Mete gol Grana

Mete gol Grana
RIVER 0 - LANUS 1: Velázquez fusiló a Vega y le dio el triunfo a Lanús sobre un River que no mereció perder pero que, más allá de tener la bola, tampoco encontró razones para ganarlo.
Llueve, para, llueve otra vez. El viento no deja nada en pie. Aguirre acomoda la pelota, la pisa y Velázquez la transforma en un misil. Vega da un paso equivocado, queda atrás de la barrera, vuela, alcanza a rozarla, pero ya no logra desviarla. Astrada y Hernán Díaz ni piensan en abrazarse. Gallardo, Buonanotte y compañía están lejos de pelearle un lugar en el Museo del club a la Máquina, pero al menos tienen una idea de juego. Y no es poco. River, por primera vez en mucho tiempo, no merece perder. Ojo, ni ganar. Pero tampoco el equipo de Zubeldía. El partido no tiene dueño, aunque Lanús se lo queda con la bomba de su capitán. Mete gol Grana.

Fortalecido por el empate contra Boca, ancho como nadie por el triunfo frente a Argentinos, River salió a jugar su partido ante Lanús sin apuros, sin presiones, apenas con la intención de ratificar la levantada anímica y futbolística. Bien parado, con Gallardo otra vez como eje de tres cuartos hacia adelante y Almeyda pisando fuerte de mitad de cancha hacia atrás, no le costó nada manejar la pelota a gusto. La tuvo, la paseó, fue ancho para controlarla, pero le faltó pimienta, verticalidad, sentido a tanta posesión y, sobre todo, ese delantero que generara huecos dentro del área o que, al menos, saliera para descargar y volver a buscar. Le sobraron, sí, conductores (Gallardo, Mauro Díaz, de a ratos Buonanotte) y gente para desbordar (Ferrari, Rosales, Abelairas...), pero siempre terminaron obligados a volver atrás, a tocar sin oportunidad de meter el cuchillazo. Dependió exclusivamente de que el Enano se sacara de encima a un rival o de que Gallardo acertara desde afuera. Pero el chiquitín sólo logró filtrarse al minuto de juego para conocerle la cara a Marchesín y el propio arquero le sacó un buen derechazo al Muñeco.

Lanús jamás alteró su idea. Salió a contragolpear y terminó de contra. Zubeldía no tuvo necesidad de cambiar el dibujo (como sí hizo Astrada), apenas necesitó repetir la fórmula que usó cuando se cruzaron por la Sudamericana y que sus jugadores entendieran que el negocio era llevar a River a las bandas. Pudo haber aumentado ese 1-0 (Salcedo y Salvio se perdieron más de un gol). Pero al final no lo necesitó. Como la garúa, River molestó, molestó, pero no mojó. Y la zurda de Velázquez le dio argumentos al triunfo.

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