¿Mensaje mafioso para Moreno?.

Por D. Schurman.

Hace tres semanas le robaron el auto al Secretario de Comercio Interior y molieron a golpes a su chofer. El Gobierno se ocupó de silenciar todo.

Guillermo Moreno escuchaba azorado. –¡Se llevaron el auto! –le informaron del otro lado del teléfono.

El robo de su Volkswagen Vento no era la única noticia. Su chofer había sido molido a golpes pero no le habían sacado ni una moneda.

El episodio ocurrió hace tres semanas en el sur de la provincia de Buenos Aires y el vehículo reapareció averiado el último miércoles. El Gobierno se ocupó de silenciar todo. El secretario de Comercio regresó el jueves al Mercado Central y jugó al juego del distraído. Desde hace rato que todo lo que sucede alrededor del polémico funcionario queda encriptado.

En marzo, Crítica de la Argentina reveló con lujo de detalles un escrache que le realizaron en la nave 11 de un centro comercial.

–Puto, vení. Tirámela en la cara. Yo tengo huevos, vengan de a uno –se exaltó Moreno, con el índice erguido, tras recibir tomatazos y cebollazos. La Guardia de Infantería comenzó a moverse inquieta en medio de la lluvia de hortalizas.

–Ortiba, bocón –le mojaron la oreja los puesteros.

El secretario de Comercio sacó pecho y los volvió a señalar. La policía intervino. Se llevó a tres de los escrachadores. Uno de ellos denunció apremios ilegales.

La tensión tardó en disiparse. El funcionario se propuso en vano cotejar las instalaciones.

Amén del estilo impiadoso de Moreno, la resistencia se explicaba en un incremento del 60 por ciento del canon que impuso a los operadores, justo en una temporada atípica por las pérdidas que el conflicto del campo produjo en ese centro concentrador.

La interna del peronismo también se coló en las especulaciones. Los trabajadores del lugar aseguran que el presidente de la Cámara de Operadores Mayoristas Frutihortícolas (Comafru), Fabián Zeta, ve con simpatía la candidatura a diputado nacional de Francisco de Narváez.

El episodio fue convenientemente silenciado. Néstor Kirchner prefirió esconder al verborrágico secretario, un poco para preservarlo, otro para no exponer el costado más brutal del Gobierno en vísperas de elecciones.

Ahora, con el robo del auto y el ataque al chofer de Moreno, vuelve a reinar el misterio. La marca de la mafia es un fantasma que no deja de sobrevolar. Pero en ese submundo tan hermético, las especulaciones están por encima de las certezas.

¿Alguna ligazón entre el ataque a su chofer y el Mercado Central? ¿Algún mensaje en el marco de la pulseada del PJ? ¿Un caso más de inseguridad en la provincia más populosa del país? Así como está dada la campaña

todo es posible.

"Sabemos que hay una denuncia policial. No tenemos más datos, sólo un cúmulo de especulaciones pero no las vamos a reproducir para no alimentarlas. Para nosotros es una situación que no debe tener más trascendencia", aseguró desde la Casa Rosada un kirchnerista que tiene conocimiento del caso.

–¿Por qué se oculta el robo?

–No lo escondemos. Tampoco tenemos que salir con carteles luminosos a difundirlo. Pero se está investigando. No hay nada más para decir.

En el mundo empresario no sabían del episodio. De Moreno sólo recuerdan su impronta, sus patoteadas y un viejo capricho de presentarse con un revólver sobre su escritorio.

Este sorprendente dato lo confiesan en privado. En estas horas de proselitismo, De Narváez se animó a reproducirlo en público. "Más de un empresario me dijo que Moreno lo recibió con un arma. Esto lo conté hace más de dos años. Es un personaje extraño. Por eso, cuando Kirchner fue a la papelera Massuh, escondieron a Moreno. Lo están escondiendo porque es una figura antipática", dijo.

Hoy, el funcionario vive en permanente tensión con directivos y gerentes de grandes y no tan grandes firmas. Cuando los recibe, escapa a cualquier festival de hipocresía.

–¿Vos sos poronga o sos mierda? –suele ser su primera pregunta.

Y ante el asombro de su interlocutor, él mismo lo saca del apuro.

–Vos no te preocupes, porque yo soy mierda.

En el universo de Moreno –vale la aclaración– el único "poronga" es Kirchner y los "mierda", sus adláteres.

Como ya se publicó, este gendarme de los precios, que se ha ganado el mote de Napia, Patota o El Malo, está vivito y col eando. Transita Olivos como su casa. Se lo ve habitualmente en el "ala Kirchner" de la jefatura de Gabinete de la Quinta de Olivos. La aclaración vale porque en esa casa también existe el "ala Cristina".

Ambos lugares están claramente delimitados y presentan diferentes ornamentaciones. Néstor y la Presidenta no comparten ni los mismos gustos ni las mismas amistades pero tienen en claro que su proyecto político se juega en la provincia de Buenos Aires. Lo curioso es que, aunque dicen tener ese distrito bajo control, aún no tienen la manera de explicar lo que le sucedió a Moreno, uno de los hombres emblemáticos de la actual gestión.

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