En medio del festejo, Ortega habló de reelección

La Revolución Sandinista en Nicaragua cumplió ayer treinta años, y el gobierno del presidente Daniel Ortega apostó a festejarla con un acto de masas. "Vamos todos a la plaza con el Frente Sandinista... a plena luz del día", convocó durante la última semana el estribillo repetido por emisoras y canales de televisión en el país centroamericano. La gente no falló y la Plaza de la Fe, en pleno centro de Managua, se desbordó. Ortega aprovechó entonces la ocasión y explicitó por primera vez sus deseos de reformar la Carta Magna y habilitar su reelección para las próximas elecciones en 2011. "Que sea el pueblo con su voto quien decida si existe o no el derecho a la reelección", declaró el mandatario.
"Tenemos que trabajar para tener una mejor Constitución; podemos recurrir a mecanismos, como un referéndum, o instalar otra urna para consultar al pueblo si quiere o no la reelección presidencial en períodos sucesivos", continuó Ortega. "Y aquí podemos hacerlo sin ningún problema, sin ningún temor, porque el ejército y la policía no van a reprimir", aseguró el mandatario, en explícita referencia a lo sucedido en Honduras.

Hace 30 años, el 19 de julio de 1979, la insurrección popular liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocaba en Nicaragua a la dinastía de los Somoza, que había gobernado con mano de hierro el empobrecido país durante 45 años, en lo que fue una de las dictaduras más prolongadas de América latina. Diez años de gobierno con el hostigamiento permanente de mercenarios financiados por Washington y entrenados en su mayoría en Honduras desembocaron en una guerra civil que desangró al país y concluyó con una derrota en las urnas en 1989 frente a la candidata de derecha, Violeta Chamorro.

Hoy el FSLN está de vuelta. Sin embargo, para algunos de sus dirigentes históricos ya no es lo mismo. "Los sandinistas celebramos la Revolución Popular y el orteguismo celebra a Daniel Ortega y a su mujer, Rosario Murillo. Esa es la diferencia", señaló ayer Dora María Téllez, ex guerrillera y ex ministra sandinista, que fundó el disidente Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y al cual, junto al Partido Conservador, el gobierno de Ortega les quitó la personería jurídica. De acuerdo con la ex guerrillera, ello se debió a un pacto de impunidad entre Ortega y Arnoldo Alemán, el ex presidente liberal, con el cual, según la disidencia sandinista, se habría acordado el reparto de cargos en toda la estructura estatal, así como diversas prebendas y manejo de fondos.

En su discurso, Ortega, además de repasar lo que según él son los logros de su gestión en materia de salud, educación, vivienda y combate a la pobreza, aludió al golpe de Estado en Honduras y a la reciente decisión del gobierno del presidente colombiano Alvaro Uribe de permitir la instalación de bases militares estadounidenses en su país.

Sobre el golpe sucedido en Tegucigalpa hace algo más de tres semanas, el mandatario nicaragüense le apuntó a la CIA y aseguró que la agencia estuvo involucrada en el derrocamiento de Manuel Zelaya. "Que no me vengan a decir que los servicios yanquis no sabían nada. ¿Quién puede creer semejante mentira?", se preguntó el jefe de Estado.

En cuanto a la presencia militar norteamericana en Colombia, para Ortega, sin dudas, constituye un peligro para la región. "No queremos más bases norteamericanas; esto es una amenaza para la seguridad de toda la región. Que vengan con obras de desarrollo, que ésas sí son bienvenidas", aseguró.

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