Medidas para una economía que se mueve con un horizonte corto

La economía argentina se desenvuelve por estos días en un horizonte corto.Las estrategias de las familias y de las empresas son defensivas. Postergar decisiones de gasto o inversión constituyen un denominador común.
Un reflejo de esa realidad se presenta hoy en la página 26: la vedette del verano en materia de consumo es el descuento a la hora de comprar indumentaria o alimentos.

Y esa política (unión de tarjetas y supermercados para vender y fidelizar clientes) es la que, a su vez, salvó el volumen de ventas en diciembre y podría atenuar una caída en enero.

Sin embargo, ni las vacaciones ni el efecto descuento pueden borrar la fuerte caída de actividad en muchos sectores.

Lo saben bien los siderúrgicos de Villa Constitución o los mecánicos de Santa Fe y Córdoba que están suspendidos, tienen vacaciones forzosas o llegaron a acuerdos por los cuales trabajan tres días por semana.

El panorama laboral hoy aparece fragmentado como pocas veces en el pasado reciente.

Mientras siderúrgicos, autopartistas y automotrices negocian para llegar hasta el congelamiento salarial con tal de mantener el empleo, en sectores como servicios o alimentación el panorama es bien distinto.

Los sindicalistas de gremios estatales y del sector servicios tienen en la cabeza cifras de 20% para sentarse a negociar los aumentos del año.

También las tiene Hugo Moyano. El jefe de la CGT ya adelantó que su índice para pelear por las subas es el de los alimentos en supermercados y no el 7,2% del costo de vida oficial.

El índice que pretende Moyano, según mediciones privadas, subió 23%, un porcentaje difícil de digerir para los empresarios que, además, creen que la inflación de este año puede girar en torno a 12%.

El aumento salarial de este año es uno de los temas que desvela a los funcionarios. No sólo por cuestiones de monto sino, también, de oportunidad.

Allegados a la Presidenta Cristina Kirchner creen que este año sería bueno acelerar las paritarias en el intento de darle pelea a la baja en la actividad económica durante marzo y abril.

Según su visión, una suba salarial de 15% que se haga efectiva en parte en abril, junto con la de 11% en las jubilaciones, favorecería el consumo en el arranque de la actividad plena del año.

El mantenimiento del empleo y el consumo son las dos caras de la moneda más valorizada en el Gobierno para enfrentar los efectos de la crisis financiera internacional y los tiempos electorales.

Parte de la medicina oficial para mantener el empleo es conocida: hacer llover pesos sobre el conurbano para que, transformados en obras públicas, generen ocupación e ingresos para los sectores más bajos.

En ese sentido, desde el Ministerio de Infraestructura de Julio De Vido se buscaría reforzar los planes ya anunciados con la plata que podría venir por el blanqueo de capitales.

Según los funcionarios más optimistas, por esa polémica vía podrían blanquearse entre 6.000 y 8.000 millones de dólares. Según los más preocupados, entre 1.000 y 1.500 millones.

Sea mucho o poco, lo que parece menos probable es que se trate de dinero líquido para inversiones. Pero De Vido quiere abrir una ventana para pescar alguna inversión.

La apuesta oficial a tener algún resultado con el blanqueo quedó en evidencia con la presión del flamante jefe de la AFIP al dejar trascender que le mandará una carta a los titulares de cajas de seguridad para demostrar que los tienen en la mira.

¿Las pueden abrir? No. Sería suicida desde muchos puntos de vista. Pero después de la estatización de un plumazo de la jubilación privada, mucha gente cree que, a la hora de cubrir necesidades de la caja del Estado, cualquier cosa es posible.

La idea de que cualquier regla es pasible de ser vulnerada ayuda poco a restaurar la confianza.

En sentido contrario, lo que se vino haciendo con el dólar sirvió para calmar los ánimos y a dar vuelta algunos indicadores económicos clave.

Haber evitado un salto cambiario en octubre, a pesar de haber perdido ese mes unos US$ 3.500 millones, le posibilita al Banco Central hoy pensar en poder bajar las tasas de interés.

Dar la idea de que existe el control sobre la cotización del dólar es, según muchos analistas, la principal arma de estabilidad política que tiene el Gobierno en Argentina.

Un país dolarizado y de reacciones rápidas frente a cambios bruscos en el tipo de cambio, es muy difícil de administrar.

Un dólar inquieto agita la inflación y eso golpea con fuerza a los salarios, una fórmula poco recomendable para cualquier Gobierno, y menos en un año electoral.

Es así que empiezan a vislumbrarse las proyecciones oficiales para 2009, siempre y cuando la crisis financiera no derrumbe los precios de los alimentos a nivel mundial. Algunas de ellas:

Aumento salarial testigo de 15% a 18% según el sector.

Acuerdos con empresas para evitar despidos después de marzo.

Dólar aquietado dentro del sistema de flotación administrada, sin saltos.

Apostar a que la soja se mantenga por encima de los US$ 300 en el mercado internacional para poder compensar la caída de exportaciones que se ya se registra.

Entre las medidas podría haber una baja fuerte por única vez y por un período determinado de la retención a la soja para favorecer que se liquide el stock de granos. Néstor Kirchner se habría negado terminantemente a esa posibilidad. Incluso altos funcionarios fueron categóricos: "para la soja, nada". Pero habrá que esperar a que termine de decantar la crisis internacional.

Refinanciación de parte de la deuda pública con los bancos por US$ 3.000 millones.

Obras Públicas con el dinero de los aportes jubilatorios.

Asistencia al agro por la sequía.

No es poco para una economía que, vale recordarlo, trabaja con un horizonte corto, muy corto.

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