Menos flema de la que muestra, más estrategia de lo que parece.

Su estilo de campaña no difiere en nada del que tuvo en su gobierno: "Pego y salgo" parece ser la consigna. Y es que el estilo K tiene menos flema de la que muestra y más estrategia de lo que parece.
Un breve repaso por su gobierno permite comprobar cómo ese Kirchner pasional, contestatario, sin freno, es el ropaje, en realidad de otro Kirchner: racional, medido. El Kirchner que calcula cada jugada para poner a sus contrincantes en el límite. El que necesita un rival definido enfrente para marcar su propio paso.

Tras asumir el gobierno en 2003, desde el vamos llegó, inesperado, el primer choque de Kirchner: Eduardo Duhalde, su mentor, pasaba a ser de golpe, un personaje de Francis Coppola, un mafioso en el mejor estilo "El padrino".

El propio Partido Justicialista, que lo llevó al Gobierno y que ahora sostiene su candidatura en la Provincia, supo sufrir su desdén cuando hablaba con tono descalificatorio de "pejotismo puro". Los barones del conurbano que hoy lo acompañan en sus caminatas tuvieron, por ese entonces, que morderse más de una vez el labio. Y alguno de los ministros que lo siguen en sus vaivenes políticos cantan hoy con fervor partidario la marcha peronista, a pesar de que en los tiempos de la transversalidad propusieran literalmente que los Duhalde "se metan la marchita en el culo". Para ese entonces, ya corría la campaña legislativa del 2005. La que ganó Cristina como senadora y ubicó en una página de la historia a Eduardo Duhalde.

Pero pronto se abrió otro frente: los vecinos de Gualeguaychú empezaron a manifestarse contra la papelera Botnia. La historia es conocida. Kirchner se subió a la protesta y hasta encabezó un acto en el sambódromo de la ciudad acompañado por ministros, gobernadores y funcionarios: el presidente uruguayo Tabaré Vázquez pasó a ser, entonces, el centro de sus ataques.

"Pego y salgo", como con Duhalde o el PJ: tras ayudarlo a instalarse en el poder -Kirchner decretó feriado para que los uruguayos pudieran ir a votar en la elección que ganó Tabaré- el entonces presidente argentino calificó sin medias tintas de "intransigente" a su antiguo socio uruguayo. La relación con Uruguay nunca se recompuso. El puente que une Gualeguaychú y Fray Bentos sigue cerrado y las máquinas de Botnia funcionan al ciento por ciento.

Cuando estalló el conflicto de las papeleras empezaron a correr también los tiempos en los que uno de los objetivos preferidos de Néstor Kirchner era además, el diario La Nación: día por medio, en sus discursos, le dedicaba un párrafo desacalificatorio. Kirchner tuvo además un largo capítulo de "pego y salgo" con la Iglesia argentina y sobre todo, con su conductor, el cardenal Jorge Bergoglio, centro de buena parte de sus furias aparentes. La polémica por una frase temeraria de un capellán castrense derivó en un incidente que aún hoy hace mantener la relación Gobierno-Iglesia en el más frío de los freezers. Eso, a pesar de algunos gestos de Cristina Kirchner con la cúpula eclesiástica.

El resto es historia reciente: en el conflicto con el campo que estalló en marzo del año pasado por las retenciones móviles, Kirchner logró que la Sociedad Rural y Federación Agraria terminaran en la misma trinchera.

"Piquetes de la abundancia" calificó Cristina a las medidas de fuerza del campo. "La patronal rural", dijo no hace mucho Néstor Kirchner al hablar de la Mesa de Enlace. La relación del Gobierno con el campo -uno de los motores de la economía argentina- está hoy en su punto más bajo.

Casi en paralelo a la crisis por las retenciones, llegó el turno de Clarín que derivó en aquel "Qué te pasa Clarín", que lanzó Kirchner desde una tribuna y hoy se encuentra alimentando ringtones o siendo eje de libreto de algún programa humorístico.

Otra vez el "pego y salgo" como estrategia política. "Pego y salgo", vuelve a decir Kirchner en el tramo final de esta turbia campaña electoral.

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