El mensaje detrás del discurso de la Presidenta

Por Gustavo Ybarra

La presidenta Cristina Fernández demostró ayer que es tan Kirchner como Néstor, y que no está dispuesta a ceder la caja, ni un peso que le impida continuar con su política económica de premios a los amigos y de castigo a aquellos que no se subordinan al poder del matrimonio que habita la residencia de Olivos desde hace más de seis años.

Lo demuestra el hecho de que la mayor parte de su exposición ante los pocos legisladores oficialistas que logró reunir en la Casa Rosada estuvo dirigida a plantear una disyuntiva de hierro: cada centavo que le quiten a su Gobierno se lo estarán retaceando a los pobres, los desangelados que no tienen trabajo, los beneficiarios de los planes sociales a quienes el modelo, según la óptica presidencial, tiene como su principal beneficiario.

En definitiva, le dijo a su tropa que serán ellos los responsables de un eventual fracaso del modelo que lleva adelante el Gobierno si tocan las retenciones a las exportaciones o si deciden sumarse al reclamo de la oposición para derogar el decreto que incrementó el monto fijo de la tarifa del gas para subsidiar a las empresas del sur del país que extraen el fluido y que vienen amenazando con despedir trabajadores.

Pero la puesta en escena tampoco fue ingenua. La reunión de Cristina Kirchner con los legisladores iba a ser cerrada, pero terminó convertida en un acto público transmitido por TV a todo el país. Fue una forma de asegurarse de que su mensaje llegara no sólo al oficialismo, sino a los dirigentes de la Comisión de Enlace, a la oposición y a todos aquellos que vienen pugnando por un cambio en el manejo de las finanzas del país y, en particular, de la política de retenciones y de subsidios al sector privado del matrimonio presidencial. "¡Quien quiera oír, que oiga", podría traducirse el mensaje citando palabras de Eva Perón.

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