Mentiras y mentiritas: el INDEC embarró una encuesta del Central

Por: Alcadio Oña

El REM es un relevamiento de expectativas sobre una serie de variables económicas y financieras clave, que el Banco Central hace todos los meses entre consultoras, bancos, universidades y fundaciones. En origen fue pensado como un instrumento útil para proyectar políticas públicas, tal cual se estila en muchos países. Por culpa de los artilugios del INDEC, hace tiempo que sirve para poco y nada.

Allí se anotan, en casilleros específicos, las estimaciones de cada uno. Entre otras, sobre el índice de precios, la evolución de la economía y el desempleo, el dólar, las tasas de interés, la recaudación impositiva y las cuentas fiscales. Todo valioso sólo en las apariencias.

Mensualmente, el Central informa sobre los resultados y, a partir de allí, sale un ranking sui generis con los cinco que cosecharon más aciertos. Pero como lo que cuenta en el REM no es aquello que cada cual piensa, sino los datos que después muestre el INDEC, el jueguito consiste en tratar de pegarla con los números oficiales.

Figurar en ese ranking significaba prestigio y una buena carta para conseguir clientes.

Eso también es cosa del pasado. De tan contaminadas que están muchas cifras oficiales, los participantes dejaron de hacer esfuerzos para que se supiera que habían entrado entre los cinco primeros. Algunos se borraron de la encuesta del Central y lo hicieron público, otros siguieron el mismo camino pero por ciertas sugerencias evitaron ventilarlo. Y muchos optaron por no cargar sus cálculos en aquellas casillas donde es notoria la mano de Guillermo Moreno en el INDEC.

En un principio, el caso más brutal fue el del índice de precios: aquí los que pasan de largo son unos cuantos. Pero por la tómbola de los aciertos, quienes siguen apostando ponen una inflación oficial que, en promedio, da 7,9% para este año. Nadie cree en ese número. Y el que de verdad calculan se lo informan a las empresas que asesoran: obvio, con el trabajo no se juega.

El largo brazo de Moreno ya llegó a los datos sobre la marcha de la economía. El INDEC acaba de transformar un indicador positivo del 0,7% para diciembre en otro negativo del 1,3%: preocupó más acomodarlo a otros números que el enorme margen de error que eso implica. Manipulación igual a decir que en enero la economía creció 2,3% contra enero del año pasado, o sea, 2,3% sobre el 10,2% de 2008. Así, según el Gobierno, la economía sigue creciendo: nada de recesión, nada de qué preocuparse.

Hay otra trama en el juego de artificios con el REM. La explica un consultor: "Para nosotros es importante anticiparnos al dibujo que se hará con el índice de precios, por los bonos atados a la inflación oficial. Y también adelantarnos a la cifra sobre la economía que dirá el INDEC, por los bonos que se ajustan según el PBI. Hacemos proyecciones sobre las fantasías del Gobierno".

Aquí importa algo más que el puntaje. Acertar o aproximarse a los datos oficiales que luego serán difundidos, es información financiera para los clientes con títulos públicos: de nuevo, trabajo por el que cobran.

"Todo o casi todo lo que venga del INDEC no resiste el menor análisis, hasta la misma tasa de desocupación", dice un consultor que ya se borró de la tómbola. Cree, en cambio, que aún son confiables las cifras del Banco Central y del Ministerio de Economía.

Puede que dibujo liso y llano no haya, pero existen malabares que ocultan la situación real de algunas cuentas. En el superávit fiscal, las deudas que se acumulan con contratistas y compañías energéticas. O los atrasos en el pago de reintegros y reembolsos a los exportadores, que explican el fuerte crecimiento de la recaudación del IVA y abultan los ingresos de la AFIP.

Son, al fin, obligaciones que no desaparecen sino que se las empuja para más adelante. Y así sea lo menos importante, la recaudación y el superávit también figuran en el REM.

Está claro que ya nadie toma en serio a unas cuantas estadísticas clave del INDEC, aunque se las use en el muestrario de éxitos del discurso oficial. Otra cosa es creérselas y hacer política económica y social en base a ellas: tan insólito, como que algunos funcionarios se manejan con cifras más veraces.

Es más que probable que entre ellos se cuenten los técnicos del Banco Central, pues sería por lo menos imprudente hacer política monetaria según la inflación oficial. Un ejemplo es el de las tasas de interés: para muchos empiezan a ser impagables, pero resultan enormes medidas contra un índice de precios que, según el INDEC, anda por debajo del 7% anual. Surrealismo financiero.

Y si la desocupación fuese la que cuenta el Gobierno, tampoco se explican los esfuerzos crecientes que el Ministerio de Trabajo hace, entre empresas y gremios, para contener los despidos. Aun así, cesantías hay. Claramente, en ciudades del interior pegadas o no al conflicto con el campo: como suele pasar, tardan más en llegar a los grandes centros urbanos, pero si nada mejora al final llegan.

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