La mendocina que sacó del protocolo al príncipe de Holanda

La mendocina que sacó del protocolo al príncipe de Holanda
Silvia Piezzi nació en Tunuyán, a los 18 años perdió a sus padres y se fue a vivir a Holanda enamorada de un hombre de ese país. Allí logró forjar una carrera de empresaria que la acercó a Máxima Zorreguieta.

"Solo ante Dios y Jesucristo hago reverencias", aseguró la empresaria mendocina Silvia Piezzi y esta frase es la que puede explicar, en parte, por qué logró sacar del protocolo al príncipe Willem Alexander de Holanda, aunque no era su intención.

Según contó la exportadora de dulce de leche, que posee un acento extraño por la cantidad de décadas que vivió fuera de nuestro país, al encuentro de presentación oficial de la futura esposa de Willem Alexander fue invitada por ser una empresaria argentina con varios años de residencia en ese país.

De esta manera, el día en que Máxima Zorreguieta fue presentada como la prometida del príncipe, Silvia estuvo allí y la charla con Willem comenzó así: "Príncipe es un gusto conocerlos, ¿cómo quiere que lo llame?", le dijo la tunuyanina, y él le contestó en inglés: "Como tú quieras". "Entonces, me abrazó y me dio un beso. En ese momento Máxima se dio vuelta y dijo: 'Escuché a alguien hablar con mi acento…'", recordó la empresaria.

Desde entonces, la mendocina y la princesa tienen un contacto fluido. Claro que convertirse en una persona cercana a la realeza de Holanda no fue fácil. La primera vez que se vieron Piezzi, quien en ese momento importaba frutas a los Países Bajos, le dijo: "Le pregunté qué extrañaba de Argentina. Yo ya llevaba casi 15 años y sabía que no se conseguía ni yerba ni dulce de leche, sólo el vino… Ahí me dijo que extrañaba el dulce de leche hecho en nuestro país. Me lo tomé como un desafío y le pregunté qué pasaba si yo lograba conseguirle el dulce de leche, me respondió: ‘Te invito al palacio’. Allí sólo entraban los reyes, los cónsules y gente importante. No entraba cualquiera. Así me enamoré del reto que me hizo la princesa. Me costó mucho conseguir lo prometido, hasta me separé del holandés con quien me había cansado. Pero lo logré. A los seis o siete meses me llegó la invitación para ir al palacio. Esa fue una experiencia increíble. Por protocolo teníamos sólo 15 minutos para tomar el té, pero se transformaron en 40", recordó la mujer, quien actualmente exporta dulce de leche a Holanda y Panamá.

Mirá el video y conocé la historia completa del primer encuentro con los príncipes de los Países Bajos.

-Te vas a Holanda por amor, ¿cómo fueron los primeros años allá? ¿Te costó adaptarte?

-Mi mamá falleció cuando yo tenía 18 años y al poco tiempo lo perdí a mi papá de tristeza por la pérdida de mi madre. Pero Dios ya tenía preparado mi camino porque al poco tiempo conocí a mi marido, un holandés y nos fuimos a vivir para allá. De ese matrimonio nació mi hijo precioso.

¿Cómo era tu vida en Mendoza?

-Muy feliz...

-¿Cómo es actualmente tu vida en Europa?

-Hace casi dos años que estoy radicada en Mendoza, porque estoy haciendo mi dulce de leche en Argentina. Se llama Mi Nona y lo distribuyo en varios países además de exportarlo a Holanda y Panamá.

-Con las políticas a las importaciones y exportaciones impuestas por el Gobierno Nacional, ¿cómo ha sido el desarrollo de tu empresa?

-Antes de la crisis económica batí un récord, llegué a vender 153.600 frascos de vidrio de 450 gramos cada uno por año. Las trabas han sido fatales para mí. Yo trabajo con Carrefour, Walmart y con Cooperativa Obrera, pero no es fácil. Igual hay que continuar y perseguir el objetivo. Yo pensé que al instalarme en Argentina sería más fácil manejarme porque cuando estaba allá mandaba las órdenes de compra y exportaba tranquilamente. Pero al no tener suficiente espalda porque no soy Sancor ni La Serenisima ha sido difícil. La fábrica de mis productos está en Rosario y no es muy grande. Pero estoy agradecida con el subsecretario de Lechería de la Nación, Arturo Videla, que me prometió que nunca me iba a faltar la leche mientras él esté a la cabeza de todo. Yo me vine a venderle hielo a los esquimales, porque hay diez mil marcas de dulce de leche en el país.

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