Messi, el dueño de la batuta.

COPA DE CAMPEONES DE EUROPA: Ningún equipo del mundo puede garantizar un espectáculo pleno de belleza y de goles, es verdad. De todos modos, hoy, hay uno que invita a sentarse frente a la TV porque es muy probable que sorprenda con una producción tan interesante como bonita. Es el Barcelona. Y si se trata de una propuesta que vale, en gran parte, es porque cuenta con un futbolista que desafía la mediocridad.
Es Messi. Claro, Lionel tampoco está solo. Arriba, lo acompañan dos explosivos también difíciles de repetir, como Eto'o y Henry. Y a ese trío de ataque más que temible, desde unos metros más atrás lo alimentan Xavi e Iniesta con criterio, cambio de ritmo y mirada amplia. Este Barcelona, con este Messi y con esta compañía puede, por ejemplo, arrodillar a Bayern Munich en apenas un tiempo, en un encuentro decisivo de la Champions League, en la ida por los cuartos de final.

Para concretar ese 4-0 final que aplaudió todo el Nou Camp, Barcelona necesitó sólo los primeros 43 minutos de partido. Y lo hizo por esa orquesta colectiva que a veces suele asombrar, con Messi como director estelar. Fue imparable La Pulga, como lo había sido con la Selección de Maradona contra Venezuela, como no lo había sido en la altura de La Paz ante Bolivia.

Messi fue Messi en esa asistencia de Eto'o que controló adentro del área, para levantar la cabeza y tocarla de zurda con suavidad y precisión, a su estilo, contra el palo derecho del arquero en el 1-0.

Messi fue Messi también cuando le devolvió la gentileza al camerunés con un toque que lo ubicó en la puerta del 2-0.

Messi fue Messi además llegando otra vez a la red para aprovechar un pase justo de Henry. Y lo hizo con oportunismo de goleador, como para certificar que no es una casualidad que la tabla de anotadores de la Champions League lo ubique en el peldaño más alto.

Messi fue Messi en esa perla que elaboró encarando y gambeteando desde la derecha hacia el medio, como más le gusta. Fueron quedando alemanes por el camino hasta que cayó al piso, golpeado por Van Bommel. Eso sí, la pelota siguió hacia el destino final, hacia Henry, quien ingresaba por la izquierda y resolvió con la jerarquía que distingue a Barcelona, despacito, a colocar, con precisión.

Messi pudo ser mucho más si le cobraban un claro penal que le cometieron y el árbitro ignoró. Tan grande fue ese penal que, ante la injusticia, el técnico Guardiola estalló y concluyó expulsado.

Messi pudo ser mucho más si después de gambetear a un par de adversarios el arquero no hubiera manoteado su zurdazo bajo, logrando que la pelota se elevara, tocara el travesaño y saliera.

Messi y Barcelona fueron demasiado para un Bayern Munich que parece no hallar la salida a su crisis futbolística. Los alemanes venían de perder con Wolfburgo, por la Bundesliga, nada menos que 5 a 1. Encima, el equipo de Martín Demichelis (titular; se lo observó muy frágil) y José Sosa (entró a los 32 del segundo tiempo) sufrió ausencias pesadas que lo obligaron a improvisar la defensa sin Lucio y Lahm. Y que arriba extrañó a su goleador Klose, lesionado.

Así como Barcelona quedó a un paso de las semifinales, también ayer Chelsea se acercó muchísimo a esa instancia, al vencer como visitante a Liverpool (sin Mascherano) por 3 a 1. En Anfield Road ganaban los locales con gol de Fernando Torres. Pero Chelsea lo dio vuelta con dos cabezazos de Ivanovic en sendas jugadas con pelota detenida y cerró el resultado Drogba. Claro que en Liverpool - Chelsea faltó el brillo que a Barcelona le sobró. Faltó ahí un Messi, quien para el presidente de Barcelona, Joan Laporta, "es el mejor del mundo. Jugadores como Lionel aparecen uno cada 30 años".

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