México lindo y querido bajo extorsión

Muchas iglesias y comercios de la ciudad más violenta del mundo permanecieron cerrados por temor a los ataques de grupos armados, que exigen "cuotas" mensuales de hasta dos mil dólares.
En la iglesia Visión en Acción de Ciudad Juárez, liderada por el evangélico José Antonio Galván, saben desde hace siete meses que el precio de la vida de su pastor es de dos mil dólares al mes. Ésa es la cifra de la extorsión cotidiana que sufren los negocios de esta ciudad, donde los centros religiosos se suman a la lista de restaurantes, bares, funerarias, carnicerías, compañías de autobuses, establecimientos de venta de vehículos usados, entre otros, que tienen que pagar puntualmente la "cuota" a los grupos armados mexicanos o correr el riesgo de ser incendiados.

"Han echado de la ciudad como a 60 pastores evangélicos", explicó Galván desde su despacho repleto de imágenes y símbolos de los conquistadores españoles. "Les han matado familiares por no pagar y otros han decidido entregar desde cien dólares a la semana", agrega el pastor. La exigencia de las cuotas se multiplicó desde que el presidente conservador de México, Felipe Calderón, lanzó hace 21 meses la guerra contra el narcotráfico, que dejó más de 2.650 asesinatos en 2009 a pesar del envío de más de 8.000 soldados y 2.000 agentes federales.

El pastor confiesa que por no tener el dinero para pagar huyó durante un tiempo a Estados Unidos, pero decidió regresar hace tres meses. "Si Dios dispone que me maten, moriré", admitió. Las amenazas se mantienen a pesar de que la ciudad puso en marcha el 3 de enero un acuerdo con la línea telefónica de EE.UU. Crime Stoppers, a la que los juarenses pueden llamar de manera anónima para denunciar delitos. Las denuncias después son canalizadas a las autoridades federales mexicanas que se encuentran en la ciudad considerada más violenta del mundo.

"No denuncio porque las autoridades no hacen su trabajo. No nos protegen, no van a investigar y muchas colaboran con los criminales", afirma Francisco, un pequeño empresario de un centro de diversión que prefiere mantener en silencio su apellido por seguridad. Cada semana guarda unos mil dólares de sus ganancias para entregárselos a un grupo armado desconocido.

El local de Ciudad Juárez es uno de los pocos que sobreviven gracias a los pagos periódicos. Incluso su trato con los extorsionadores es cordial. "Estamos bajo la ley del crimen", afirma. "He pensado en huir, como muchos otros, pero no puedo dejar mi ciudad en manos del crimen". Las extorsiones, que se pierden entre las noticias cotidianas sobre los 15 asesinatos al día en promedio, se hacen visibles en la realidad de los centros médicos, donde también los profesionales son víctimas. Más de 50 médicos han pedido su traslado a otras ciudades del país, según la doctora Leticia Chavarría, presidenta del Comité Médico Ciudadano de la ciudad.

Las amenazas afectaron ayer hasta el paisaje del día de Reyes en Ciudad Juárez. La Central Panificadora, que cada año dona una rosca gigantesca a cientos de juarenses con pocos recursos, fue atacada por tercera vez al negarse a pagar una cuota de extorsión. La celebración, por primera vez en los últimos años, se suspendió. (DPA)

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