La ley de medios, las mayorías y la tabla del cero

Por Adrián Ventura

En un Estado de Derecho, la mayoría legislativa no debe dictar leyes que violen los derechos de las minorías. Menos aún debe hacerlo cuando una ley, como la de medios, puede violar la libertad de todos los argentinos de expresarse y de informarse.

La mayoría kirchnerista en el Congreso tiene peso numérico: por ahora, su número de diputados y senadores le da fuerza suficiente para aprobar leyes. Pero esa mayoría, por ser tal, no puede violar los derechos de la minoría, es decir, de los ciudadanos no representados por el kirchnerismo.

La república no es sólo un sistema meramente cuantitativo, sino también cualitativo: la ley que se dicte, para ser legítima, no sólo debe ser aprobada formalmente por el Congreso, sino que debe ser constitucional. Parece un principio evidente, pero la Argentina, una democracia de baja densidad, suele olvidarlo.

Los Estados Unidos descubrieron la importancia de las minorías hace 200 años, cuando la Corte norteamericana creó el control de constitucionalidad: si una ley del Congreso viola la Constitución, el Poder Judicial puede declararla inconstitucional.

Europa, en cambio, lo aprendió muy tarde, luego de sufrir las atrocidades del nazismo, una mayoría que arrasó los derechos de varias minorías y que quedó fuera de todo control. Por eso, para reparar ese error u omisión, las constituciones introdujeron también el control de constitucionalidad -que la izquierda había resistido en el siglo XIX- y le dieron a los legisladores de la minoría un recurso para cuestionar las normas ante un tribunal.

En la Argentina, es probable que la mayoría kirchnerista dicte la ley de medios recubierta de una pátina de progresismo que oculta sus segundas intenciones. A veces, los líderes logran adormecer a las mayorías. Lo prueba la Historia.

También es muy probable que lluevan en la Justicia cientos de amparos y medidas cautelares, ante una ley que es claramente inconstitucional. ¿Vale la pena, entonces, aprobar esta ley sin buscar mayores consensos?

A pesar de todo, el kirchnerismo marcha a contramano.

A veces, los gobiernos dictan leyes que multiplican: por ejemplo, cuando la ley crea un subsidio para atender a sectores desprotegidos o para fomentar una actividad productiva, si ese dinero llega a destino, la ley es eficiente. Se podría decir, en términos matemáticos, que esa ley multiplica beneficios, pues reparte bienestar.

En ocasiones, las leyes son inocuas: por ejemplo, si en un clima de inseguridad el Congreso dicta una ley que no trae remedios adecuados, todo seguirá igual; ni mejor ni peor. Digamos que esa ley no suma ni resta, sino que multiplica por la tabla del uno: el resultado vuelve al punto de partida.

Pero hay leyes que no multiplican por diez, por cuatro ni por uno, sino por cero: son leyes que anulan beneficios que ya tienen los ciudadanos. Esto es lo que hace la ley de medios, al rebajar a todos los ciudadanos y a sus libertades a un valor insignificante. Sólo un capricho puede explicarla.

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