Un mensaje con tonada santiagueña

Un mensaje con tonada santiagueña
No hay una explicación clara de por qué muchos capitales tucumanos vuelan a tierras cercanas. La estrategia a largo plazo del gobierno tal vez debería revisarse.
Habrá un antes y después del 17 de diciembre de 2009. Ese día Tucumán estuvo en Frías. En esa incandescente ciudad, la Presidenta de la Nación se deshizo en elogios para Santiago del Estero. Cristina Kirchner felicitó a esa provincia por facilitar inversiones. Se trataba de 90 millones de dólares que volcó con su emprendimiento el arquitecto Daniel Lucci. Sonrieron y celebraron el inversor y el gobernador santiagueño Gerardo Zamora. Brillaron por su ausencia las autoridades del gobierno tucumano. Las mismas que años atrás permitieron que Lucci llevara sus millones a tierras vecinas. José Alperovich, en Jamaica, y el ministro de la Producción Jorge Gasenbauer, en Buenos Aires, deberían reconocer que se equivocaron cuando le dijeron no al empresario que les llevó la misma propuesta.

En aquel momento el gobernador hizo una ecuación muy simple: la inversión llevaría mucho tiempo y aportaría muy poca mano de obra. El razonamiento es irrefutable, pero también demasiado simple. El abaratamiento que tendrán los productores de pollos, huevos y otros alimentos -por citar un solo ejemplo- que se ahorrarán en fletes ya hace justificable fomentar la inversión. La primera es una estrategia a corto plazo y la segunda implica mayor tiempo y tal vez más riesgo.

Alperovich le impuso a su gestión un criterio y un sistema muy personal. Los tucumanos ya se tienen que haber dado cuenta de que los orígenes del mandatario son directamente funcionales a la forma de administrar. El contador y el empresario que vende automóviles son dos trajes que siempre vistió el titular del Poder Ejecutivo. El de estadista y el de estratega quedaron colgados en el ropero.

En el gobierno provincial están siempre atentos a la discrecionalidad del funcionario que decide, como el vendedor de autos que por la cara del cliente podrá subir o bajar considerablemente las ventajas para comprar. No asoma un sistema preciso y equilibrado para aquellos que tienen la posibilidad de invertir en serio. No hay un puntaje (ajustado a los intereses o estrategias del Estado) que diga si conviene o no y que, al mismo tiempo, alivie la discrecionalidad.

Nadie puede desconocer que el negocio financiero es uno de los preferidos en Tucumán. No hay voluntad de arriesgar ni de pensar ni proyectar a largo plazo.

Esto no es sólo responsabilidad del gobierno actual ni de los empresarios que hoy conducen el motor de la economía. Han pasado muchos años sin que nada cambie.

Lucci no es el único que se subió al tren santiagueño. Son muchos los que eligieron el oeste de esa provincia para sembrar sus inversiones, hasta el propio gobernador. Lo mismo ocurre en Salta, Catamarca e incluso en San Juan. Cuando se discute sobre si Tucumán es o no el polo productivo del NOA la respuesta es sin dudas, afirmativa. La fuerza económica es tucumana y sus capitales colonizan tierras vecinas y no tan cercanas.

Apolillados

A la alfombra roja que se prometió desplegar hace más de un lustro la han empezado a comer las polillas que no se espantaron con los call center ni con los anuncios de los hoteles cinco estrellas.

La política del corto plazo lo lleva al gobierno actual a trabajar por pequeños logros y no por el gran logro que le deje una página en la historia. Le sirve para perpetuarse en el poder, para que los resultados electorales mantengan de rehenes a miles de vecinos, pero a un trabajador incansable, como es Alperovich, no debería conformarlo.

Sin una obra que deje su impronta en la historia y con capitales que vuelan como golondrinas en busca de otro verano, el sistema productivo tucumano debería revisar sus estrategias. El pavimento y las unidades habitacionales, así como otras obras públicas (que tan mala carta de presentación tiene en el gobierno nacional) deberían incomodar antes que tranquilizar a la gestión actual.

En voz baja y en mesas de cafés suenan hasta escandalosos los términos con los que algunos funcionarios suelen tratar a los empresarios. Y, viceversa: cuando el oído afina hacia el otro lado los improperios hacen blanco en los administradores. Pero todo queda en la charla informal por un acuerdo tácito en beneficio de unos cuantos.

Estas discusiones, en otras circunstancias, suelen terminar en denuncias de coimas y en malas interpretaciones. Pero, más allá de que las hubiere o no, el problema -aparentemente- pasa porque de una vez por todas la estrategia sea más transparente, plural y menos discrecional.

Interpretación futbolera

El jueves los opositores -y hasta algún "sijosesista" desencantado sintiera que Lucci le había torcido el brazo a Alperovich. Incluso a medida que Cristina Fernández de Kirchner elogiaba la ley de promoción industrial santiagueña, más de uno subrayaba que se lo estaba diciendo al gobernador tucumano.

Lo curioso es que en un cajón de la Casa de Gobierno duerme, desde 2007, una ley parecida (copiada y mejorada) que no despierta porque no hay voluntad de que se la reglamente. ¿Por qué? porque alguna vez fue pergeñada y utilizada por Fernando Juri para hacer campaña en contra de Alperovich. Porque cuando se la sancionó Juri festejó la sanción como Messi lo hizo ayer por su gol de pecho y porque aquella vez, el alperovichismo sintió la derrota más que Estudiantes.

La cuestión tiene que ver con millones de dólares que se quieren invertir y que pueden ayudar a despegar y a crecer más que dirimir sobre mezquinos intereses políticos que desnudan la pequeñez de quienes administran el poder.

La Legislatura provincial no ha ayudado a transformar esta realidad. El oficialismo mantiene su actitud genuflexa hacia el Ejecutivo sin importarle los temas. Esta semana, por ejemplo, aprobaron un presupuesto casi sin conocerlo a fondo. ¿Qué necesidad había para esconder los números públicos en la forma en que se hizo? ¿Por qué no se distribuyeron las copias en tiempo y forma para que se conocieran los detalles y se estudiaran correctamente? El debut de la nueva mesa de conducción de la Cámara se destacó por su capacidad para avalar este interés de esconder las cifras que son públicas. Los ministros y sus funcionarios pasan meses para elaborar y diseñar cómo se administrará el dinero en el futuro y resulta que para controlar esa tarea no hay tiempo ni cifras.

La oposición desnudó -una vez más- su impotencia. No hubo planteos judiciales. Se desgañitaron reclamando para que les muestren los datos del presupuesto, pero sus quejas se ahogaron en la imposición de la mayoría "sijosesista". No importa la razonabilidad sino lo que ordena José, es el lema que los moviliza. En este caso la Legislatura actuó como un arquitecto que empieza a construir una casa sin planos y sin cimientos.

Un gobierno con una estrategia que se ajusta a las circunstancias que le van apareciendo y que no está dispuesto a mostrar lo que hace no va a transmitir confianza ni para invertir ni para crecer.

El miércoles pasado ha trazado una línea histórica sobre las factibilidades de una provincia. Más allá de los maniqueísmos y de los amores y odios con que se maneja la política tucumana, es seguro que el próximo desafío será pensado más detenidamente.

Comentá la nota