Micheletti montó su guerra del fútbol

Fútbol y dictadura. La dupla es vieja, pero no por eso menos efectiva. El gobierno de facto hondureño mantenía ayer un estado de sitio en todo el territorio y al mismo tiempo negociaba su continuidad en el poder con representantes zelayistas. Bajo ese clima, nada mejor que un clásico futbolero por un lugar en el Mundial de Sudáfrica para copar todas las pantallas.
"Regresaremos con la frente en alto. Tenemos una buena estrategia para derrotar al enemigo", auguró con tono marcial el gobernante de facto pocas horas antes del partido.

El "enemigo", en este caso, era El Salvador. El mismo que hace cuarenta años invadió territorio hondureño después de un partido en lo que pasaría a la historia como "la guerra del fútbol". Esta vez no hubo guerra. Hubo festejo. Ganó y clasificó, con la ayuda, de, ejem, Estados Unidos (empate sobre la hora con Costa Rica).

"Fútbol y chauvinismo, aquí, son la misma cosa", le dijo a este diario Carlos Reyes, candidato independiente a la presidencia.

Tal vez, en este caso, la sentencia se haya quedado corta. Hinchas, banderas y declaraciones de guerra deportiva coparon todo. Los micros gratis para ir a El Salvador corrieron por cuenta del gobierno de facto.

El partido recibió en los diarios tanta cobertura que encontrar una noticia referida a la posible restitución de Manuel Zelaya no era tarea fácil. La metáfora militar del dictador arrasó con los titulares. "Invasión hondureña a El Salvador", tituló el diario progolpista La Prensa. "Quieren amargar al pueblo hondureño, pero buscaremos hacerles daño", aclaró el matutino La Tribuna. "Automóviles repletos de fervor, euforia y patriotismo partieron desde diferentes puntos del país hacia campo enemigo. Estamos copando todos los puestos fronterizos. Los catrachas (hondureños) prometieron dar batalla", precisaba, a su turno, El Heraldo. Muy abajo en los sitios de Internet de las tres publicaciones podían hallarse noticias como "Se lograría consenso para el retorno de Zelaya".

Para que el clima fuera perfecto hacían falta, también, traidores a la causa nacional. "Hermanos salvadoreños: El mejor apoyo y regalo que ustedes nos pueden dar es darle una paliza a este equipo que representa los intereses de la oligarquía usurpadora de nuestro país", clamó Juan Barahona, líder sindical y dirigente del Frente de Resistencia contra el golpe de Estado. El enemigo interno había sido ubicado. "Hoy, el tema de los hondureños es el fútbol, pero hay un grupo de compatriotas que quieren, piden y gritan que Honduras pierda ante El Salvador. Ese grupo de hondureños pertenece a la llamada resistencia zelayista", subrayó El Heraldo. Los mails con insultos hacia la resistencia no tardaron en copar el sitio web del diario.

El enemigo, ese enemigo del que habló Micheletti, penetró en Honduras el 14 de julio de 1969. Lo hizo en respuesta a la ley de reforma agraria con la que el gobierno de Tegucigalpa pretendía expulsar a cientos de miles de campesinos salvadoreños y así entregarles esas tierras a hondureños. Tres partidos entre los dos países por las eliminatorias se encargaron de insuflar los ánimos nacionalistas. En ese entonces, a uno y otro lado de la frontera había dictaduras militares. Hoy sólo Honduras respeta la costumbre; en El Salvador, en cambio, gobierna el izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. La ocasión sirvió igual.

"En este país el fútbol se utiliza para todo. Cómo la dictadura no lo iba a exprimir al máximo", le aseguró a Página/12 Reina Centeno, maestra y dirigente sindical. Cualquier similitud con otras latitudes no es coincidencia.

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