El mensaje del morocho.

Por Alfredo Leuco.

Telegrama para Néstor Kirchner: Barack Obama encarna gran parte de las demandas de mayor respeto por las instituciones republicanas que existen hoy en la Argentina. Es la contracara de la actitud intolerante y hostil hacia el pensamiento distinto y la libertad de prensa que define al ex presidente formal.

Por eso, según las encuestas más serias, Obama duplica en imagen positiva a cualquier integrante del matrimonio gobernante. Además, no hace falta ser un consultor profesional para registrar, también en nuestras calles, la corriente de simpatía global que despertó el estilo político del flamante presidente norteamericano. Incluso se puede hacer una lista de definiciones y acciones de Obama que sería casi impensable que los Kirchner pusieran en marcha:

1) Armó un equipo de rivales. Así se conoce esta decisión desde que Abraham Lincoln hizo lo mismo. Fue cuando proclamó la hora de ir al encuentro del contrario. Se trata de incorporar al gabinete a adversarios internos implacables como Hillary Clinton y dos miembros del Partido Republicano entre los que se encuentra Robert Gates, secretario de Defensa, que fue el que le puso los límites al salvajismo bélico de halcones como Donald Rumsfeld y el vice Dick Cheney, y por eso fue bautizado como el más demócrata de los republicanos. Es la primera vez en la historia que alguien de ese puesto crítico continúa pese al cambio de color partidario del gobierno. Esta apuesta apunta a sumar diversidad de opiniones, voces fuertes capaces de decir que no y excelencia en la gestión ante los desafíos titánicos que se vienen. Más que de dream team, hablan de brain trust, banco de cerebros, una expresión acuñada por Roosevelt. Sus ejes fueron diversidad cultural y asamblea de neuronas. La mitad del gabinete tiene títulos de posgrado en las universidades más prestigiosas. El secretario de Energía es un Premio Nobel de Física de origen asiático ¿Alguien puede imaginar a Felipe Solá como secretario de Agricultura o ministro de la Producción, o a Elisa Carrió a cargo de la cartera de Justicia y Derechos Humanos? Imposible desde los dos lados. Desde un gobierno que toma el camino contrario expulsando de sus filas a los que muestran algún matiz diferencial y se atreven a hacerlo público y que persigue como si fuera un enemigo al mismísimo vicepresidente y, desde una oposición feroz, que tampoco se mostró flexible para colaborar ni siquiera en los primeros tiempos del kirchnerismo. Dicen que Obama utiliza la vieja estrategia de tener a los amigos cerca y a los enemigos muy cerca. Kirchner quiere tener siempre a una prudente distancia a los amigos y a los enemigos en el congelador. Obama fue claro cuando les habló a sus colaboradores: “Creo en las personalidades fuertes y en las opiniones contundentes. La capacidad debe estar siempre por encima de la amistad y la lealtad. Descreo del pensamiento único en mi equipo. Apuesto al debate apasionado y creativo entre los que no piensan como yo. Pero el que manda soy yo”. Hay que tener mucha confianza en sí mismo para designar cuadros políticos y técnicos de gran jerarquía. Si es capaz de conducir esos egos poderosos, tiene la mitad del trabajo hecho. Si apuesta a liderar a mediocres para que nadie le haga sombra, demuestra una gran fragilidad y tiene la mitad del trabajo deshecho.

2) Ratificó que la libertad de información es sagrada. Tomando gran distancia de Bush, prometió que no habrá secretos en sus decisiones. Con una orden ejecutiva que dio en su primer día como presidente, eliminó el veto que su antecesor en el cargo le había puesto al derecho a la información sobre los documentos de Estado. Aseguró que nunca más las informaciones serán ocultadas o retenidas por capricho porque ésa es la herramienta más poderosa para que un gobierno sea transparente. Con otro decretazo, Obama eliminó una instrucción de Bush para que las oficinas estatales demoraran y desalentaran la entrega de datos y de paso les ordenó a los empleados que entreguen información abierta, y que se involucren con la comunidad. Aquí las diferencias son abismales. Los Kirchner ven conspiraciones por todos lados, abusan del secretismo típico de una orga blindada o de una mesa muy reducida para decidir y han convertido las noticias públicas en una mercancía que trafican con el mismo criterio de premio y castigo con que utilizan la pauta publicitaria estatal. Hay palabras como crisis, inflación, inseguridad, que prácticamente están prohibidas en el diccionario oficial.

