Mejor, pero no tanto

Por Néstor O. Scibonal.

Pueden diferir en el número, pero coinciden con la tendencia. La mayoría de los economistas independientes estima que pasó lo peor de la recesión en la Argentina y pronostica que 2010 será mejor que este año en materia de actividad económica, aunque no tanto como podría serlo, si se aprovechara a pleno el incipiente viento de popa que vuelve a soplar desde la economía mundial.

La razón de este condicionante también es la misma: la forma de hacer política del kirchnerismo, que crea tal desconfianza que frena las inversiones, el consumo y la oferta y demanda de crédito.

A diferencia de años anteriores, la proyección oficial de crecimiento del PBI incluida por el ministro Amado Boudou en el presupuesto 2010 (2,5% anual) no está subestimada, sino que más bien es optimista. En el Relevamiento de Expectativas Económicos (REM), que recoge el Banco Central, el promedio es del 2,4%. En el sector privado sólo pronostican variaciones superiores Juan Llach (3,5%) y Miguel Bein (3,6%/4,2%). Detrás se encolumnan Miguel Angel Broda (2%/3%); Jorge Todesca y Ricardo Delgado (2%); Ricardo Arriazu y Miguel Kiguel (1,9%); Orlando Ferreres (1,7%) y los más pesimistas Carlos Melconian y Mario Brodersohn (1%). Casi todos advierten que el PBI de este año mostrará una caída del orden del 2%/3%, en lugar de la suba del 0,5% que prevé Cristina Kirchner basándose en el Indec, cuyos indicadores de actividad también acaban de ser puestos bajo la lupa por el FMI.

Aun así, estos escenarios revelan otra realidad: en el mejor de los casos el PBI sólo podrá ubicarse a fin de 2010 en los niveles de 2008. Y con una inflación real que se mantendrá en dos dígitos anuales (15%), el repunte posrecesivo sería prácticamente imperceptible para buena parte de los argentinos después de cinco años de crecimiento a "tasas chinas".

Esta modesta recuperación tiene nombres y apellidos. Dependerá mayormente de los precios de la soja, que se ubican entre 330 y 350 dólares la tonelada (un nivel aproximado al de 2007) y también de la demanda de China y Brasil que integran el pelotón de países que lidera la recuperación mundial. Hay economistas (como Llach) que estiman que la Argentina podría crecer al 6% en 2010 si el gobierno no insistiera en intervenir en todo y pudiera, además, acceder a financiamiento externo.

Pero esta posibilidad se hace difícil debido a los escollos políticos que impone el matrimonio Kirchner.

Contrapesos internos

El oscurantismo estadístico del Indec le complica a Boudou el recomponer la relación con el FMI y reabrir el financiamiento voluntario para que el sector público no tenga que ajustarse el cinturón como establece el presupuesto 2010.

La inflexibilidad que demostró el kirchnerismo con el tratamiento a libro cerrado de la ley de medios en el Senado no sólo aleja la posibilidad de negociar con la oposición que ganó las elecciones legislativas. También refuerza la sospecha de que el objetivo de atomizar las emisoras privadas de radio y TV apunta a ampliar un sistema de medios oficiales y paraoficiales (de dudosa viabilidad sin asistencia estatal), funcional a la campaña electoral de 2011 a pesar de la escasez de votos. Dado que Néstor Kirchner buscará perfilarse allí como el ala izquierda del PJ, es previsible que, con la nueva composición del Congreso, el oficialismo vuelva a acentuar a partir de diciembre el sesgo intervencionista y estatista, para obtener el apoyo de los bloques progresistas no peronistas.

Si estos elementos acentúan la incertidumbre empresarial, otro que la alimenta es la ausencia de una estrategia para resolver los conflictos sindicales que ganan calles o rutas, o afectan servicios. El caso Kraft desnuda paradojas y contradicciones. Una es que la alianza del Gobierno con la CGT de Hugo Moyano no alcanza para evitar estos desbordes cuando hay comisiones internas radicalizadas que desconocen a desprestigiados caciques sindicales. Otra es que tampoco tiene margen para contenerlas, después de haber tolerado acciones ilegales de sindicalistas o piqueteros "amigos". Cuando el Gobierno es presionado por izquierda y por derecha, el costo recae finalmente en las empresas. Ocurrió semanas atrás con los petroleros de Santa Cruz y podría repetirse con los marítimos. También en la zona del Comahue el sindicato de trabajadores de gas y petróleo protagoniza un conflicto inusual: reclama mayores precios para los hidrocarburos a cambio de estabilidad laboral en los yacimientos, y por eso interrumpió días atrás el transporte de gas por 24 horas. El problema se complica porque los gobernadores de las provincias productoras también piden mayores precios (o menos retenciones) y la decisión depende del Ministerio de Planificación.

Desde el punto de vista económico, este cuadro de incertidumbre afecta seriamente a la inversión. La consultora Deloitte informó que en el primer semestre las fusiones y adquisiciones de compañías disminuyeron 90% con respecto a 2008. Una encuesta presentada por Ernst & Young, en la convención del IAEF, revela que las empresas sólo invierten en mantenimiento y posponen nuevos proyectos. Y la consultora Finsoport, que dirige Todesca, estima que esta variable sólo crecería el 2% en 2010.

Tal vez este panorama explique por qué el Gobierno decidió elevar el área de Agricultura y Ganadería al rango de ministerio y poner al frente a Julián Domínguez para reabrir otra instancia de diálogo con la dirigencia rural. Quizá no tanto para arreglar el conflicto con el campo, sino para evitar que se siga profundizando. Al fin y al cabo, una de las principales apuestas para la reactivación en 2010 pasa por el fuerte aumento de la cosecha de soja, para lo cual es necesario que los productores siembren, vendan y reinviertan, y que quienes se dedican a otros cultivos o a la ganadería o la lechería no sigan sintiéndose desamparados. Habrá que ver si las expectativas le ganan al escepticismo, o viceversa.

Ahora que se puso de moda graficar los pronósticos económicos con letras mayúsculas, resulta ilustrativo reproducir un párrafo del último informe del Banco Ciudad. "Con el mundo desarrollado recuperándose en forma de U y los países emergentes en forma de V, la economía argentina se ve todavía enredada en su propia L. La clave para que se consolide la recuperación local en forma de U que anticipa el proyecto de Presupuesto 2010 es que no se cumpla la recuperación global en W que proyectan algunos economistas. En el plano local, esto no sólo pondría en riesgo la U, sino que alentaría a muchos escépticos a imaginar un escenario aún peor: un ciclo en forma de M."

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