Mensajes, presiones y deseos

Por: Ricardo Kirschbaum

Hugo Moyano quiere hacer creer que las presiones que descerrajó sobre la Corte se refieren exclusivamente a cuestiones del personal judicial. Pero las palabras del jefe de la CGT van más allá del hecho circunstancial: la Corte ha fallado en favor de la libertad sindical, algo que disgusta a Moyano y a la estructura tradicional del sindicalismo argentino.

La presidenta, con el camionero a su lado, se pronunció ayer en favor de los sindicatos fuertes. La definición de Cristina, en un acto impregnado de rancio moyanismo, no fue gratuita. Interviene indirectamente en esta polémica con la Corte desde otro ángulo: "Cada poder debe armonizar derechos y garantías para que la actividad económica sea viable". El mensaje a los jueces es transparente y su sentido, también. Es que la Corte con sus fallos avanza sobre el articulado de la ley gremial, piedra de toque del edificio sindical.

Una interpretación válida es que la libertad sindical produciría sindicatos débiles y ese raquitismo sería inconveniente para los trabajadores. El moyanismo abona esa teoría.No es ese el pensamiento de la CTA ni, obviamente, de la izquierda dura. En el caso de la Central de Trabajadores, cuyo reconocimiento sigue siendo una deuda política del Gobierno, deja al oficialismo en una flagrante contradicción.Muchos de los intelectuales y militantes que hoy acompañan por ideología y por los fines declamados a los Kirchner parecen haber archivado –u olvidado– su enfrentamiento frontal con la dirigencia sindical de aquella época. Ahora se está hablando del poder y de la alianza principal con Moyano y sus métodos. Quizá para justificarse, parafrasean al filósofo kirchnerista Forster: les gustaría que Moyano sea socialdemócrata y los Kirchner pobres, no millonarios.

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