Medvedev festejó una "decisión responsable"

Dijo que continuará el diálogo con EE.UU.
MOSCU.- La renuncia de la Casa Blanca a establecer un escudo antimisiles en Europa del Este fue recibida como un gran triunfo en Rusia y causó cierta inquietud en Polonia y la República Checa, los dos países, aliados cercanos de Estados Unidos, en los que se preveía instalar el sistema de defensa.

"Rusia y Estados Unidos tienen que trabajar juntos en la evaluación de los riesgos que conlleva la propagación de misiles -dijo el presidente ruso, Dimitri Medvedev-. La declaración hecha en Washington [sobre el escudo de misiles] muestra que se están creando condiciones lo suficientemente favorables para eso."

"Valoro la postura responsable del presidente de Estados Unidos a la hora de cumplir los acuerdos", añadió el mandatario, y se mostró dispuesto a continuar el diálogo "sobre todos los aspectos de la estabilidad estratégica" con su par norteamericano durante un encuentro previsto para el miércoles próximo en Nueva York.

El proyecto original del escudo misilístico, diseñado por el gobierno de George W. Bush, preveía instalar de aquí a 2013 un potente radar en la República Checa asociado a diez interceptores de misiles balísticos de largo alcance en Polonia.

Si bien Bush dijo que el proyecto tenía por objetivo proteger a Europa y a Estados Unidos de ataques de países del llamado "eje del Mal", fundamentalmente Irán y Corea del Norte, Moscú se quejó porque el proyecto iba a instalarse en lo que considera su área de influencia.

Argumentó también que el escudo iba a ocasionarle un descenso en su poder armamentístico y amenazó con realizar cuantiosas inversiones en misiles más poderosos para evitarlo.

Incluso, Medvedev había anunciado a fines de 2008 el posible despliegue de cohetes tácticos Iskander en el enclave báltico ruso de Kaliningrado, limítrofe con Polonia y Lituania, países miembros de la OTAN, que ayer calificó la decisión de la Casa Blanca como "un paso adelante".

Por su parte, tras hablar por teléfono con Obama, el premier polaco, Donald Tusk, declaró: "Es una decisión autónoma del presidente de Estados Unidos y de su gobierno".

"No diré que es un fracaso [...]. Polonia tiene la oportunidad de ocupar un lugar privilegiado" en la cooperación con Washington en materia de defensa, agregó.

"Esta decisión no ha sorprendido de ninguna manera a aquellos que han seguido atentamente las señales que se anunciaban en los últimos meses", declaró, por su parte, el presidente checo, Vaclav Klaus. "No significa un enfriamiento de las relaciones", añadió.

Poco después de las declaraciones de Tusk y Klaus, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, anunció que Washington contaba con desplegar en 2015 en Polonia y en la República Checa misiles SM-3, concebidos para destruir misiles de corto y medio alcance, en el marco de su nuevo sistema antimisiles.

Pero en Polonia y República Checa sí hubo críticas de dirigentes conservadores. Según ellos, la decisión demuestra que ambas naciones perdieron relevancia para Estados Unidos respecto de Afganistán, Paquistán, Irán y Corea del Norte.

"No estamos anclados en una alianza sólida y esto supone una cierta amenaza", dijo el líder de los conservadores y ex premier checo, Mirek Topolánek, principal impulsor del escudo en la República Checa.

"Ya veo el tipo de política que sigue el gobierno de Obama para esta parte de Europa -dijo el ex presidente polaco Lech Walesa-. Tiene que cambiar."

Polonia fue un aliado muy cercano de Estados Unidos durante el gobierno de Bush: envió tropas a Irán y Afganistán y defendió la "guerra contra el terrorismo" impulsada por el antecesor de Obama.

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