 79% de aprobación como primera dama en recientes encuestas de los institutos Gallup y Pew Research Center. Eso implica alrededor de cinco puntos más que su marido, cuya popularidad también se beneficia de la que logra su esposa.

"¿Cómo, no viene Michelle?", se lamentaban muchos en Trinidad y Tobago, donde la presencia de Obama para la reciente Cumbre de las Américas sólo se vio opacada por la ausencia de su mujer, que era esperada por el público local.

La primera dama se excusó casi sobre la hora de asistir al encuentro para quedarse con sus hijas, que estaban de vacaciones. Pero el desencanto por su faltazo fue un indicador de la popularidad que está alcanzando.

"Nada en mi pasado hablaba del papel que me tocaría cumplir", suele decir esta abogada criada en la zona sur de Chicago, en un barrio que fue de esclavos y donde conoció a su actual marido, que fue su becario. Hasta hace poco, ella cobraba un sueldo bastante más alto que el de él.

En 100 días, Michelle Obama pasó de ser calificada como "extremista, rígida y mandona" a cautivar con una imagen cercana de persona atenta a su casa y a sus hijas.

Es un giro en la percepción colectiva que ella parece vivir sin muestra de resentimiento ante las glamorosas portadas que hoy le dedican las mismas revistas que, hace sólo pocos meses, llegaron a demonizarla como un riesgo para el país.

En los sondeos, la primera dama es considerada una persona "con clase", "agradable" e "inteligente". Y quienes analizan su imagen consideran que es un modelo por su historia personal, no sólo en Estados Unidos, sino también, especialmente, para las mujeres de color en todo el mundo.

Fue portada de Vogue , de The New Yorker y de cuanta revista del corazón ande por los quioscos. Resulta casi imposible que cada semana no aparezca en alguna de ellas. Es lógico: los editores saben que Michelle vende.

Hasta la multimillonaria y famosa estrella de televisión Oprah Winfrey rompió la tradición y compartió la tapa de su revista con la mujer de Obama. Pero el trabajo de primera dama no tiene contrato, así que cada una de ellas ha hecho lo que ha querido o podido.

Y aquí existe la convicción de que Michelle, una cara en la que aquí cualquiera puede mirarse, hará mucho más todavía.

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