Medvedev prevé reformas

No hubo una crítica directa a su mentor, Putin, pero el hoy mandatario atacó algunas áreas de su predecesor, incluyendo las enormes corporaciones estatales que había creado, tildándolas como "pasadas de moda e inefectivas".
En su mayor discurso desde que asumió, ayer el presidente Dimitri Medvedev hizo una dura crítica al Estado de Rusia y reveló un borrador para su reforma. El camino hacia adelante para Rusia es que su economía se modernice, sea de alta tecnología e innovadora, dijo el presidente en su discurso anual del estado de la nación. Prometió encarcelar a los funcionarios corruptos y promover empresas innovadoras que pudieran ser catalizadoras de la modernización. Rusia quedó atrás, dijo, debido a su excesiva dependencia de la exportación de recursos naturales.

Admitió que Moscú había sido más golpeada que el resto del mundo por la crisis financiera global e insistió en que esto era en parte culpa intrínseca. "Debemos admitir que en los años anteriores no hicimos lo suficiente para sobreponernos a los problemas que heredamos", dijo Medvedev, en lo que muchos interpretarán como una velada crítica a su predecesor, Vladimir Putin. Ahora primer ministro, pero sin discusión el político más poderoso de Rusia, Putin recibió una ovación de pie cuando entró al salón del Kremlin para el discurso.

No hubo una crítica directa a su mentor durante el discurso de cien minutos, pero Medvedev atacó algunas áreas del legado del ex presidente, incluyendo las enormes corporaciones estatales que había creado, ridiculizándolas como pasadas de moda e inefectivas. Dijo que tendrían que cambiar a empresas comerciales en los años venideros. "Necesitamos lanzar la modernización y renovación de toda la base industrial. La sobrevivencia de nuestra nación en el mundo moderno dependerá de eso", dijo Medvedev.

Desde que reemplazó a Putin en una transición cuidadosamente puesta en escena el año pasado, el presidente a menudo pareció tomar un tono más liberal y frecuentemente declaró que el sistema de gobierno debería ser más liberal y flexible.

En septiembre publicó un artículo en Internet, titulado "¡Adelante Rusia!", que sorprendió a muchos por su franca evaluación de Rusia como un país luchando con una economía inefectiva y acosada por la corrupción. Medvedev invitó a los lectores a escribir comentarios y sugerencias sobre cómo modernizar el país. Sin embargo, los críticos dudan de su habilidad para implementar un espectro tan amplio de reformas y cuestionan cuánto poder realmente tiene, ya que la mayoría de las decisiones clave parecen ser tomadas por Putin.

Su discurso ayer fue corto, sobre políticas concretas, aunque incluyó planes para construir una "Centro estilo Silicon Valley de innovación" e instó a los científicos emigrados rusos a volver al país. El censuró a las autoridades en la problemática región del Cáucaso norte por ser corruptos y prometió que los funcionarios que aceptaran dinero serían encarcelados. En la esfera política, Medvedev fue poco radical con lo que tuvo que ofrecer. Introdujo reformas tan leves a la agenda política del partido que los partidos de la oposición dicen que pueden marcar una diferencia. Las elecciones regionales del mes pasado estuvieron tan dominadas por el partido Rusia Unida de Putin que aun los partidos de moderada oposición que generalmente están contentos de jugar los juegos del Kremlin se retiraron de la Duma.

Medvedev propuso abolir los requisitos actuales que tienen los partidos que quieren registrarse para las elecciones para reunir un gran número de firmas de apoyo. Esto siempre dificultó a los pequeños partidos. También dijo que los partidos no representados en la Duma deberían poder ganar público con los poderes gobernantes. Sin embargo, el presidente dejó en claro que no habría tiempo para la oposición radical. "No se permitirán los intentos de sacudir la situación con slogans democráticos, de desestabilizar el Estado y dividir a la sociedad", dijo.

Los analistas fueron escépticos sobre la visión del presidente. "Salvo por un par de frases, la mayor parte del discurso eran simplemente deseos y promesas infundadas", dijo Vladimir Pribylovsky, politólogo de Moscú.

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