Messi no es el mismo del Barcelona porque la Selección no juega como el Barcelona

Lionel Messi es el heredero. La distinción tiene el valor de haber sido conferida por el propio Diego Maradona. El que ahora, como técnico, eligió a Messi para que decida, como lo hizo él en el ’86. Y el que bendijo al crack de Barcelona con la diez. Será para siempre el joven rosarino el primero en lucir ese número en la era del Diez.
Ayer era uno de esos partidos para refrendar las credenciales o quedarse en la eterna duda: ¿podrá Messi alguna vez ser en la Selección la perla que brilla en su equipo? Habrá que esperar para abrir juicio. Aunque algo quedó claro. Si Messi no es el del Barcelona, es porque Argentina no juega como el equipo de Pep Guardiola. Ni en fisonomía ni en rendimiento.

Por lo que a Messi respecta, anoche fue uno de los mejores del equipo. En todo caso, las dudas se abren en el repaso de otros nombres: ¿por qué Kun Agüero no es el delantero efectivo del Atlético de Madrid? ¿O Diego Milito el goleador que gana prestigio en la competitiva liga italiana? Ni hablar de Carlos Tevez, lejos de sostener en cancha esa condecoración que lo distingue como "el jugador del pueblo". Sin tantos pergaminos, el que estuvo por encima del nivel esperado fue Jesús Dátolo, que con su bomba logró, por un rato, poner a Argentina a tiro de Brasil.

Repertorio sin final. Fue la Pulga el jugador que Maradona pretendía en los primeros veinticinco minutos de cada tiempo. Como si se tratara de un pacto con el reloj, el chico que nació en Rosario (pero que nunca había jugado profesionalmente en su ciudad) desplegó su mejor juego cuando tuvo aire. Primero fue el socio de Verón lejos del área. Y entre sus ítems se destacan un zurdazo desviado, un puñadito de pases verticales y hasta algún lujo: caño en mitad de cancha para mantener el control de la pelota.

Sobre el final del primer tiempo hizo una jugada de videojuegos de cara al arco que terminó en patada de Luis Fabiano, quien recibió tarjeta amarilla por la infracción.

Diego le agregó compañía para la segunda parte. Desde el arranque ubicó adelante a Agüero (ingresó por Maxi Rodríguez) y Messi lo buscó con paredes cortas. La sociedad no fue un éxito, pero bien valió el intento. Quedó como imagen selecta la mandada del joven del Barça que no fue gol porque su remate pegó en Maicon y, dos minutos después, su pase exacto a Milito, que demoró la definición y perdió ante Julio César.

Con un buen Messi y una Argentina que empujó hasta donde pudo, la sensación es que Diego puede tener su heredero. Pero que no alcanza con Messi + diez.

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