Mercado del usado.

Por: Hugo Asch.

POCOS PASES, CRISIS Y BOLSILLOS VACiOS

El problema con Reutemann era su insistencia en firmar justo con los equipos que ya tenían al número uno en funciones. Así, pese a su enorme talento, la cosa era medio imposible. Rebelarse contra el poder –lo aprendería con la amarga experiencia– sería aún peor. Le pasó con Niki Lauda en Ferrari, con Mario Andretti en Lotus, con el granjero Alan Jones en Williams; con Menem, con Duhalde, y ahora con Néstor en el PJ-K. Uf. Es un karma, pobre.

Mientras en Santa Fe el Lole piensa a qué auto subirse y los Dakar giran a mil por los caminos del Señor, el flamante presidente académico, Rodolfo Molina, se muere por un golcito para los suyos. Sentimiento que comparte –se ve–, con el secretario de Ambiente, Homero Bibiloni, el reemplazante de Romina Picolotti, la chica de los rulitos. Porque resulta que su hijo Nehuén –no confundir con Lihué, que es Prichoda– fue el feliz primer adjudicatario del Plan 0 Km lanzado por el Gobierno. Que es ¡un Gol! Eso sí es suerte, muchachos, y no lo de Migliore y Boselli.

Bah, no tanta suerte. Porque el tigre Massa, jefe de Gabinete y subcampeón argentino, visitó al funcionario y... el nene, pobre, tuvo que renunciar de inmediato al beneficio. A pata, de nuevo. Rápido de reflejos y viendo cómo venía la mano, Molina prefirió ir a lo seguro y dejó la seña por un viejo Falcón gasolero que en Colón usaban como remís y que había pasado por Racing en 2005. Es lo que hay.

Bien lo sabe su vecino, Pepé Santoro, que sueña con lo imposible y choca contra la dura realidad. “A veces uno pide un Mercedes Benz y nos traen un fitito”, confesó hace días, con amable melancolía. Mientras cantaba su tango, el morochazo Moreno, viejo conocido, negociaba su regreso con la promesa de hacer goles, esta vez sí. Y Gustavo López, modelo de colección fuera de catálogo en España, también ruega por un lugar en el garage de la nueva casa. Pintura original, rojo fuego. Taxi, sólo a veces.

River tiene una Ferrari que, de todos modos, hace tiempo dejó de ser suya. No importa. Ahora quiere a la camioneta de moda, la Fabbiani Ogro XXL Full, que viene con todos los chiches. Motor preparado, patonas, llantas deportivas, audio de mil watts y luces halógenas para girar tranqui de noche. Si logran arreglar sus papeles, verán cómo combinarla con la Falcao Gol, serie Amén; el típico vehículo familiar que los matrimonios de jubilados usan solo para ir a misa. ¿A cuál subirse? Ese será un dilema para el bueno de Gorosito, el técnico vintage de exótica melena onda Tremendo. ¡Vuelven los 80, a full!

Hijos de la crisis y la escasez, los que hoy cotizan mejor que nadie son los usados fabricados en los tempranos años 70. Definitivamente inalcanzables los prototipos de lujo –Messi, Agüero, Gago, Mascherano, Tévez–, hay que conformarse con lo que queda en stock permanente. No está tan mal. Pasen y vean.

Tenemos al Caldera J.L. Highlander Sport, la gauchita Bichi F-100 ó a las baqueteadas pero muy efectivas cupecitas: la Schiavi Sierra, la Palermo Fuego y la Ibarra New Generation, negra. Además, el renovado Grand Guille USA Turismo, y la deslumbrante Verón J.S. Testacalva, codiciada hasta en la patria de don Enzo, que no Francescoli. Son máquinas de otros tiempos, confiables, con buenos chasis, elaboradas artesanalmente. Nada que ver con esas latitas sin repuestos que se colocan en Europa y mañana vuelven con la chapa abollada y el motor fundido. ¡Que vivan los Siam Di Tella, melancólicos míos!

A falta de un mercado brillante, lo más rutilante de la temporada, por lejos, será el retorno a Boca de un clásico con nuevo diseño: el Bianchi V49 Manager. Un fierro. Lo demás es pura espuma, comparsa en un casting permanente. Pequeñeces. A propósito de eso, Maxi Morales, dispuesto a hacerse notar en el mercado, ya no quiere ni oír hablar de Rusia, una liga donde el más petiso mide 1,80. Lo bien que hace. El otro jockey nativo, Diego Buonanotte, quizá se tiente con vivir su propio cuento de Las mil y una noches en Qatar, un lugar donde no suelen fijarse en gastos ni en centimetraje. Todo es posible en este mundo, amigos, menos que Maxi López regrese al Barcelona. Digo, bah; no sé.

El movimiento de técnicos es otra desgracia. Alejados de la sofisticación de Simeone, el marketing berreta pero efectivo de Ramón, el histrionismo del Bambino Veira o los sainetes de Caruso Lombardi, a estos entrenadores en funciones –más allá de sus apreciables talentos– se los nota más aburridos que cenar con Cavallo. Repasar la lista, deprime un poquito.

La cenicienta Ischia. El políticamente correcto Russo. El muy representado Llop. Pipo G., la estrella retro. El escribano Alfaro. Los buenos de Cagna o Gareca. El distante Zubeldía. Los desangelados Burruchaga, Astrada, Madelón y Sensini. Y el paciente don Pepé, más cerca del Cerebro Mágico que de la PlayStation. Help.

¿Qué hacer si el fútbol se vuelve demasiado formal y previsible? A no desesperar, compatriotas. Siempre nos quedará nuestra divertida farándula. Es decir, algunos de ellos, que son bastante más de dos. No fallan. Hablo de esa increíble troupe de audaces que se exhiben sin falsos pudores en la tele. Juntos o separados, diciéndose de todo o reconciliados para la foto; siempre estirando los límites, buscando prensa gratis para la próxima temporada. ¡That’s entertainment!

Encima este año tienen campaña, no se olviden.

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