3) Aseguró un trato igualitario a los gobernadores. Estados Unidos es un país federal en serio. En el primer encuentro que tuvo con los jefes de cada estado, dijo: “Mi gobierno no va a ser entorpecido por la ideología. Hay que poner en marcha al país. No habrá estados rojos ni azules, habrá Estados Unidos”. Saludó afectuosamente a alguien que está en las antípodas de su pensamiento como Arnold Schwarzenegger, gobernador de California, estado que en sí mismo es la sexta economía del mundo y que está hoy quebrado por un desastre fiscal, y a la mismísima Sarah Palin, gobernadora de Alaska que en la campaña electoral lo había acusado, entre otras cosas, de ser amigo de terroristas musulmanes y un antipatriota. A ella le dijo: “Competimos vigorosamente pero eso terminó, ahora debemos gobernar juntos”. ¿Qué tendrán para decir de esto Hermes Binner, al que le meten a Guillermo Moreno a operar en su provincia, o Mauricio Macri, que no consigue que le atiendan el teléfono, o gobernadores peronistas como Juan Schiaretti, que cuando tomó distancias del gobierno por la pelea con el campo tuvo que amenazar con acuñar moneda propia si no recibía el dinero que el Estado nacional le debía?

4) Abrió la Casa Blanca para el pueblo. Hacía mucho tiempo que esa práctica había sido eliminada de cuajo. Obama, en su primer día, permitió que cualquier ciudadano ingresara a varias de las 132 salas que existen en la residencia. Había que anotarse en una lista pero, finalmente, Michelle, la primera dama, ordenó que entraran todos los que estaban en la cola y cada uno pudo plantear alguna inquietud rápida y tuvo el saludo de la pareja. Es una señal que dice puertas abiertas para todos los ciudadanos. Aquí muchos periodistas, sobre todo de la Editorial Perfil, no tienen permitido el acceso a la Casa Rosada y varios de los principales líderes de la oposición jamás fueron invitados.

Sólo en este contexto de diferencias tan marcadas entre los Obama y los Kirchner es donde se puede tratar de explicar lo inexplicable: la visita de Cristina a Fidel y Chávez mientras en forma simultánea el mundo había puesto su mirada en la nueva realidad que promete Obama para los Estados Unidos y para su relación con el resto de los países. ¿Fue un jurásico gesto antiimperialista de los Kirchner? ¿Fue producto de la improvisación y los volantazos con que Néstor conduce la política exterior por encima del canciller Jorge Taiana? ¿Cuáles son los aliados estratégicos de nuestro país? ¿Cuba y Venezuela? ¿No deberíamos ratificar y fortalecer cuanto antes nuestra alianza con Brasil, que a esta altura es un jugador global de envergadura y desde ese lugar establecer relaciones maduras y de mutua conveniencia con esta nueva versión de los Estados Unidos y otros países amigos naturales e históricos como España? ¿Hasta cuándo los Kirchner van a manejar la política exterior con la liviandad y los amores y odios cambiantes típicos de una interna partidaria?

