México castiga un poquito al Norte

Fue una sanción, pero no llegó al punto de prohibir la entrada de camiones estadounidenses. En quince años de vigencia del tratado de libre comercio, siempre México cedió ante Estados Unidos. Obama ordenó revisar las opciones para resolver el problema.
Por primera vez en 15 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), el gobierno mexicano hizo algo más que levantar la voz a la Casa Blanca: tomará represalias comerciales contra Estados Unidos por la reiterada violación del capítulo de transporte. Luego de que el Congreso estadounidense cancelara los fondos con los que operaba un “proyecto demostrativo” que permitía la libre circulación de camiones de ambos países, la administración de Felipe Calderón respondió con la aplicación de aranceles adicionales desde 10 hasta 45 por ciento a 90 productos agrícolas e industriales de ese país. La medida se aplica sobre el equivalente a 1,7 por ciento de las importaciones mexicanas, que en 2007 representaban unos 2400 millones de dólares.

Lo singular de la disposición es que nunca antes un gobierno mexicano se había atrevido a tanto. Las administraciones de Ernesto Zedillo y Vidente Fox siguieron la pauta de sometimiento que marcó a las negociaciones del Tlcan desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, quien a principios de los ’90 abrió todo lo que le pidieron Estados Unidos y Canadá, incluyendo los estratégicos sectores agropecuario, energético y financiero, lo que dejó a México en calidad no de socio sino de siervo.

Uno de los sectores más golpeados por la pésima negociación mexicana, que hizo gala de su inexperiencia e ingenuidad, es el agropecuario. Solamente la importación de cereales se incrementó en 56 por ciento; en el caso de semillas y frutos oleaginosos en 62,5%, y en 17% para la carne, durante los primeros 10 meses de 2008, tras la total liberalización de este capítulo. Según la Confederación Nacional Campesina, a 15 años de vigencia del Tlcan, la dependencia alimentaria del país es de 42%; se han realizado importaciones por un valor de 125 mil millones de dólares, y los precios reales para los productores han caído entre 40 y 70 por ciento.

En el campo energético no le fue mejor a México, que prácticamente cedió la exploración y explotación de crudo y gas, la producción de petroquímicos y la generación de energía eléctrica. En cuanto al sector financiero, el despojo fue total: hoy sólo existe un banco con capital netamente mexicano; el resto de la banca quedó en manos de firmas extranjeras, entre ellas, la maltrecha Citigroup, que controla Banamex, el mayor banco mexicano.

En el caso del transporte, el paso de los camiones mexicanos es una batalla que ha durado casi 30 años. El Tlcan contemplaba el libre tránsito en los estados fronterizos a partir de 1995, y la total apertura a partir de 2000. Sin embargo, las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush violaron ese acuerdo, con el pretexto de la inseguridad que representa que camiones mexicanos circulen por sus carreteras.

En medio de la disputa, México apeló a un panel de controversias, el cual emitió un fallo a favor de México en febrero de 2001: Estados Unidos debía cumplir sus compromisos. Pero en lugar de eso, México volvió a ceder y aceptó la entrada en vigor el 6 de septiembre de 2007 de un “proyecto demostrativo”, el cual fue cancelado por el Congreso estadounidense la semana pasada. Hasta julio de 2008, participaban diez empresas norteamericanas, con un total de 55 camiones y 69 conductores, mientras que del lado mexicano fueron 27 empresas, con un total de 107 unidades.

El programa piloto original permitía la libre circulación de camiones de ambos países.

Ni Zedillo ni Fox ni Calderón han resuelto un conflicto que se mantiene prácticamente igual desde el 1° de enero de 1994, cuando entró en vigor el Tlcan: los “viejos e inseguros” camiones mexicanos no pueden cruzar la frontera, mientras el poderoso gremio de los teamsters condiciona su apoyo político-electoral al gobierno estadounidense de turno a cambio de mantener sellada la frontera.

Las represalias anunciadas por la administración de Calderón fueron calificadas en Estados Unidos como “un recordatorio” de los compromisos comerciales que ese país debe cumplir. Por lo pronto, Obama ha ordenado revisar las opciones para resolver el problema. Sin embargo, México ni siquiera tiene contraparte para negociar: Estados Unidos aún no designa un secretario de Economía.

Pero más allá del beneplácito de muchos por el tono del discurso mexicano, lo cierto es que el entusiasmo es muy limitado. México ha desperdiciado nuevamente la posibilidad de aplicar sanciones mayores contempladas en el propio Tlcan, es decir, ojo por ojo, y prohibir la entrada de camiones estadounidenses. Además, para aplicar los nuevos aranceles a los productos castigados podrían pasar meses de trámites burocráticos. Y antes de que eso ocurra visitarán el país la secretaria de Estado Hillary Clinton, la próxima semana, y luego el propio Barack Obama, el 16 y 17 de abril.

Este sería el segundo encuentro entre Calderón y Obama, que ya se reunieron en enero pasado en Washington. El entonces presidente electo de Estados Unidos le anunció al mexicano su intención de revisar algunos aspectos del Tlcan.

Comentá la nota