El mejor regalo.

GIMNASIA (J) 0 - RACING 2: Racing se llevó de Jujuy un obsequio de lujo: aseguró la permanencia sin Promo. A Caruso lo afeitaron los jugadores, pero no se enojó: prometió auto de premio.
Regalón, pícaro de estirpe, Ricardo Caruso Lombardi es consecuente con su estímulo mercantil. Mal no le ha salido. "Los jugadores se ríen, la pasan bien y esto no le hace mal a nadie", insistió ayer al comentar su estrategia de obsequios. Desde televisores a jamones, Richard fue repartiendo mercadería desde su llegada de apuro a Racing en reemplazo del destituido Juan Manuel Llop, allá por la cuarta fecha del Clausura, cuando la Promoción asomaba seductora en el camino de la supervivencia. Ahora que la tarea ha sido cumplida, ahora que sí se anima al festejo desatado que autoriza mandar la Promoción a la..., pues ahora Caruso subió la apuesta: "Se viene el auto. Ya está todo arreglado. El lunes (por mañana) en el entrenamiento les voy a confirmar la marca y el modelo. Apenas llamé a una concesionaria, me llamaron de otras cuatro. Una locura...", anunció para demostrar que es hombre de palabra porque el DT había adelantado que su shopping podría albergar el rubro automotor.

Lo que se vislumbraba luego de la goleada a Boca se consumó a unos 1.600 kilómetros del Cilindro, en Jujuy, donde al equipo no le sobró juego salvo cuando Grazzini, aun con intermitencias, consiguió la pelota. Firme atrás -marca de la fábrica Caruso- ante el primer descendido de la temporada, Racing también tuvo otros registros de su DT: metió el primero con un remate de Sosa, uno de sus goleadores en este torneo, y lo cerró de contra gracias a González, no ya como volante ("no lo pongo más ahí", había dicho el técnico luego de la pobre prestación del ex Olimpo ante Tigre), sino como segundo punta, donde más rinde.

"Racing es un equipo, no tanto individualidades", repitió Caruso, y las virtudes que lo resguardaron del descenso primero y la Promo después, a casi un año de haber pasado por esa experiencia que paraliza hasta a los más curtidos, apuntan a detalles colectivos, sin perjuicio de algunos aportes en particular que también exponen la capacidad de baqueano del entrenador.

Algo debe tener Caruso para haber convencido a un grupo desahuciado de que era posible evitar la repetición de ese trauma. Y ahí está el mayor mérito de este grupo: la fortaleza adquirida al extremo de haber dejado de ser el cuadrito al que todos querían enfrentar. Hubo comunión, expresada en el carnaval desatado en el comedor del Altos de la Viña, hotel elegido en esta ciudad, y en el ataque de un grupo comando de jugadores, que en el vestuario maniató y afeitó a Caruso. Sí, el DT perdió la barba de dos décadas. "Me afeitaron", se resignó Richard, que de zonzo no tiene ni un pelo.

Comentá la nota