Fue triste ver a Cristina mendigando una foto con Fidel, como si el tiempo hubiera quedado congelado en la nostalgia utópica de los setenta y entregar a cambio su silencio cómplice con la violación a los derechos humanos que significa que no le permitan a la doctora Hilda Molina venir a la Argentina para ver a sus nietos. Es insólita la sumisión a la que somete a nuestro país al no entrevistarse con ningún dirigente opositor en Cuba cuando Fidel Castro en nuestro país pudo encontrarse con la oposición más dura y hacer un acto de masas con total libertad. ¿Qué dicen las manos de Cristina adornadas por dos anillos y un reloj que cuestan fortunas tomando el brazo austero y tembloroso de Fidel? ¿Qué les pasa a los Kirchner? La Argentina no consiguió ni un mínimo rédito económico ni político ni cultural al rendirle –a esta altura– culto al personalismo de Fidel. Salvo que crean que ser un matrimonio presidencial los habilita para utilizar el Estado para saldar viejas deudas y darse un gusto postergado de la juventud.

Lo de Tribilín Chávez fue directamente patético. El jefe venezolano confesó que ése era su apodo de juventud, mientras incitaba a que Cristina llamara “remache” a un general que fue compañero de travesuras de Chávez. Y Cristina accedió. Se privó de cantar junto a Chávez porque dijo que desafina, aunque pareció que en realidad todavía le quedaba un resto de pudor.

¿Qué futuro imaginan los Kirchner para la Argentina? ¿Cuáles son sus planes y políticas de Estado para el mediano y largo plazo? ¿En qué rumbo nos quieren embarcar? ¿Se dan cuenta de que el mundo experimentó algún cambio? ¿Les interesa lo que pasa y lo que opina el mundo, o con las encuestas alquiladas y los medios comprados se dan por satisfechos? ¿No dudan del espejo cuando les dice que ellos son los más lindos y los mejores presidentes que hemos tenido jamás? ¿Además de irritarlos, las críticas los hacen reflexionar en algo o les resbalan y mandan al arcón de los enemigos a los responsables de esas opiniones?

Nuestro país, por suerte, tiene cuadros altamente preparados para ser ministro de Relaciones Exteriores. Sólo falta que los Kirchner se dejen aconsejar y les den espacio para diseñar las mejores estrategias. Jorge Taiana tiene todas las condiciones para ser un buen canciller. Héctor Timmerman no hizo un mal trabajo en los Estados Unidos cultivando o continuando relaciones en el Congreso mientras reinaba Bush en el Ejecutivo. José Octavio Bordón es respetado por sus conocimientos por Fernando Henrique Cardoso, Felipe González o Ricardo Lagos, por ejemplo. El mismísimo Rafael Bielsa tiene una formación intelectual, una capacidad de interpretación y de diálogo formidable. Y eso que sólo se mencionan aquellos que se pueden ubicar dentro del mismo espectro ideológico democrático y de defensa de nuestros intereses como Nación. Y ni que hablar de los expertos académicos, de los que militan en otros pensamientos partidarios y de los buenos profesionales que existen en la carrera diplomática. Esa misma tozudez de encerrarse y blindarse para lamerse las heridas que se observan en gran parte de este Gobierno afloró con toda crudeza, casi caricaturesca, esta semana crucial para el mundo que viene. ¿Cuál es el mensaje que todos los argentinos deberíamos interpretar de estos últimos días? ¿Qué podemos aprender de lo que pasa en otros países sin ser seguidistas, ni cholulos ideológicos, ni caer en la indignidad de las relaciones carnales? Los politólogos dicen que hay dos tipos de gobernantes. Los que llegan al poder y dividen para reinar y fomentan la agresión de los peores enfrentamientos y antinomias históricas y los que apuestan a la unidad nacional, al consenso que supere odios ancestrales para que suturen todas las heridas. Unos son revanchistas y los otros constructores. Unos aspiran a ganar elecciones de cualquier modo y otros sueñan con quedar en la historia. Barack Obama se nutre de los pensamientos unificadores de Abraham Lincoln y de Nelson Mandela. ¿Y los Kirchner? Muchas veces parece que no pueden despegarse del costado mas autoritario del peronismo, del dogmatismo generacional y de la mirada comarcal y cortoplacista de un señor feudal.

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