Los mensajes radicales

Por: Ricardo Kirschbaum

Un emisario del radicalismo llevó un mensaje al tercer hombre de la sucesión presidencial, José Pampuro, en nombre del Vicepresidente. Julio Cobos no se haría cargo si triunfaba en el oficialismo la tesis extrema de "tirarle el gobierno" a su ex aliado. La idea del mensaje fue, en ese tiempo incierto que siguió a la derrota electoral, explicitar que Cobos tampoco se quedaría en caso de que se pretendiese concretar tamaña irresponsabilidad institucional.

Las prevenciones se basaban en recuerdos recientes. El día después del voto de Cobos, contrario al oficialismo, Kirchner había propuesto una retirada general del Gobierno. Sonaron las alarmas y, se afirma, intervino hasta Lula en la tarea de contención. El mismo mensaje preventivo habrían enviado de nuevo a Lula opositores argentinos, a través de empresarios brasileños, por si se repetía el episodio de 2008.

Luego de la elección todo ha sido hasta ahora como debe ser. El infierno tan temido fue sólo una imaginación febril. Más allá de los matices, hubo responsabilidad y compromiso democrático. El Gobierno ha intentado algunos cambios, para conservar la iniciativa: mueve ministros y llama al diálogo. La sinceridad y eficacia de esos actos se probará pronto pero muestran que, aún a regañadientes, debe reconocer la nueva realidad.

El radicalismo también ha enviado otro mensaje a otros sectores opositores: defenderán el derecho de que la primera minoría, el kirchnerismo, presida la Cámara de Diputados. Entre los peronistas que siguieron a De Narváez, además de los macristas y algunos de la Coalición Cívica, anida el deseo de imponer allí a un opositor. El candidato es (¿lo es aún?) Felipe Solá. Para lograrlo necesitarían los votos de toda la oposición unida. Es por eso que la negativa radical es un golpe mortal a ese plan.

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