En medio del escándalo, Macri define cambios en su gabinete

Por Gustavo Sylvestre

El macrismo afronta su momento más difícil desde que llegó al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y uno de sus principales proyectos de gestión –una buena iniciativa como la policía porteña– ha quedado en el medio de un escándalo de proporciones que crece día a día, y que aún no se sabe dónde y con qué terminará.

Mauricio Macri retorna este jueves a Buenos Aires, y de inmediato se meterá de lleno a pensar en los cambios que instrumentará en su Gabinete. El objetivo es oxigenarlo políticamente y relanzar su gestión, justo cuando cumple dos años como jefe de Gobierno. Se estima que uno de los principales ministros, que será de la partida es el de educación, que aún no ha podido explicar claramente qué hacía el espía Ciro James en el plantel de su ministerio. Los dirigentes más políticos del macrismo creen que Macri pecó de ingenuidad al defender con uñas y dientes al cuestionado comisario Jorge ‘el fino’ Palacios, echado de la Policía Federal durante el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner. Los socios políticos de Macri, algunos de los cuales vienen del peronismo, le reclamarán un Gabinete menos técnico y tener una mayor presencia en él. Es que además Mauricio Macri se juega su proyecto presidencial, justo cuando comenzaba a perfilar su campaña con destino a 2011.

La búsqueda de información por parte del comisario Chamorro sobre el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, cayó como un balde de agua fría en el gobierno porteño. Rodríguez Larreta no salía de su asombro y pidió explicaciones a Montenegro sobre el por qué de ese seguimiento. Las respuestas no fueron satisfactorias.

Macri suele comentar en la intimidad que tanto la embajada de Estados Unidos en nuestro país, como otros sectores hablaban maravillas del comisario Palacios. Y que se habían efectuado consultas en Tribunales sobre el verdadero grado de involucramiento de Palacios en la causa Amia, y que las señales que había recibido no iban en el sentido de lo que después ocurrió, el procesamiento del policía por encubrimiento. Desde Tribunales, niegan que hayan existido esas señales.

Tal vez Macri, que se ha caracterizado por ser un dirigente distinto en la política y de hecho, suele actuar muchas veces en forma diferente a los funcionarios tradicionales, debería admitir que se equivocó con el nombramiento de Palacios y su gente, y de esa forma darle un nuevo impulso a la policía porteña, que quedará bajo la órbita de Eugenio Burzaco. Así también se lo pidió públicamente ayer su socio político, Felipe Solá, que le reprochó no haber escuchado las advertencias que se le hacían sobre los antecedentes del Fino Palacios.

Guillermo Montenegro seguirá en el cargo. Macri le reconoce la fuerza que le ha puesto en la creación de la policía porteña, y la defensa que hace de ese proyecto. Deberá esforzarse ahora en que los 850 hombres que saldrán a las calles, se estima que a principios del año próximo, no estén salpicados por este escándalo y puedan demostrar eficiencia y ejecutividad en la lucha contra el delito.

Pero más allá de la política, la investigación que lleva adelante el juez federal Norberto Oyarbide, sobre las escuchas ilegales y la averiguación de antecedentes de muchísimas personas que hacían Ciro James, el Fino Palacios y el comisario Chamorro y bajo la protección judicial de los jueces misioneros a quien Oyarbide les ha pedido el juicio político; deberá llegar hasta las últimas consecuencias.

De una vez por todas se debe saber para quien y para que pinchaban e investigaban estas personas, que contaban con tecnología propia, mas allá de la SIDE, para llevar adelante sus misiones.

Se sabe que Ciro James pinchaba teléfonos desde 2007, mucho antes de que Mauricio Macri llegara al gobierno de la Ciudad; que la relación con Palacios venía de antes. Y que estaba dentro de la Policía Federal. ¿Para quién pinchaba? ¿Sabían sus superiores de esta actividad? Y si sabían, ¿contaba con protección? Seguramente, desde la Federal o desde el mismo gobierno nacional se deberán dar explicaciones sobre estas actividades de James, porque se estarían violando normas de seguridad interior que les prohibe a estas fuerzas hacer inteligencia.

Y más allá de toda esta investigación, se necesita que la dirigencia política en su conjunto avance en la elaboración de una normativa que pene severamente este tipo de actividades ilícitas, que se mete en la vida privada de las personas, muchas veces con el objetivo de extorsionarlas posteriormente, y que se le ponga fin de una vez por todas. Es una de las deudas pendientes de la democracia.

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