Al menos una decisión resta incertidumbre al domingo

Por: Eduardo van der Kooy

El kirchnerismo resolvió al final no movilizar a su tropa. El anuncio lo formuló Luis D'Elía. El ex piquetero y el diputado Carlos Kunkel habían anunciado el lunes ese desafío.

Pero ni el PJ de Buenos Aires ni el de la Capital habían mostrado entre aquel día y hoy su apoyo a tal iniciativa. En realidad, evidenciaron rechazo a enredarse en un operativo poco aconsejable al final de una jornada, la del domingo próximo, que no deja hendijas para que alguna certeza se instale en el horizonte político de la Argentina.

D'Elía y Kunkel recibieron una descalificación de Aníbal Fernández por la acción. No habían tenido tampoco una autorización expresa de Néstor Kirchner. Las críticas del ministro de Justicia y Seguridad distanciaron al ex presidente con el reto del diputado y el ex piquetero. Fernández debe haber hablado luego de consultar al ex mandatario.

La decisión de D'Elía y Kunkel había tenido sólo como prólogo la impresión del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. El ministro virtual ama las cuestiones económicas, pero siempre siente nostalgias sobre sus tiempos de militante raso. El folclore setentista lo apasiona.

Dirigentes peronistas, porteños y bonaerenses, no alcanzaron a comprender el sentido cabal de aquel arrebato político. Kunkel expresó que irían a la Plaza de Mayo a expresarle a Cristina el compromiso con el actual modelo. D'Elía auguró que estarían allí para celebrar el amplio triunfo.

¿Qué amplio triunfo? El de seguir siendo la primera minoría nacional que, con seguridad, será el oficialismo más allá del escrutinio que arroje Buenos Aires. Vale una aclaración: sólo el PJ tendrá representación en todas las provincias. Las de la Coalición Cívica y de Unión PRO se circunscribe a la mitad, o menos, aún de los distritos.

Todas las encuestas que circulan en estas horas indican que el Gobierno cosecharía alrededor de un 35% de los votos nacionales. Es decir, casi 12% menos que cuando Cristina Fernández se coronó Presidenta en el 2007 y también 7% menos que en las legislativas del 2005, cuando Kirchner consolidó la mayoría en el Congreso.

Nadie supone que a Kunkel y a D'Elía le importe mucho aquel guarismo nacional. Tampoco lo desvela a Kirchner. La clave de la elección legislativa del domingo pasará, sobre todo, por Buenos Aires. Por algo el ex presidente se postuló a diputado. Por algo lo forzó a participar a Daniel Scioli y por algo, además, embretó a los intendentes bonaerenses con las candidaturas testimoniales.

D'Elía y Kunkel iban a ir a la Plaza de Mayo a defender, en especial, ese resultado. Según sea, el proyecto kirchnerista podrá seguir respirando con asistencia o entrará en su tiempo final de agonía.

Sucede que la elección en Buenos Aires, a cuatro días de los comicios, continúa teniendo un desenlace bien incierto. Tanto que un consultor de opinión pública confesó ayer: "Cualquiera puede ganar por el error técnico que tiene una encuesta". Ese hombre hablaba de los 2 a 3,5% de margen de equivocación que poseen los sondeos.

La única impresión definida a esta altura sería la siguiente: la polarización se dará entre Kirchner-Scioli y el tándem de Francisco De Narváez y Felipe Solá, que prohija Mauricio Macri. La Unión PRO parece haber resuelto a su favor la pulseada que mantuvo varias semanas con la Coalición Cívica y la UCR de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín.

La estrategia abortada de Kunkel y D'Elía de asistir a la Plaza y anunciarlo con antelación corroboraba la sensación de incertidumbre electoral y echaba en un cesto los augurios triunfalistas de algunas oficinas oficiales que ventilan una supuesta ventaja kirchnerista de hasta 10 puntos en Buenos Aires.

¿Qué necesidad había de un llamado anticipado a la Plaza si aquella ventaja es real? ¿No era mejor y más sencillo una caravana espontánea, empujada por la euforia, cuando fluyera aquella supuesta holgada ventaja?

La estrategia del kirchnerimso duro era netamente defensiva y desnudaba, en realidad, un kirchnerismo con espíritu disminuido. La Plaza de Mayo está en el corazón de una ciudad que tendrá una elección donde el oficialismo llegará lejos y cansado. Los festejos serán para Macri y habrá que ver, también, si para Carrió y Alfonso Prat Gay o para Fernando Solanas. En cualquier caso se trata de manifestaciones claramente opuestas al matrimonio de los Kirchner.

Aquella estrategia encerraba otro riesgo. Si los cómputos bonaerenses son, en verdad, equilibrados podían dar lugar a situaciones equívocas y controvertidas. A lanzar una victoria donde, al final, podría no haberla. A intentar hacer creer en algo que no existe. Ese artilugio, en medio de un clima político caldeado como el que instaló la campaña podría derivar en situaciones indeseadas. Se añadía quizás otro condimento: el recuento en Buenos Aires suele ser lento y engorroso. Lo será más si se produce un corte de boletas mayor del habitual, como parecen indicarlo ahora algunos trabajos de opinión pública.

La intervención de Aníbal Fernández neutralizó la decisión de D'Elía y Kunkel. Habrá que ver qué sucede con la réplica insinuada: habían empezado a circular en Internet cadenas de mails convocando a golpear las cacerolas también cuando se confirme la derrota oficial en Capital. Al mejor estilo de lo que sucedió durante el conflicto con el campo. Los focos serían Caballito, Callao y Santa Fe y, como corolario, la quinta de Olivos. Las convocatorias son, como siempre, anónimas.

Carrió declaró días pasados, sin querer explayarse, su temor de que algo raro pudiera suceder el domingo venidero. Otros actores de la política hace rato que presumen algo similar, pero evitan echar siquiera una astilla al fuego. Eduardo Duhalde emprendió la semana pasada un largo viaje por el exterior que concluirá recién cuando las elecciones en la Argentina estén cerradas.

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