Las metamorfosis de un muchacho de barrio

Por Enrique Pinti

Fue un fenómeno popular con características propias. Lo que lo hizo grande fue que tuvo la intuición de hacer una metamorfosis; la gente que continúa y que se instala es la que va cambiando sin ser infiel a su estilo. El comenzó de una manera para una determinada época, después pasó a la balada romántica y más tarde supo mantener su estilo, pero lo fue modificando a medida de que fue creciendo como persona.

Entonces los chicos y las chicas del rock and roll se convirtieron en las jóvenes amas de casa que veían en él un erotismo permitido, uno que no irritaba a los hombres sino que los ponían de su parte. Era un ser tocado por la mano de Dios: consiguió por su atorrantez de barrio nata ser cómplice de los hombres, el amigo seductor de las mujeres y tomarse un poco en broma él mismo hacia el fin de su vida. Así que hizo todas las metamorfosis que su inteligencia le permitió; sólo hay que imaginarse si hubiese mantenido su imagen de Sandro y los de Fuego a los cincuenta años. El asumió su madurez y lo hizo de una manera maravillosa, por eso cuando algunos decían que estaba declinando resurgió como un Ave Fénix.

En la Argentina hay una tendencia a calificar de grasa lo que es popular, y por muchísimos años Sandro arrastró multitudes mientras que los eruditos decían que era grasa, lo que era absolutamente falso: era un artista y había que verlo en el escenario desplegar una energía poco común. Pero Sandro estaba más allá de todo eso, tenía una gran empatía con su público y además no desafinaba ni una sola nota, sabía música, fue en verdad un profesional. En definitiva, fue un gran músico, un showman y un hombre absolutamente comunicativo con la gente. Con el tiempo tuvo el reconocimiento de todos lo rockeros, los de su época de los que lo siguieron.

Fue auténtico, feliz y todo lo que hacía era irradiar alegría. Sin dudas, pertenece a una época de barras de barrio, a una época de códigos, y no se lo va a olvidar de ninguna manera. Los que calan hondo y representan épocas, persisten, como Gardel, como la Negra Sosa, y ahora como Sandro.

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