El mejor del mundo.

BARCELONA 2 - MANCHESTER 0: Lionel Messi saltó tan alto que llegó hasta el cielo... Su cabezazo para asegurarle la Champions al Barcelona quedará en la historia. El planeta se rinde a sus pies.
Se mezclan imágenes. Messi no está con la camiseta del Barcelona. Messi es el 10 de la Selección. ¿Qué ves cuando lo ves? Dan ganas de aplaudir pero las formas no lo recomiendan en el palco de prensa. Aunque la vida de Messi podrá dividirse entre un antes y un después del 27 de mayo del 2009, el día en que comenzó su reinado como mejor entre los mejores. Nadie entre millones hace lo mismo que él en una cancha. No se trata de resultados ni simpatías personales. La alegría de Tevez también hubiera contagiado. Pero en el Olímpico de Roma, el que vio llorar a Maradona, la emoción es del 10, de los miles y miles de catalanes que no pueden creer que siempre les tenga preparada una sorpresa.

Nadie debe estar preparado para ser el mejor del mundo. No se estudia, ni a Diego se le ha ocurrido escribir la fórmula. Menos se sabe cuándo será el día en que no le quede presuntuoso sentirse tal. Tanto soñar con el botín de oro para que sellara su título del mejor del mundo con la cabeza. Y es justo. Porque esta versión de Messi muestra a un jugador más completo. Su virtuosismo intacto, su físico más fresco y la inteligencia para tocar de espaldas, para no perderse entre los centrales, para ser conductor si hace falta, para ser usado por los compañeros para lavarse las marcas. A los 21 empieza a reescribir el manual del crack. Y emociona, por supuesto.

Guardiola, como ante la goleada al Real Madrid, lo sacó de la derecha. Un poco para evitar a Evra (lo había marcado muy bien) otro poco quizá para aprovechar que Ferdinand no estaba al ciento por ciento. Especulaciones que se quedarían en eso si Messi no estuviera con la actitud que se necesita. Tardó 18 minutos en meterse de lleno en el partido. Un zurdazo suyo que pasó cerca despertó a la gente. Platini le hacía comentarios al oído al Rey de España señalándole la pantalla que repetía las jugadas de Messi. Y todavía faltaba lo mejor...

La arenga de Xavi en el vestuario antes de salir al segundo tiempo no se pudo escuchar. Pero quedó claro que le dedicó un par de frases a Leo. Como advirtiendo que la gran obra del día estaba por venir. Callado y tímido afuera de la cancha, estaba por gritarle a todo Roma, desvergonzadamente, que era el mejor. Hace unos días, cuando festejaba el título de la Liga, rompió su molde y se animó a hablar ante 100.000 hinchas para pedirles expresamente que no se olvidaran de Gabriel Milito. Esa actitud es nada menos que otra señal de un pibe obligado por las circunstancias a crecer a la velocidad que lleva la pelota. Obligación que no le cambian los 21 años del DNI. Adentro y afuera, parece que por momentos se ausenta, pero cuando vuelve, despierta a todos. Haber conseguido que su aporte sea más continuo, lo mejoró. Actuar en función de los otros jugadores, también lo potenció. Será que Serrat tiene razón cuando dice: "Messi piensa únicamente en el fútbol y no en la peluquería".

Su carácter para estos desafíos también estaba a prueba. La necesidad de rendir el día en que todos los ojos lo apuntaban no pareció ser una presión que lo agobiara. Las dudas de algunos se convierten en certezas de todos. Platini le colgó la medalla y le hizo un gesto paternal susurrándole algo. El presidente Zapatero extendió su brazo para no perderse el saludo. El otro Rey (Juan Carlos) lo abrazó. El estaba apurado. Rápido, como siempre, apenas pudo separarse del festejo general, buscó a su familia en la platea para compartir el primer día como número uno. Quizá cambie esa costumbre que tiene de no ver por televisión sus goles. En la pantalla del estadio lo repiten una y otra vez y los hinchas vuelven a gritarlo y a más de uno del United se le escapa un aplauso. Siguen mezcladas las emociones como si a la Argentina le perteneciera un pedacito de la Copa. Indiscutido, ganador, goleador. El mejor del mundo. El 10 del Barsa, el 10 de la Selección. ¿Qué ves cuando lo ves?

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