Menéndez, otra vez en el banquillo por los crímenes de la dictadura

Debe responder por homicidios, torturas y desapariciones. Es su segundo juicio allí.
Con la sombra de la sospecha por un testigo que se habría suicidado, comenzó ayer el segundo juicio que se le hace en Córdoba al represor Luciano Benjamín Menéndez por delitos de lesa Humanidad, y el primero contra la Policía provincial de la dictadura, conocida como la "D2", y que actuó como una especie de "Gestapo" cordobesa.

En esta ocasión al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército se le imputa, junto a cinco ex policías, las torturas y muerte de Ricardo Fermín Albareda: un subcomisario al que en septiembre de 1979 le cortaron los testículos desangrándolo hasta morir; y por los tormentos infligidos a otras nueve personas que sobrevivieron para contarlo.

En la sala del Tribunal Federal Nº 1 estuvo el gobernador Juan Schiaretti quien aseguró que no lo mueve "rencor ni revanchismo alguno", aunque "siempre recuerdo a los compañeros que no tuvieron la oportunidad de un juicio justo, como sí la tuvo (en 2008) y la tiene ahora Menéndez". (Schiaretti...).

Schiaretti fue con parte de su gabinete. También estuvo la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Carolina Scotto; el viceintendente Carlos Vicente y Abuelas de Plaza de Mayo.

Vestido de negro y con su escarapela "de luto", Menéndez fue trasladado desde la prisión de Bouwer donde está confinado desde la tarde del 24 de julio de 2008, cuando fue condenado a cadena perpetua en la llamada causa Brandalisis; hasta el Tribunal presidido por el mismo juez que lo condenó, Jaime Díaz Gavier. Esta vez al magistrado lo acompañan dos jueces federales riojanos: José Quiroga Uriburu y Sergio Grimaux, y un juez sustituto, Carlos Lascano, quien podrá interrogar "pero no intervenir en las deliberaciones de la sentencia".

Como en el juicio anterior, los reos están protegidos -y separados del público- por una construcción de cristal que recuerda a la que se usó en Israel durante el juicio contra el criminal de Guerra nazi Adolf Eichmann, en 1961.

Al lado de un Menéndez de abundante cabellera blanca y al que se ve intacto, se sentaron los ex "D2" Hugo Cayetano Britos, Calixto Luis Flores, César Cejas y Miguel Angel Gómez; mientras que Rodolfo Aníbal Campos -un militar que fue el jefe de la policía local durante la dictadura- apareció en una pantalla. Es que el represor de 81 años obtuvo permiso del cuerpo de medicina forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación para seguir el juicio por videoconferencia. Según los informes, "no tiene una enfermedad específica" aunque sí "un estado delicado de salud".

Durante toda la primera jornada, que se extendió por más de cuatro horas, se leyó la acusación que agrupa tres causas: la Albareda; y otras dos que se refieren a las torturas sufridas por nueve personas en las mazmorras de la D2 que funcionó en un ala del mismísimo Cabildo Histórico de Córdoba, a pasos de la Catedral. .

Entre las nueve víctimas que darán su testimonio en el juicio se cuenta el albañil Raúl Ernesto Morales: un hombre al que le destruyeron a golpes los dos riñones y que sobrevive gracias a un trasplante.

Y aunque la prisión de más de un año que lleva Menéndez no parece haber hecho mella en su semblante, tal vez sí lo hizo en cuanto a su visión de la Justicia: es que a diferencia de 2008 cuando sólo aceptó una defensora de oficio, esta vez contrató al penalista Alejandro Cuestas Garzón para que lo represente.

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