Mendoza se va del Ministerio de Salud con más pena que gloria.

La ex ministra dijo que ahora se encargará de la campaña del Frente Chaco Merece Más. Arrecian las versiones que indican que será la segunda candidata a diputada nacional
Sandra Mendoza se fue en medio del silencio de la oposición que hasta unas horas antes había pedido la dimisión de la esposa del Gobernador. Los medios nacionales se encargaron de hacer una lectura ajena a la que distribuyó ayer el repuesto secretario de Información Pública, Néstor Avalle.

La epidemia del dengue se cobra su primera víctima política. Fue durante la gestión de Sandra Mendoza que la peor epidemia de la historia se abatió sobre la provincia. El dengue sacudió todos los rincones del Chaco y no perdonó ni a opositores ni oficialistas, aunque las paradojas del destino hicieron que se ensañe especialmente con tres municipios gobernados por intendentes radicales, Charata primero, Sáenz Peña después y Pampa del Infierno.

La ministra pasó entonces con más pena que gloria. Su objetivo fue desde un inicio revolucionar exclusivamente el Hospital Perrando y terminó generando tensiones con el sector de los médicos, que nunca le van a perdonar acciones de persecución que se ejecutaban desde un Torquemada que al aire impiadosamente se encargaba de mostrar quién cumplía y quién no.

Sin embargo, no consiguió ni una cosa ni otra. El pico de la tensión llegó cuando desplazó a Glady Montenegro, presuntamente por negarse a acatar sanciones dispuestas desde arriba para personal profesional y la reemplazó por la novata Claudia Muravchik. Una médica muy joven con un currículum hecho en su trabajo dentro del Hospital.

Fueron en realidad las sucesoras de Marcelo Slimel, el médico personal de la señora, que fue también director del Perrando y saltó también al Ministerio como segundo de Mendoza.

La nueva conducción del octavo piso le hará pagar al Gobierno los mayores costos desde que asumió. Mintieron, por negarlo, el inicio del brote de dengue en Charata, mostraron la incapacidad de reacción.

Rubén Hemadi, director del Hospital de Charata, es testigo. La reacción popular, la defensa de los propios trabajadores y profesionales de ese centro de Salud se convirtieron en una piedra para la gestión y en el principio del fin de la mentira.

La magnitud de la gravedad de lo que luego sería una epidemia hizo entrar en acción a Graciela Ocaña y los expertos de la Organización Panamericana de Salud, permitiendo encauzar el control de la epidemia, pero a un altísimo costo. Más de 10 mil personas infectadas con dengue en el Chaco pero con el convencimiento generalizado de que en realidad son muchos más.

Sus problemas de salud fueron la base de reiteradas e inexplicables ausencias. Sirvieron también de excusa para intentar tapar el bochornoso espectáculo de la funcionaria jugando a los autos chocadores con vehículos propiedad del Estado. Sólo ella y Slimel creyeron en el breve texto oficial que hablaba del "coma hipoglucémico".

Los vehículos chocados, para los que el propio vicegobernador, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, pidió investigación siguen de la misma forma, y no se puede determinar ahora si hubo avances en la investigación.

Paradojas del destino. Si Mendoza se hubiera ido cuando le pidieron y provocó el escándalo del estacionamiento, otro hubiera sido el ministro que hubiera tenido que hacerse cargo de la epidemia de dengue. Nunca se sabrá si para la provincia hubiera sido mejor.

En medio de ella, hubo también polémica por su desaparición de la provincia. Presuntamente se encargaba en Buenos Aires de los preparativos de una celebración familiar. En lo que hace a la cuestión institucional, sin importar el costo de la fiesta ni nada de eso, está claro que no era el momento, en el ejercicio de un cargo en el que había jurado anteponer los intereses del pueblo de la provincia.

Francisco Baquero la reemplaza ahora. El ex candidato a intendente de Gustavo Martínez asume el cargo tras un buen desempeño en la presidencia del Insssep. El nuevo ministro llega sin renegar de su antecesora. Abrazado a ella, escuchó las palabras de despedida y bienvenida que daba Jorge Capitanich.

En un enroque oficialista, el Gobernador pondría en el cargo del nuevo titular de la cartera de Salud a Marcelo Slimel, pero mientras tanto el organismo quedó en manos de Oscar Arévalo. Menos mal que el líder del PPR no escuchó cuando los ministros Oscar Peppo y Aldo Leiva le pidieron que renuncie. En este momento el Instituto hubiera estado acéfalo

Comentá la nota