A la mentira, (casi) siempre le sigue la verdad

Será dura la asunción de la realidad en Neuquén: el contexto internacional y nacional se ha complicado mucho, y el sostén del recurso petrolero no alcanzará a disimular las urgencias de una sociedad cada vez más demandante.
La natural evolución del proceso de la mentira es la lenta asunción de la verdad. Todas las mentiras tienen patas cortas, como dice el refrán, porque no soportan una larga carrera.

Es lo que está pasando en Argentina respecto del carnaval de ilusiones montado desde la base matrimonial del Kirchnerismo. Nunca antes la Argentina fue tan estafada desde el poder, ni siquiera en las peores y más crueles dictaduras.

Sin embargo, esta lenta asunción de la verdad no es agradable. Supone asumir que a la Argentina le fue bien mientras le fue bien al mundo, y que ahora, en consecuencia, le empezó a ir tan mal como al resto.

Supone enterrar para siempre la teoría de “nos arreglamos con lo nuestro”, que tantas veces se usó en Neuquén, de manera igualmente equivocada.

Supone, en fin, afrontar que vivimos en el mismo país, tan elemental y careciente de fortaleza institucional y cívica como en la peor de sus épocas, siempre fluctuantes entre el penar y el goce.

Neuquén enfrenta esta coyuntura también desde una cierta engañifa. El MPN, con sus 45 años de vigencia casi ininterrumpida en el gobierno provincial, ha terminado por ser una especie de ícono que garantiza crecimiento, progreso, calidad de vida respecto de otras provincias.

Esto es tan poco cierto como casi todos los edificios construidos en la mitología política argentina: ningún partido político asegura por sí mismo nada, sin el consenso (y el trabajo) de la sociedad que le da sustento. Pero en estas irregularidades de la verdad está basada buena parte de la sociedad nacional.

El gobierno de Jorge Sapag pasó sus primeros seis meses basados en la promesa de que “todo cambiará” con la renegociación de los contratos petroleros. Los siguientes seis que completaron el año, fueron piloteados en base al mismo argumento, aunque ya con indicios de que se aplicaba un freno al gasto salarial, que había avanzado casi imprudentemente mientras los recursos apenas si mantenían el mismo nivel, y la inflación destruía previsiones de costos de emprendimientos y obras ya comenzadas.

Entre medio, el mundo del capitalismo del tercer milenio comenzó a estallar desde la pinchada burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos. Comenzó el derrumbe de los precios de los commodities, y en Argentina el conflicto entre el gobierno y el campo cambió el panorama e intranquilizó del todo a la economía.

Sapag comienza el segundo año de su mandato con el cuello encorvado ante la baja altura del techo que tienen en el mundo de la realidad sus aspiraciones económicas y financieras.

El gobierno del MPN se prende otra vez de la teta federal. “Hay que sostener el precio del petróleo –dicen- porque ya Neuquén colaboró solidariamente, y cuando estaba a 150 dólares el barril resignó sus ingresos”.

El precio del petróleo es tan equivocado ahora como lo fue cuando estaba a 150 y se pagaba aquí 47 dólares el barril. En ese momento, Neuquén perdió millones de dólares de recursos que le eran –ahora se puede comprobar- muy necesarios.

Ahora, será muy difícil que la provincia consiga por sus propias necesidades mantener el precio en 47 dólares, cuando el precio internacional está por debajo.

Es más fuerte la distorsión del precio nacional cuando es, como ahora, al revés. ¿Qué sentido tiene que se pague más caro el petróleo en Argentina? ¿Cómo se justifica una realidad tan apabullante como la que implicaría sincerar para abajo ese precio y bajar el de los combustibles, beneficiando al conjunto de la población?

Ahora sí tiene sentido la “solidaridad”. Cuando se dijo que a los petroleros argentinos no se le podía reconocer el precio internacional, se hizo demagogia con la explicación de que no podía permitirse una nafta tan cara que la haría inaccesible para la población. ¿Cómo se explica ahora que la situación es inversa? ¿A quién se beneficia sino a las petroleras “argentinas”?

La mentira aun reina. El problema no son los precios internacionales, que han fluctuado toda la vida, para bien o para mal. El problema es tener un gobierno que pulveriza las raíces federales consagradas por la Constitución nacional. Que se queda con la parte del león, y le deja a las provincias las migajas y algún “premio” al que se porta bien.

Solamente un ciego voluntario puede no ver la prueba irrefutable: el déficit provincial ha aumentado a expensas de sostener el superávit del Estado nacional. Esto no es hacer un buen gobierno, precisamente, si se toma en cuenta que las provincias son las que dan los servicios de educación, salud y seguridad.

Por eso, este año Neuquén tendrá una lenta asunción de la verdad, después de un largo proceso de engaño, de ilusiones culposas y también inocentes.

No será fácil. Porque en este camino, habrá que frenar las pretensiones de cogobierno de los gremios estatales. Suspender privilegios de sectores acostumbrados a vivir una especie de emirato en la Patagonia ficticia. Y además, seguir con entusiasmo con obras y emprendimientos que necesita imperiosamente para pasar a cultivar el turismo, la agroindustria, la minería, y todas las actividades que le darán opciones de subsistencia más allá de un petróleo que se termina.

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