"Ni Menem se animó a tanto en el INDEC"

"Ni Menem se animó a tanto en el INDEC"
El especialista francés critica a Guillermo Moreno por haber "roto el termómetro" de la inflación y considera que si no se realizan cambios drásticos, a través de una ley, será tarde para recobrar la confianza.
"La última vez que vine a Buenos Aires fue en 1998 y (Carlos) Menem estaba atacando públicamente al INDEC por los datos del desempleo. Pero ahora la situación es peor, porque nunca se habían manipulado así las cifras. Ni Menem se atrevió a tanto". Aunque vota a los socialistas en su país y jamás defendería al riojano frente a los Kirchner en otros aspectos, el francés Jean-Louis Bodin, jefe del Comité de Ética y ex presidente del Instituto Internacional de Estadísticas, evitó las medias tintas a la hora de calificar la situación actual del ente argentino. Opinó que la intervención de Guillermo Moreno "rompió el termómetro intentando calmar la fiebre" y consideró que es "demasiado tarde" para reconstruir la confianza en sus cálculos sin cambios drásticos. Invitado por académicos y políticos opositores, Bodin recomendó que se apruebe una ley para reorganizar el instituto y defendió una dirección mixta, integrada por el Ejecutivo, académicos y representantes del Congreso.

–Hace casi tres años que empezaron los problemas en el INDEC. ¿Hay forma de devolverle la credibilidad perdida?

–Es imposible volver a la situación previa. Es demasiado tarde. Ahora hay que salir del laberinto por arriba, crear un nuevo esquema institucional para que no vuelva a pasar. Y eso sólo puede lograrse aprobando una nueva ley en el Congreso.

–Los intentos fracasaron porque el Gobierno nunca va a aceptar que manipuló cifras o cambió metodologías sin seguir los parámetros internacionales. A veces parece que parte de la oposición sólo le quiere hacer pagar el costo político al oficialismo pero no volver a tener buenos números...

–Claro, por eso hay que presentar la solución en forma inteligente. Si es presentado inteligentemente, un proyecto de ley puede lograr consenso tanto entre los oficialistas como entre los opositores. Nadie puede estar públicamente en contra de las estadísticas independientes. En política, aunque se haya cometido un error, a veces no sirve de nada forzar a alguien a que lo admita. Y menos si es alguien poderoso.

–¿Y en esa ley quién debería quedar al frente del INDEC?

–Debería haber representación del Ejecutivo y del Parlamento. En algunos países europeos también hay representantes de los usuarios de la información, como los universitarios. Y no descartaría que haya expertos extranjeros, si el Gobierno y la oposición no logran ponerse de acuerdo en los nombres de los locales.

–¿Por qué en el exterior les preocupa la situación del INDEC a quienes no tienen intereses económicos concretos en el país?

–Para mí, desde el punto de vista académico, el riesgo es que en otros países democráticos ocurra lo mismo. Argentina está entre los países más democráticos del mundo, y sin embargo en materia de estadísticas vive una situación similar a las que se vivieron en tiempos de dictadura. Mi primera vez en Argentina fue para un congreso estadístico en 1981, en plena dictadura. Muchos dudamos si venir o no porque incluso sabíamos que había técnicos del INDEC desaparecidos por querer publicar la verdad. Y al final vinimos porque nos lo pidieron colegas de acá mismo, que se sentían muy aislados del resto del mundo.

–¿Conoce algún antecedente similar al de Argentina?

–Lo que ocurrió aquí es inédito por lo prolongado y lo intenso, si tomamos en cuenta a los países democráticos. Sí tenemos algunos antecedentes cercanos en el Este europeo, porque las estadísticas del bloque soviético eran como la Canada Dry, que parece alcohol y se ve como alcohol pero no es alcohol. Parecían estadísticas, pero eran cualquier otra cosa.

–¿Qué índices le generan mayores sospechas?

–Bueno, yo no tengo elementos para calificar desde afuera todas las mediciones. Pero sí hay muchos datos convergentes que muestran que la inflación real es el doble o el triple de la que informa el INDEC. Y no me refiero a las mediciones de las consultoras privadas, sino especialmente a las que hacen las provincias gracias al sistema federal que rige aquí.

–¿Es lo único que le parece amañado?

–No, no. Tal vez el IPC haya sido lo único manipulado. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero indudablemente hubo un efecto dominó sobre el resto de las estadísticas. La inflación está en el corazón del sistema estadístico de cualquier país. Repercute sobre la pobreza, los cálculos de actividad económica y muchos otros datos más.

–¿No confía en los datos de las consultoras privadas?

–Para las empresas privadas es demasiado costoso hacer una medición seria como la que puede hacer un instituto público. Más que demasiado costoso, es imposible. No hay tarifa que puedan cobrar a sus clientes que alcance a cubrir ese costo.

–¿Podrán reconstruirse los datos que se perdieron en estos tres años?

–No. Eso es una fantasía. Así como no se puede volver al pasado, las series estadísticas no se pueden volver a armar con años de demora. Hay que mirar hacia delante. Lo mismo pienso respecto de los técnicos que fueron desplazados. Muchos pueden volver, pero es poco práctico poner su regreso como requisito indispensable para una depuración del INDEC. Cualquier alternativa de mejora va a tomar tiempo, y es difícil decir cuánto. Pueden ser dos o tres años.

El FMI sólo sabe que no hizo nada

–¿Cómo evalúa el rol del Fondo Monetario en la polémica que se generó con el INDEC?

–Creo que no hizo mucho por evitar esta situación. Se limitó a incluir una nota al pie en sus publicaciones aclarando que los especialistas privados opinaban distinto que el Gobierno argentino sobre la inflación. Podría haber trabajado junto a las autoridades en busca de una solución concreta. Tal vez privilegió no tensar más la relación con Argentina, pero su rol técnico podría haber ayudado a evitar lo que hoy parece un dilema sin solución.

–¿No habría sido peor que se entrometiera y aplicara sanciones, por ejemplo?

–No hablo de sanciones. Tendría que haber opinado técnicamente, no políticamente. A mí también me sorprendió que representaciones diplomáticas dijeran que no se podían meter porque se trataba de un problema político. ¡Pero las estadísticas no pueden ser un problema político!

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