Meoni: ¿a favor o en contra?

Hasta mediados de la década del treinta los diarios tenían claras preferencias políticas y lo expresaban a viva voz.
William Randolph Hearst, el excéntrico editor periodístico americano a quien Orson Wells hizo famoso con su película "Ciudadano Kane", no sólo gritaba su elección política a los cuatro vientos, sino que estuvo a punto de convertirse en presidente del país del norte.

Decir a qué partido pertenecía un diario y pelearse brutalmente con la competencia (Hearst y su competidor, Pulitzer, se "mataban" todos los días) eran las claves del éxito en aquellos tiempos turbulentos. Sin embargo, terminada la segunda guerra mundial, los lectores empezaron a demandar un nuevo tipo de medio.

¿Qué características tenía? Básicamente las que conocemos hoy. Es decir, diarios y revistas con cierto grado de objetividad. Aunque algo de esta tradición sobrevive en los medios americanos que suelen apoyar a uno u otro partido, ya nadie divide las aguas. El lector elige a aquellos que mantienen distancia y pueden brindar un panorama amplio de la realidad. Con algunas variaciones, en Argentina pasó más o menos lo mismo.

Lamerle los

zapatos al poder

Ahora bien, incluso en aquellas remotas épocas de pioneros del periodismo, los diarios oficialistas eran denostados. ¿Cómo se manejaban? Una cosa era apoyar a un partido determinado, y otra muy distinta "lamerle los zapatos" cuando alcanzaban el poder. Es más, muchos medios de entonces solían ser terriblemente críticos con los gobernantes de sus propios partidos. Compartir una visión no significaba compartir el desarrollo gobierno. ¿Por qué? Le guste o no a los gobernantes de turno, la misión de un diario es criticar al poder. Los periodistas son críticos por naturaleza (si no lo son hay gato encerrado). Claro que criticar no siempre quiere decir golpear. Es curioso que en el caso de un crítico de cine lo tengamos claro y en el de un periodista no.

Nadie creería en un profesional que dice que todas las películas son buenas ni en otro que afirma que todas son un bodrio.

El buen periodismo es

más difícil de hacer

El problema con el buen periodismo es que resulta más difícil de hacer. La cantidad de intereses, egos y hasta negocios que se ponen en juego es terrible. Son muchas las presiones de todo tipo y esto vale tanto para un diario de Junín, como para otro de Estados Unidos.

Si bien cambian las escalas, los planteos son idénticos. A lo largo de este año en La Verdad hicimos muchas notas que levantaron polvareda. Desde un inocente consejo que molestó a mucha gente ("10 claves para que Junín vuelva a ser un centro turístico"), hasta la ya mítica "Itoiz y la tasa de chocolate", pasando por "Los Campanelli del poder", "Un café con el intendente" y muchas otras que los lectores recordarán. Pero lo más interesante no pasó en las páginas del diario. Pasó afuera. La usina de rumores trabajó a pleno. ¿A qué vienen estos tipos? ¿Quién los manda? ¿Con qué bomba van a salir este fin de semana? Más la cantidad de blogs, notas y anónimos que destacaron mi condición de "extranjero", privilegiado, y un montón de cosas más de las que no me puedo (ni quiero) hacer cargo.

Mentalidad

conspirativa

Dado que mi formación central es filosófica y no periodística, me cuesta entender la mentalidad conspirativa que domina todo (los periodistas de raza están más acostumbrados a eso), únicamente me preocupo por comunicar bien y, en la medida de lo posible, ponerle un poco de humor y desparpajo a esta realidad agobiante que vivimos. De ahí los títulos y algunas imágenes delirantes que me doy el lujo de incluir en los textos que, por lo que dicen las ventas, el juninense agradece. Y no sólo mis notas, las de todo el equipo de excelentes profesionales que tiene el diario.

Reflexiones aparte, hay una cuestión sobre la que si querría profundizar: ¿Estoy en contra del Intendente Meoni? Primero, Meoni no es un funcionario más. Mientras la mayoría de los Intendentes (salvo contadísimas excepciones) tiene fecha de vencimiento, el hombre se las arregló para construir una nada despreciable proyección política. Es una realidad incuestionable que la máxima autoridad de Junín está sonando a nivel nacional.

Más allá de Junín

Ayuda su relación con Cobos, pero hay algo en su personalidad que parece funcionar más allá de eso. Es mucha la gente de Buenos Aires que pregunta por su figura o lo vio en algún acto y tiene inquietudes sobre su forma de ser (siempre me toca aclarar que no soy justamente su mejor amigo). Aunque la única vez que nos cruzamos fue durante la entrevista que le hice, creo que él no es demasiado conciente de la situación y que, erróneamente, está "acomplejado" por la falta de un título universitario; carencia que, en un país donde la mayoría de lo que nos gobernaron mal contaba con sobrados títulos y honores, significa poco y nada.

Privilegio de pocos

Segundo, hoy por hoy, en Junín no tiene competidores fuertes y a juzgar por las encuestas la gente lo "quiere" (hasta donde se puede querer a un Intendente en funciones). Con esto trato de decir lo siguiente: aunque puede no parecerlo a simple vista, Meoni es un político poderoso y de considerable influencia que tiene enormes chances de llegar lejos. En tren de comparar, Abel Miguel jamás estuvo cerca de semejante escalón. Por eso mismo hay que seguirlo bien de cerca, saber cómo se mueve, con quién se junta, qué hace y qué no.

Un deber, no una opción

Tomando en consideración el poderío que va acumulando, criticarlo es un deber, no una opción. En eso estamos. Creo que, en su rol de político con proyección, a Meoni sólo le falta entender aquella famosa frase de Frank Sinatra: "Para que te vaya bien tenés que tener amigos. Para que te vaya muy bien tenés que tener enemigos". En buen criollo: sería lindo avanzar con los "amigos" que te ayudaron a llegar al poder, pero resulta imposible.

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