El mensaje de las urnas será no perder la gobernabilidad y avanzar en la concertación.

Por: Ricardo Rouvier.

Serán muchos los que levantarán su trofeo la noche del 28 de junio. Habrá derrotados, pero serán locales y menos ruidosos. Hay una demanda profunda de dejar de lado las opciones dilemáticas.

Es probable que el 28 a la noche haya un festejo generalizado. Si la promesa de voto al oficialismo en la provincia de Buenos Aires se cumple, Néstor Kirchner elevará el triunfo del espacio más emblemático del campo de Marte electoral como un todo. Francisco De Narváez, aunque entre segundo, habrá duplicado los votos que obtuvo en la elección anterior; y es un claro precandidato a gobernador. Elisa Carrió afirmará; sin equivocarse, que es la segunda fuerza política del país con la sumatoria en la mano de Coalición Cívica, la UCR y los socialistas de Santa Fe. El macrismo será ratificado en territorio porteño y extenderá el éxito a la buena elección de la Unión-PRO bonaerense. También es probable que: Reutemann triunfe; que Juez viva sus votos como una recompensa de aquella elección que le impidió ser gobernador; y es factible que al diputado Agustín Rossi le alcancen en Santa Fe los sufragios para ser reelecto. Y tal vez, Julio Cobos ratifique pergaminos en su terruño mendocino. Como vemos, hay muchos que levantarán sus trofeos el 28 a la noche.

Habrá derrotados, pero serán locales y menos ruidosos que las voces de la victoria. La oposición señalará los menos diputados y senadores que integrarán los futuros bloques kirchneristas; a lo que contragolpeará el oficialismo con el dato duro de su mayor número de votos; subrayando el triunfo en alrededor de 18 de los 24 distritos electorales.

Tendremos un 28 a la noche con una disminuida incertidumbre. El mandato de los votos señalará el camino de la concertación y el diálogo, que es preferible a confrontar sobre la imaginaria liquidación del oponente. O disputar sobre el fantasma de importar experiencias exógenas a nuestro país. Cuando el país marchó a la cola de la locomotora económica e ideológica del mundo en los ‘90, terminó en un colapso económico, social y político en el 2001. Si alguien tuviera la peregrina idea de ‘chavizar’ el país, lo hará sobre el cadáver de la clase media.

Habrá un mandato de las urnas y será bueno que no haya errores de diagnóstico ni confundir la parte con el todo. La fragmentación de toda la política nacional no se resolverá el día de la elección; la política del día después, será también atomizada con diversos peligros generados por la disputa intestina en cada bloque político por la carrera presidencial al 2011: el de Cobos y Carrió es uno de ellos.

La política requerirá la urgencia de desplegar otras habilidades que las que hasta ahora han imperado en el marco de relaciones convulsionadas. Las opciones dilemáticas no parecen el mejor camino cuando la conducta cívica señale que no es bueno debilitar abruptamente al oficialismo, y a su vez que es necesario fortalecer la pluralidad. Hay una demanda profunda en toda la ciudadanía: no perder la gobernabilidad y avanzar en la concertación.

Por lo tanto; los átomos dispersos de una realidad casi sin Partidos obligan a enhebrar cuidadosamente el tejido de los pasos institucionales siguientes. La baja densidad de las organizaciones políticas y la sociedad civil toda, pone siempre cara a cara al Príncipe ante la sociedad, sin intermediación; y sin el ordenamiento de los consensos con sus componentes ideológicos y de intereses. Esto pone en peligro la legitimidad del gobernante sometido a la volatilidad de la opinión pública, que sin instituciones es una expresión decaída de la sociedad civil. Así como es imposible estipular que exista una democracia sin conflictos; sí se puede exigir que la democracia pueda enfrentarlos sin depreciarse.

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